Pincel y aspiradora para limpiar los mosaicos romanos de Lugo

Suso Varela Pérez
suso varela LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

La restauradora de los yacimientos lucenses, Iria López, usa todo tipo de armas para minimizar los daños

12 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La restauradora Iria López Baltar expuso hace unos días en una conferencia promovida por la Cohors III y el Concello de Lugo el estado de conservación de los yacimientos municipales. Ella es la encargada desde el 2019 del mantenimiento y conservación de los restos que se esconden debajo de las ventanas arqueológicas y la tarea, por lo que expuso en la ponencia, es ardua debido a los numerosos factores que están dañando los restos romanos que se pueden ver in situ.

Al día siguiente de la charla, Iria López se puso el mono de trabajo y acudió a actuar en los yacimientos, como el de los mosaicos, que difícilmente se pueden ver desde la ventana de Doutor Castro. Bajo un inmenso calor, con temperaturas superiores a los 45 grados, sin suficiente ventilación y encorvada, por la falta de espacio, esta veterana restauradora (participó hace casi dos décadas en los trabajos previos a la instalación de las primeras ventanas arqueológicas de la ciudad) acometió con paciencia un trabajo tan minucioso como sencillo por los aparatos que utiliza: pincel, aspiradora, alcohol, un cuchillo, una esponja y una jeringuilla para incrustar biocidas en las raíces de la flora.

El mayor peligro que sufren los restos romanos resguardados debajo de las ventanas de Lugo es la concentración de sales que se generan en las piedras o en los mosaicos. La condensación genera un vapor que al resbalar sobre las estructuras de hormigón u otros materiales que encajonan los hallazgos romanos provoca la caída de sedimentos que con la evaporación quedan mineralizados en forma de sal, dañando los yacimientos.

Iria López apunta que las fluctuaciones de sales son dispares dependiendo de la época del año y del yacimiento, lo que obliga a que la forma de combatirlas también sean diferentes. Señala que lo ideal es buscar la mínima intervención, un equilibrio entre la estructura y el contexto en el que se halla. Para ello propone un sistema de control permanente de la temperatura y la humedad relativa de cada espacio, con sensores que ofrezcan información durante todo el año y así poder actuar en cada momento sobre qué se necesite «y mitigar los problemas que están apareciendo».

La restauradora, natural de Vilagarcía, hizo un repaso por los ocho yacimientos municipales de Lugo, donde apuntó que los hay en perfectas condiciones y otros que corren grave riesgo. Para esta especialista, además de la intervención in situ y de cambios de estructuras en algunas ventanas, considera que un estudio de los ciclos de humedad y una climatización eficiente ahorraría muchos problemas, especialmente los relacionados con la sequedad que provoca el levantamiento de los materiales o la oxidación de chapas metálicas, cuyos efectos sobre los restos romanos son perjudiciales.

Casa dos Mosaicos

Las sales que crecen por centímetros. La restauradora explica que las áreas de la sala arqueológica, que visitan los turistas, no tienen problemas gracias a la buena climatización: «Solo hay que aspirar el polvo y fijar alguna piedra descolocada». Pero el gran problema se encuentra en los mosaicos que hay debajo de Doutor Castro. «Las filtraciones de un edificio de al lado y las filtraciones de las ventanas de la calle (es famosa la imagen de los cubos recogiendo agua) están provocando la proliferación de sales, que crecen a un ritmo muy rápido», explica Iria López. La disolución de los materiales constructivos del edificio acaban cayendo sobre la superficie de los mosaicos y provocando las concentraciones de sales y velos blanquecinos. «Requiere una limpieza en seco, con aspirador, y evitar el uso de agua. Para eliminar el halo blanquecino es necesario que funcionen bien las turbinas del aire y que esté el yacimiento a una temperatura concreta».

Ventanas arqueológicas de santa maría y san marcos

Las cochinillas salvadoras. Iria López Baltar apunta como uno de los principales problemas de conservación los materiales constructivos que rodean a las ventanas arqueológicas, como sucede tanto en la piscina romana de Santa María como en los restos del acueducto en San Marcos. «Las ventanas están pensadas para verlas desde fuera pero no para su mantenimiento, porque por ejemplo estas tiene unos cristales muy pesados y hay zonas donde es imposible entrar para su limpieza». En ambos yacimientos se forman hongos y hasta crecen plantas que acaban convirtiéndolos en una selva. En estos casos, explica que hay que actuar antes de que nazca la flora con una inyección de biocidas, a través de la jeringuilla, en la raíz de la planta. También ambos sufren la entrada de agua por culpa de sumideros mal instalados: «Tenemos una lata fina que pierde por todas partes, con codos que se obturan, o con gotas de óxido que acaban cayendo sobre los restos romanos y generando sales». También las luces led están descolgadas por culpa de la condensación. Para combatir la entrada de hojas y otros materiales por los sumideros se colocó una malla mosquitera que al menos evita el contacto con la superficie de los yacimientos. Y por último, Iria López afronta la presencia de insectos. En el caso de San Marcos, un árbol pegado a la ventana provocaba la entrada de hormigas. Colocó trampas en pequeños agujeros de la estructura y se han marchado. Y en el lado positivo, señala que una colonia de cochinillas están siendo beneficiosas porque actúan como herbicidas naturales ya que se comen a otros insectos y la savia de las plantas, sin causar daños a los restos porque no anidan en las paredes.

piedra fundacional en la porta rúa nova

Daños muy graves. La restauradora advierte de los graves daños que sufren los cimientos de la puerta romana original que data del siglo III que hay debajo de una de las primeras ventanas arqueológicas instaladas en la ciudad. Entre el cristal roto, la gran cantidad de condensación al estar encerrado en una estructura de cemento y hormigón y la vegetación que coloniza el yacimiento, la inscripción que recoge la piedra fundacional de la Muralla va desapareciendo «de manera violenta». Iria López explica que «por un lado entra agua del sumidero, y por otro el ventilador, que funcionaba cada 30 minutos, le estuvo dando de manera directa a la superficie de la inscripción, provocando que apenas se lean las letras «fvndamen». La restauradora propone incluso su cierre, algo que por el momento el Concello de Lugo no tiene pensado hacer: «O se amplía la excavación y se remodela toda la estructura, o sería mejor ir pensando en taparla y poner encima una placa que registre el valor romano que hay debajo y guíe la visitante».