Cómo logró el barrio de As Gándaras de Lugo que se marchasen los okupas

La presión vecinal, con manifestaciones semanales, logró su finalidad

El presidente de la asociación Gatos Roxos, Jaime Gueimonde
El presidente de la asociación Gatos Roxos, Jaime Gueimonde

lugo / la voz

As Gándaras, más que un barrio, parece una aldea pegada a la ciudad de Lugo. Allí todo el mundo se conoce y se saluda. Saben en qué trabajan los hijos de fulanito y que menganito acaba de ser abuelo. Por eso cuando hace aproximadamente un lustro una vivienda abandonada fue ocupada, los vecinos se percataron rápidamente. Era el primer caso, quedaba un poco en la periferia del barrio y la casa estaba desierta, por eso no se preocuparon en exceso. Dejaron estar. Pero ese primer caso abrió el camino a otros y pronto saltó la alerta en el vecindario. «Despois xa había veciños ao carón das casas ocupadas, coincidíase cos ocupas no autobús e había mal ambiente, logo chegaron os insultos...», y la situación ya se volvió insostenible, cuenta Jaime Gueimonde, presidente de la asociación vecinal Gatos Roxos.

 Hasta ocho viviendas llegaron a estar ocupadas en el barrio, por lo que el temor a que cualquier casa no habitada fuese usurpada se extendió en el barrio. Hubo vecinos que estuvieron más de un año sin dejar sola su casa.

En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas
En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas

«O método que seguían era sempre o mesmo. Viñan dous homes reventar a porta da vivenda cunha pata de cabra, metían para alí ás mulleres e aos nenos, e eles marchaban», narra Gueimonde. Esa especie de modus operandi se sucedió una y otra vez, mientras arreciaban las llamadas a la policía, los golpes a las puertas de las administraciones y también la desazón entre los vecinos, que se veían con las manos atadas y abandonados por las instituciones.

La gota que colmó el vaso fue una ocupación exprés en Monte Adairo. Los propietarios de la vivienda la recuperaron en cuestión de horas, pero el mal rato que vivieron fue la mecha que prendió el movimiento vecinal, que pasó de las protestas y el sufrimiento de puertas adentro, a manifestarse cada domingo. De la mano de la asociación vecinal, el barrio se echó a la calle para poner coto a las ocupaciones. Al salir de misa todos los vecinos se concentraban y paseaban por delante de cada vivienda usurpada reclamando que la abandonasen. Como herramientas, pancartas y megáfonos a través de los que canalizaban su hastío y su rabia. Así, semana tras semana durante cerca de cuatro meses. Y funcionó.

«Marcharon todos e dende hai máis de ano e medio non se deron máis casos», celebra Gueimonde, que considera que en As Gándaras, al contrario de lo que sucede en otras zonas, se consiguió que se marchasen los ocupas gracias a la unión que había entre los vecinos. Pero esa especie de triunfo colectivo no ha cambiado su forma de pensar. Siguen sintiéndose abandonados por las administraciones, a las que reclaman medidas efectivas. «Quen ten a obriga de prever e protexer é a administración. Que doten de medios á policía, que poida pedir a documentación que acredite aos ocupas como propietarios ou arrendatarios desas vivendas, así aforraríamos moitos disgustos», denuncia Jaime.

Las ocupaciones han desaparecido de As Gándaras, pero sus huellas persisten en la memoria colectiva. También en las casas tapiadas y las puertas reforzadas.

En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas
En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas

El temor a las ocupaciones late de nuevo en Lugo

Ha pasado una semana desde que en la calle Yáñez Rebolo se vivieron horas de tensión. El desalojo de dos viviendas crispaba -y al mismo tiempo calmaba- al vecindario poniendo de nuevo el foco en un fenómeno que no es nuevo en Lugo. Más bien al contrario. La realidad de las ocupaciones, con mayor o menor visibilidad, lleva años latiendo en la ciudad de la Muralla, con barrios como Feijoo, As Gándaras o A Milagrosa experimentando en sus calles la problemática del día a día.

