La segunda juventud de una iglesia con siete siglos de historia en su piedra

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

En la iglesia de San Pedro se han invertido 760.000 euros
En la iglesia de San Pedro se han invertido 760.000 euros ALBERTO LÓPEZ

La restauración de San Pedro, en Lugo, es un nuevo capítulo en un templo que sufrió un incendio, sirvió de caballeriza y hasta esconde una cripta

14 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La historia que se esconde tras los muros de la iglesia lucense de San Pedro, que en su día formó parte del convento franciscano, es emocionante. Sus piedras, rosetones o su artesonado de inspiración mudéjar son un libro sin páginas que da cuenta del paso del tiempo y las vicisitudes de un templo que va camino de vivir una segunda juventud gracias a los 760.000 euros que la Xunta ha destinado a su restauración. El estado del edificio, especialmente de su cubierta y la parte superior del artesonado, era tan malo que se corría el riesgo de perder para siempre ese patrimonio. El proyecto de remodelación, liderado por el arquitecto Justo Portela, ha frenado ese deterioro, aunque todavía habría mucho margen para seguir invirtiendo.

Los inicios de la iglesia de San Pedro se remontan a hace unos 700 años como parte del cenobio franciscano. Por aquel entonces la idea de un dios más próximo al hombre empezaba a ganar enteros. En Lugo, en un momento en el que la norma impedía que los conventos de franciscanos y dominicos (que vivían en una especie de competencia) se situasen a menos de 500 metros, el papa tuvo que firmar una dispensa para que ambos conviviesen en el mismo entorno.

El artesonado de aire mudéjar de la iglesia de San pedro
El artesonado de aire mudéjar de la iglesia de San pedro Óscar Cela

Es a mediados del siglo XIV, sobre el año 1347, al amparo del obispo Pedro López de Aguiar, cuando se tiene constancia de que ya se trabajaba en la construcción de la capilla mayor de la iglesia, que era una ampliación de una anterior más humilde. En el edificio todavía hoy se percibe la dicotomía entre lo terrenal y lo divino que representan la nave sobria donde se situaban los fieles, y la riqueza y la luz que inundan la zona del ábside, reservado para los eclesiásticos.