¿Por qué siguen abiertos los bares más conflictivos de Lugo?

La multitudinaria pelea de la noche del miércoles en un local de Salvador de Madariaga sigue acabando con la paciencia de los vecinos, que denuncian que las visitas policiales son algo habitual

La calle Salvador de Madariaga, escenario de una violenta pelea en la que un joven resultó herido y trasladado al HULA
La calle Salvador de Madariaga, escenario de una violenta pelea en la que un joven resultó herido y trasladado al HULA

Lugo / La Voz

¿Por qué algunos de los locales más conflictivos de la ciudad de Lugo siguen abiertos, a pesar de las docenas de denuncias que acumulan en los últimos años? Es la pregunta que muchos ciudadanos lucenses se han hecho últimamente. La razón por la que algunos de los establecimientos más problemáticos de la capital provincial siguen abiertos es una incógnita para los vecinos, que siguen agotando su paciencia cada vez que ven a una patrulla de la policía acudir a alguno de estos locales. Algo preocupantemente habitual, según cuentan.

Hace un lustro era el «Triángulo de las Bermudas» lucense —tres bares en la rúa Tui y Poeta Cabanillas— el que obligaba a movilizar a los agentes casi a diario. Los destinos parecen haber cambiado desde entonces, pero todavía hay barrios de Lugo que tienen que lidiar con la presencia de estos establecimientos conflictivos, en los que se han cometido todo tipo de delitos en los últimos años, desde consumo de drogas hasta agresiones con arma blanca, pasando por el incumplimiento de todas las medidas anticovid posibles.

Según fuentes policiales, lo máximo que se puede conseguir por la vía administrativa es precintar estos establecimientos. El cierre definitivo provocado por los delitos que se cometiesen en él es algo «muy complicado», que requeriría una resolución judicial por la vía penal «muy profunda», seguramente derivada de unos hechos «de gravedad extrema». Es difícil clausurar estos locales permanentemente debido a las sanciones, y más todavía teniendo en cuenta que los propietarios de los mismos suelen moverse sobre el alambre de la legalidad: posesiones a nombre de otros, inexistencia de cuentas bancarias sobre las que aplicar una multa, colaboración de familiares y conocidos para llevar el establecimiento en caso de sanción... En estos momentos, son dos los bares cerrados por orden judicial, uno en Camiño Real y otro en Río Avia. Precisamente por irregularidades en las licencias.

«Estamos deseando que cierre»

En la noche de este miércoles, una pelea con navajas y botellas de cristal en la calle Salvador de Madariaga dejó un herido, trasladado al HULA por heridas leves y una detenida por atentar contra la autoridad. Este incidente se produjo en el local más conflictivo de la zona, que posee una cantidad excepcional de denuncias en los últimos dos años. 14 en los últimos seis meses, con sanciones por ruido, por sobrepasar el horario de apertura o por tener a trabajadores sin contrato. Estuvo precintado por la decisión judicial entre el 20 y el 30 del pasado mes de julio, y ya ha creado un gran malestar entre los residentes de la zona. «Es un drama. Estamos deseando que cierre. Prácticamente cada semana viene la policía a detener a algún cliente», dicen unos vecinos. Hace unos meses, incluso llegaron a agredir a un agente que intervenía en el local. «Lo que no pase en este bar, no pasa en ningún lado», comentan en una cafetería cercana. «La policía ha sido muy laxa con ellos. Lo mejor sería cerrar este sitio lo antes posible, antes de que ocurra una desgracia de verdad», explica un hombre que reside en el barrio.

Las sospechas de consumo y venta de drogas por parte de algunos clientes del bar crecen entre los vecinos y la policía, así como de servirle alcohol a menores de edad. Los negocios de la zona no dudan: «Es un problema público, han creado un ambiente terrible». Según explican en un bar cercano, «un día llegó aquí un hombre claramente drogado, que decía que nos iba a matar porque el día anterior le habían dado una paliza a su amigo en nuestro bar. Había sido en el otro local, claro, pero nos vinieron a nosotros. Los dueños han creado un problema público, que nos está afectando al resto».

Una de las intervenciones de la policía en este establecimiento, el pasado mes de julio
Una de las intervenciones de la policía en este establecimiento, el pasado mes de julio

A otro de los negocios incluso le llegaron a romper la cristalera de su oficina en una pelea, algo que viene siendo habitual en este bar, al menos, desde hace un año y medio, cuando los dueños actuales tomaron las riendas. «Los clientes de antes ahora ni se les pasa por la cabeza ir a este sitio. Cambió totalmente con los nuevos dueños», explican.

«El ambiente en ese lugar es desastroso. Gente sin mascarilla, con droga, con peleas cada semana...», dice un vecino. «La policía a veces ya ni viene cuando la llamamos», confiesa otro. Comentan, también, que, en una ocasión, uno de los responsables del bar amenazó a unos policías que tomaban fotos del lugar en una intervención: «El tipo les dijo que dejaran de sacar fotos o se iban a enterar», dicen en un local de esa misma calle. «Eso demuestra lo impunes que se sienten», sentencian. El clamor de los vecinos es indudable: «Esto no puede seguir así», coinciden.

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