En As Gándaras, sin ir más lejos, recuerdan que puede haber pasado un lustro desde que las primeras viviendas fueron ocupadas. Poco a poco el territorio se convirtió en zona roja y hasta ocho casas acogieron ocupas. La situación en el vecindario llegó a ser insostenible y hace año y medio la presión vecinal sirvió de revulsivo para que los ocupas se marchasen.

Pero hay más casos y más muescas. Los candados, las puertas reforzadas o las cadenas son parte habitual de la escenografía del barrio Feijoo desde hace varios años. Allí se encuentran viviendas tapiadas que dan pistas de que los ocupas pasaron por allí. O, al menos, lo intentaron. Y también en el Carmen hay edificios en los que las puertas y ventanas fueron sustituidas hace tiempo por ladrillo y cemento.

Sin números alarmantes pero como un zumbido constante, el fenómeno de las ocupaciones hace años que sobrevuela Lugo. Los datos oficiales hablan que en la actualidad solo seis viviendas están en esta situación, y que desde enero se contabilizaron catorce casos. El problema radica en la desazón y la impotencia que generan entre los propietarios de inmuebles vacíos. La despoblación creciente de algunos barrios y los problemas de exclusión social son las otras dos patas de la mesa y un problema al que las administraciones han de poner solución, demandan los vecinos.

En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas
En Lugo hay barrios en los que perduran las huellas de los intentos de ocupación: accesos tapiados y candados en las puertas

El problema se cuela en la agenda política lucense: pleno y reunión Méndez-Rodríguez

El problema de la ocupación de viviendas se coló esta semana en la agenda política lucense. Para empezar, la alcaldesa de la ciudad, Lara Méndez, y la subdelegada del Gobierno, Isabel Rodríguez, mantuvieron una mesa de trabajo en la que participaron los responsables de la Policía Local y la Policía Nacional para abordar la cuestión.

Fue en ese encuentro cuando Méndez desveló, aludiendo a un informe de la Policía Nacional, que eran media docena las viviendas que estaban ocupadas en la actualidad en la ciudad, matizando más tarde que la cifra de 14, aportada la semana anterior por el PP en base a un informe de los agentes locales, se correspondía con las registradas desde el mes de enero.

Pero la problemática de la ocupación fue más allá. Llegó al pleno del Concello a través de una propuesta de Ciudadanos para adoptar una serie de medidas entre las que estaba la puesta en marcha de una oficina de asesoramiento a los propietarios. Pero la iniciativa de la formación naranja no encontró el apoyo del PSOE ni el BNG, por lo que no salió adelante. Méndez hizo un llamamiento a no generar alarma sobre la cuestión.

Vigilancia, patadas y una pata de cabra, así se intenta ocupar una casa

lorena garcía calvo
Vivienda que intentaron ocupar hace un par de semanas
Vivienda que intentaron ocupar hace un par de semanas

Un propietario narra cómo intentaron acceder a su vivienda

Es domingo, 6 de septiembre, y a poco más de un minuto del edificio administrativo de la Xunta, en pleno corazón de Lugo, un vecino escucha un ruido raro en la calle. Sale a la ventana y ve una furgoneta que encara un edificio en el que no vive nadie. Escucha lo que parecen patadas, pero no logra distinguir qué sucede allí.

Al otro lado de la calle se repite la misma situación, solo que el hombre tiene una visión perfecta de lo que está sucediendo. Desde su ventana observa cómo varios jóvenes están dando patadas a la recia puerta de acceso a la vivienda para intentar reventarla. No pasan de las 11.30 de la noche. En un momento dado, parece que desisten y se van. En su ilícita tarea no estaban solos. En la parte alta de la calle dos mujeres vestidas de negro vigilan por si se acerca la policía o más vehículos. Y lo mismo sucede al fondo de la calle. Pero la improvisada ocupación parece resistirse, así que se marchan.

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