Arturo Rodríguez: «Alume me salvó de la esquizofrenia, sino quizás ya no estaría aquí»

El lucense se enorgullece de llevar una convivencia sana con su dolencia

Arturo es uno de los usuarios más antiguos de Alume y ni se plantea dejar de ir a diario
Arturo es uno de los usuarios más antiguos de Alume y ni se plantea dejar de ir a diario

LUGO

Arturo tiene 54 años, es de San Cosme de Barreiros y está diagnosticado de esquizofrenia, un trastorno mental severo. Arturo se levanta temprano, hace los recados de casa para ayudar a su madre, con la que vive, va a andar en bicicleta, pasea y se acuesta pronto. Ni más ni menos. Veintitrés años de terapia en Alume (Asociación Lucense de Axuda a Enfermos Mentais) han conseguido que Arturo lleve la rutina de lo que quiere ser: un ciudadano más, sin que su dolencia guíe su vida.

—¿Por qué está en Alume?

—En 1995 ingresé en el Hospital San Juan de Dios en Palencia. Estaba diagnosticado de esquizofrenia y tenía una gran dependencia del alcohol. Sobre todo en los dos últimos años bebía muchísimo y no dormía. Estuve allí seis meses ingresado. En los primeros 30 días ya consiguieron mejorarme mucho. Después de los seis meses me trasladaron a Lugo. En 1997, ingresé en Alume para controlar las posibles recaídas y hasta hoy sigo aquí.

—¿Cómo fue el inicio?

—Para mí fue lo peor. Pero en un mes y algo ya estaba acostumbrado a la rutina de Alume. Llegué cuando tenían el primer local y solo había una psicóloga. Todo cambió mucho.

«Lo que más me gusta es la terapia con la psicóloga. Salgo relajado al pensar que no soy el único que tengo problemas»

—¿Cambió la terapia en este tiempo?

—Cuando empezábamos hacíamos talleres de pintura, cestas, ahora también hacemos carteras. Antes solo había una psicóloga y ahora hay más. Cambió el número de personal, el local y las actividades, que aumentaron. Hay más presupuesto.

—¿Qué es lo que más le gusta de Alume?

—Lo que más me gusta es la terapia con la psicóloga. Te pregunta cómo te fue el día, si tomo la medicación... Salgo relajado al penar que no soy el único que tengo problemas.

—¿Y su cambio cuál fue?

—Llevo estos 23 años sin ninguna recaída. Totalmente abstemio. Dentro de mi enfermedad estoy estable. Tomo la medicación pertinente y hago las recomendaciones que me marcan en Alume.

—Es de los más veteranos.

—Sí, solo quedamos otra chica y yo de los del principio.

—¿Qué significa Alume para usted?

—Es una gran familia. Hay grandes profesionales que te ayudan y te animan. Tengo muchos recuerdos de una temporada al principio en la que me daba por marearme y fueron una gran ayuda. Para mí fue una salvación, si no fuera por ellos posiblemente estaría muerto. No podía seguir con la bebida y la medicación para mi enfermedad.

«La enfermedad mental es el patito feo de la sanidad»

—Habla de ello sin tapujos.

—No tengo problema. Estoy contento de ser una persona nueva y estar reinsertado en la sociedad. No hay comparación. Hay que quitar los prejuicios ahora mismo.

—¿Todavía sufre prejuicios?

—La enfermedad mental es el patito feo de la sanidad. Si dices que vas al psicólogo o el psiquiatra ya piensan mal de ti. En todos los años que llevo aquí no hubo ni una pelea ni anda. Hubo amigos míos que me dejaron atrás después de todo esto y es algo que le puede pasar a cualquiera.

—¿Ha sido un camino difícil?

—Algunos que se quedaron por el camino. No toda recuperación es al cien por cien. Pero yo estoy perfecto. Firmaba por seguir así.

La parte favorita de Arturo es acudir a la terapia marcada por la asociación
La parte favorita de Arturo es acudir a la terapia marcada por la asociación

—¿Con qué frecuencia va a Alume?

—Todos los días, igual que al principio. Y así quiero seguir, me gusta venir aquí.

—¿Qué hacen fuera de la asociación?

—Nosotros quedamos muchas veces, vamos a tomar un café, a ver el Breogán.. Y yo hago teatro desde hace más de diez años. Me gusta mucho actuar.

—¿Qué tal pasó la pandemia?

—Me aburrí muchísimo en casa. Solo pudimos hacer algo de terapia por teléfono. Así que me dediqué a hacer todos los recados de casa para ayudar a mi madre,

—¿Cómo lo lleva su madre?

—Es la que ha estado siempre, no se ha movido de mi lado.

La asociación cumple 25 años «de evolución, no de mantenimiento»

Alume nació por la preocupación de las familias sobre el acompañamiento a las personas con trastornos mentales. Desde 1995, que comenzaron a prestar asistencia a este colectivo, han servido con creces de buen acompañamiento y han podido cubrir cada vez más necesidades. «Aunque todavía quedan muchas más», constata la directora, Ana Regueira. Este mes cumplen 25 años, que Regueira asume satisfecha por «haber evolucionado y no simplemente haberse mantenido».

La mejora de la red asistencial de la sanidad pública les ha permitido empezar un camino firme hacia la individualización de los usuarios, ya que es la mejor manera de realizar el tratamiento. Además, tienen programas para distintos perfiles; como gente del rural, personas sin hogar o presidiarios; y están centrados en la atención temprana. «El famoso ‘mejor prevenir que curar' también se aplica aquí». Alume pretende tratar los trastornos a edades tempranas antes de que los brotes psicóticos los vuelvan crónicos.

«Temimos brotes en Alume que colapsasen las urgencias»

La ansiedad y el estrés son un agravante para el colectivo con trastornos mentales. La pandemia no fue un proceso fácil. La directora de Alume, Ana Regueira, admite que: «Al principio temimos que la situación por la pandemia trajera brotes psicóticos que pudieran sumarse al colapso que se vivía en las urgencias». Pero la realidad fue mucho más liviana de lo pensado. Gracias a una «gran imaginación» y «mucho trabajo», los profesionales de Alume consiguieron acompañar de la mejor manera posible a los usuarios y, sobre todo, a sus familias.

«No es fácil llevar una convivencia que al final es forzosa, y los familiares ya están acostumbrados a que pasen ciertas horas en la asociación». Como tampoco fue fácil explicar las obligaciones sanitarias. «Son personas con problemas para adaptarse a la antigua normalidad, así que mucho más a la nueva».

Alume no contó con ningún positivo durante estos meses y tan solo notó el deterioro en las capacidades psicomotrices y la memoria de los usuarios.

El riesgo de exclusión social crece por la pandemia en pacientes de salud mental

JOEL GÓMEZ

En el 2016 se atendieron 22 personas en Santiago, y el año pasado, 388

El riesgo de exclusión social y pobreza está creciendo este año entre los pacientes de salud mental a causa de la pandemia del coronavirus. «A doenza do covid-19 complicou a situación para todo o mundo, e para este colectivo moito máis, sobre todo porque se está a incrementar o desemprego. Hai persoas en ERTE [Expediente de Regulación Temporal de Empleo] ou ás que lles rescindiron contratos temporais, e estamos facendo un seguimento máis concreto deses casos para lles ofrecer apoio o antes posible se o necesitan», explica Antonio Hernández, director de la Federación de Asociacións de Familiares e Persoas con Enfermidade Mental de Galicia (Feafes Galicia).

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