El Concello de Lugo prevé iniciar la demolición del Garañón el próximo año y crear una gran zona verde

Lorena García Calvo
Lorena García Calvo LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

Lara Méndez y el concejal Álvaro Santos
Lara Méndez y el concejal Álvaro Santos Alberto López

El proyecto de demolición puede rondar el millón de euros

16 jun 2021 . Actualizado a las 20:20 h.

El Garañón será demolido y en su lugar se creará una zona verde que, sumada a la ya existente, dará vida a un área de esparcimiento de más de 16.000 metros cuadrados. Así lo anunció ayer la alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, que acompañada del edil de Sostibilidade, Álvaro Santos, avanzó que prevén iniciar el derribo del polémico esqueleto de cemento a lo largo del próximo año.

El Concello de Lugo ha activado dos procedimientos vinculados al Garañón para cumplir lo que dictan dos sentencias judiciales: la de la nulidad de la licencia, que conlleva el edificio, y la modificación puntual del PXOM en ese ámbito.

Una sentencia firme del año 2018 anuló la licencia de construcción del bloque, lo que conlleva tener que demolerlo. A la vista de que el promotor (ahora es un administrador concursal el que lleva la gestión) no lo ha hecho, el Concello se ha decidido a intervenir subsidiariamente, es decir, actuar, y luego pasar la factura.

Para meter la piqueta en semejante mole, el área de Sostibiildade encomendó al servicio de Arquitectura que analizase cuánto podía costar y cómo podía hacerse, y la estimación municipal es que costará alrededor de 970.000 euros. En esta cantidad iría incluida la redacción del proyecto de demolición, el derrumbamiento y el desescombro.

El primer paso que se dará para ese derribo será habilitar el millón de euros para la actuación. El gobierno de Lara Méndez llevará este mes a pleno la consignación presupuestaria, y así comenzará una hoja de ruta burocrática que se prolongará varios meses, de ahí que la alcaldesa estime que, si no hay alegaciones de por medio, el derrumbe efectivo del cascarón de cemento se iniciará en el 2022.

Una de las cuestiones que queda sobre la mesa es si la otra parte, es decir, la propiedad, alegará contra esa demolición. Desde hace varios años, un administrador concursal gestiona los bienes de la que fue la promotora del Garañón, y este podría interponer algún recurso o bien reclamar una compensación por las pérdidas ocasionadas. Sobre esto último, Méndez explicó que «ese é outro proceso no que estamos xa tendo contacto co administrador concursal. Xa tivemos algunha reunión, pero ese sería outro proceso», y la negociación con él sigue en marcha, reconoció.

La opción de la zona verde

Al margen de la decisión de derribar ahora el Garañón, está la modificación puntual del Plan Xeral de Ordenación Municipal. Una sentencia dictaminó en su día que esa zona, la llamada CS-5, está fuera de ordenación, por lo que es necesario realizar la modificación parcial.

Hace un año, aproximadamente, el gobierno local encargó a la consultora GAO que redactara un informe explicando qué opciones había para esa zona, y la empresa ha puesto ante el gobierno cuatro posibilidades. Una, la llamada alternativa 0, supone eliminar la edificabilidad de la zona y por lo tanto que la parcela del Garañón sea zona verde. Las otras tres, ya descartadas, recogen diferentes posibilidades de construir. Una proponía un edificio en forma de U, otras tres bloques rectangulares, y otras edificios aterrazados siguiendo la caída de la ladera. Estas opciones, todas con menos edificabilidad que el Garañón, recogían desde levantar tres plantas, hasta siete, pero ya han sido descartadas. La opción elegida es dejar la parcela sin edificio alguno. Ante toda esta variedad de posibilidades, ¿cómo elegir? Pues, una vez validadas por los técnicos municipales, siguiendo las directrices de un acuerdo plenario.

Pero, ¿cómo se decidió el gobierno por esta posibilidad? La respuesta se encuentra en un acuerdo plenario.

Menos impacto y menos dinero

En el año 2018 la corporación de Lugo instó al gobierno a buscar la fórmula más adecuada para resolver la modificación del PXOM. Para hacerlo instó a seguir tres criterios: buscar la fórmula menos costosa para las arcas municipales, intentar convertir la mayor superficie en zona verde, y que la edificabilidad, de darse, tuviese el menor impacto visual posible.

Como medir estos criterios es complicado, Sostibilidade creó una baremación lo más objetiva posible y el resultado final fue que la opción más ajustada al mandato del pleno era apostar por la edificabilidad 0, es decir, convertir toda la zona del Garañón en espacio verde, respetando únicamente el área dotacional ya prevista.

Esta alternativa de zona verde recibirá hoy el visto bueno de la junta de gobierno local y a partir de ahí la empresa GAO deberá afrontar la otra parte del encargo: en tres meses redactará el proyecto de modificación del PXOM, que deberá superar la evaluación ambiental de Medio Ambiente y luego deberá seguir el procedimiento habitual, con su aprobación en pleno y más tarde por la Xunta.

Con estas dos actuaciones, que son independientes pero marchan en paralelo, «comezamos a visibilizar o fin das torres do Garañón», dijo Lara Méndez. Habrá que ver si todo marcha en tiempo o si hay alegaciones y nuevas denuncias de por medio que postergan todavía más un caso que lleva años enredado.

El Garañón, con sus vistas privilegiadas al Miño
El Garañón, con sus vistas privilegiadas al Miño ALBERTO LÓPEZ

La dificultad de meter la piqueta a una mole en una zona en caída

En cuanto el pleno dé el visto bueno a asignar el millón de euros para la demolición del Garañón, el Concello contratará la redacción del proyecto para echarlo abajo. Derribar la inmensa mole será una operación realmente compleja por los factores que le afectan. Para empezar, hay que tener en cuenta el tamaño de la construcción, que es enorme. Luego, está el hecho de que se encuentre en una zona inclinada que no ayudará a las tareas de derribo ni desescombro, y para continuar, echar a bajo el casco supondrá generar toneladas y toneladas de residuos que habrá que deriva a algún lugar, y que tendrán un coste. Hay que tener en cuenta que elementos como el hormigón y el ladrillo pueden reutilizarse.

Otra cuestión que habrá que tener en cuenta es el estado de la construcción, que lleva tantos años abandonada que podría tener alguna afectación. En la parte buena está que el edificio está aislado y que ya hay calzadas para acceder a él.

El proyecto de demolición deberá establecer qué opción (u opciones) elegir para tirarlo abajo, la voladura controlada no parece la más idónea en este caso, por lo que podría ser mecánica o manual.

El edificio de O Garañón
El edificio de O Garañón ALBERTO LÓPEZ

La anulación de la edificabilidad podría acarrear una mayor indemnización

En el año 2011 el promotor del Garañón reclamaba una indemnización de 26 millones de euros por las pérdidas ocasionadas. Ahora, con los derechos de los acreedores en manos de un administrador concursal, queda por ver cuánto se reclamará como compensación, pero la cantidad apunta alta.

Porque, lo más probable es que reclamen por la construcción de la torre (una inversión ya importante), pero a esa cantidad se sumaría la pérdida de la edificabilidad de la finca, si sale adelante la intención del gobierno local de que todo eso sea zona verde, y que por lo tanto no se pueda construir nada. El Concello asegura que está en negociaciones con el responsable del concurso de acreedores.