Adelaida Rey: «Hay poca gente que sea imparcial y crítica a la hora de escribir»

«Viajar fue una liberación. Estaba atrapada. Me faltaban cosas», dice de su juventud


santiago / La voz

Es una persona reservada e independiente, pero su mochila esconde mucha vida. Adelaida Rey de la Barrera (Ribadeo, 1948) se estableció en Santiago, donde ya había estudiado dos carreras -Económicas y Farmacia-, tras vender la oficina que había abierto su madre en Riotorto en 1954. «Cuando me vine no eché de menos la farmacia, porque aquí tengo muchas oportunidades de hacer un montón de cosas: ver buen cine, asistir a conferencias, disfrutar de conciertos, ir a clases de idiomas, de ordenadores, al gimnasio… Así que hago un sinfín de actividades que, trabajando, me estaban vedadas», según explica la farmacéutica retirada, que, sin embargo, añade que la gente de la pequeña localidad de Lugo era encantadora: «Ya adoraban a mi padre, que era el médico del pueblo y no cobraba a nadie».

Inquieta y vital, tal como acredita su biografía, Adelaida Rey salió de Lugo siendo jovencita para Barcelona, y recaló posteriormente en Londres, País Vasco, Valencia… llegando a vender en la calle bisutería confeccionada por ella misma. «Era una niña de colegio de monjas y, al salir al mundo, descubro una forma de pensar diferente de la que me habían enseñado. Veía que había gente con problemas, trabajadores que no llegaban a fin de mes, empresarios o jefes que explotaban… En fin, veo que hay un mundo diferente del entorno en el que me había criado. Viajar también fue una liberación para mí. Estaba atrapada. Me faltaban cosas», tal como señala. Viajera incansable, ha visitado unos cincuenta países a lo largo de su vida: «Es difícil decir qué país me ha gustado más, pero de manera especial me impactaron Camboya, porque desconocía por completo la cultura jemer, y las cataratas de Iguazú o el glaciar Perito Moreno, porque son realmente espectaculares». Aunque va siempre en expediciones organizadas, dice que disfruta «mucho también» los pocos viajes que hace por su cuenta: «Me encanta callejear, porque profundizas mucho más en la vida de la ciudad donde estás».

Clubes de lectura

Lectora impenitente, esta vecina del Ensanche santiagués también es asidua de los clubes de lectura y de la biblioteca Ánxel Casal. «Discutes el libro y lo desmigas, me gusta el debate y confrontar opiniones; pero no me gusta que se imponga una sola opinión. Mucha gente se deja influir por el pensamiento de los suyos. Me parece que hay una falta grande de sentido crítico y poca gente que sea imparcial a la hora de escribir. Particularmente, me inclino por los ensayos, pero no descarto otros géneros. Yo leo una par de libros al mes normalmente. Ahora estoy con Dime quién soy, de Julia Navarro», según indica. Y en estos meses ha participado en el jurado del XIV Premio de Relato Curto de Alumni USC, junto a la novelista santiaguesa Inma López Silva -columnista de La Voz de Galicia- y la filóloga ourensana Mar Fernández Vázquez. «Me ha parecido una experiencia muy interesante. Me preocupaba adoptar una decisión justa, porque tenía unas cuantas dudas. También habría preferido que fuésemos más personas en el jurado y que la reunión del fallo hubiese sido presencial», según advierte.

Andar y caminar periódicamente es otra de las saludables aficiones de la farmacéutica ribadense, reconvertida en compostelana. «Soy una apasionada de los senderos en general, pero me encantan los que transcurren a la orilla del mar o de algún río. La ruta de los faros, desde Malpica a Fisterra, fue toda una revelación». Dudo de que se pueda hacer más.

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