Año nuevo, me hago viejo


Me despierto esta mañana, me incorporo y me pregunto: ¿dónde estoy? Suena abajo la bocina del furgón del panadero y recupero sensaciones: dónde vas a estar, paspán, estás en casa; esto es Lugo, pasmarote. Me sosiego, me levanto, voy al baño, intento un chorro firme y curvilíneo de tangente razonable y nada, no hay manera: menos tantos... grados. Ni gimnasio, ni masajes. Qué desastre. ¡Cagoensós! Le aplico pasta Vitaldent a la maquinilla Wilkinson manual de cuchillas relucientes y mi voz supera en decibelios al furgón del panadero. Un buen desayuno te despeja y endereza, ¿cierto? ?me auto animo. Cierto. Me pregunto en la despensa a qué carajo vengo y de regreso a la cocina veo la taza y lo recuerdo. Esto es grave, considero. Le pasa a todo el mundo ?me contestan si lo cuento. Estoy de acuerdo, pero en mi casa ya tengo un reguero hecho.

Promete el día, me lamento, menos mal que es sábado... ¿Sábado? Me vuelvo al calendario y no lo veo. ¿Dónde están mis gafas mega guay anti presbicia de 500 €? Las tengo puestas. ¡Rayos! Me acerco y lo único que veo es que no sé en qué día vivo. Recurro al móvil, por lo tanto, y en efecto: 9 de enero, sábado.

Tengo en pantalla unos wasaps de Alex. Buenos días, hijo, ¿cuándo llegas? Te lo he dicho ya diez veces, papá, el lunes 11. Coño, es cierto. Y a todo esto -me pregunto- ¿a quién demonio escribo? Tu columna, tontolaba, la que sale cada jueves en La Voz y que encabezas Desde el alto. Ah, es cierto ?destella el flash en mi cerebro… ¿El alto? ?me alarmo?, y qué carajo es eso… ¿Estás de coña, compañero?

¿Exagero?... Ya veremos. rpemilio@yahoo.es

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Año nuevo, me hago viejo