La hostelería de A Milagrosa protesta cerrando sus locales

Al menos 56 bares del barrio echan el cierre hasta el viernes. Afirman que las restricciones los dejan sin ganancia y que el barrio está estigmatizado


LUGO / LA VOZ

La hostelería se planta en el barrio de A Milagrosa. La «dureza» de las restricciones impuestas desde la Consellería de Sanidade ha llevado al sector a tomar también medidas drásticas: el cierre temporal. Los hosteleros del barrio afectado comenzaron el sábado por la mañana a movilizarse para que los bares de A Milagrosa echasen el cierre. Y así lo acordaron, «de forma conjunta y muy dolorosa para nosotros»: al menos 56 bares del barrio cerraron el sábado a mediodía y se mantendrán así durante cinco días. Seguirán funcionando los servicios de reparto de comida a domicilio en los bares que dispongan de él, y también los restaurantes.

Se trata de una medida de protesta pero, sobre todo, «de desesperación e impotencia», explican. «Si no te dejan usar el local, ¿para qué vas a abrir?», exponía uno de los afectados. Consideran los hosteleros que centrar las restricciones en una sola zona de la ciudad no ayuda a frenar la cadena de contagios y sí que penaliza a los negocios del barrio y estigmatiza a los vecinos que lo habitan: «Nunha cidade como Lugo, a xente móvese moito e fai vida en varios barrios, non ten sentido centrarse nun solo», explica Javi Serén, gerente del Dotmas Bar. Además, señala que el sector más «castigado» por las restricciones es el de la hostelería, «e non entendemos por que, xa que no barrio houbo só dous casos de covid na hostalería, e eses locais xa pecharon», continúa.

Desde el Dotmas Bar ya habían tomado el viernes la decisión de cerrar porque «es inviable trabajar», afirmaba Javi Serén. Mantienen solamente el servicio de entrega a domicilio y recogida en local, pero ya no abrieron la terraza: «Por cuatro mesas no compensa», afirma Serén. Además, el volumen de trabajo ha bajado considerablemente desde que se dieron a conocer las medidas el viernes: «Aquí seguimos todas las medidas de seguridad sanitaria, pero la gente tiene miedo». El hostelero considera «incomprensible» que prohíban consumir dentro de los bares de la zona, pero que en otras calles sí se pueda.

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A Milagrosa echa el cierre A Milagrosa echa el cierre

Lo mismo opinan en la Vermutería La Zona Víctor y Jorge: «Se fora para todos igual... pero en Garabolos poden ter xente dentro e aquí está prohibido», exponían. «Isto é a ruína», afirmaba uno de los camareros mientras cerraban la verja. «Somos cinco camareiros para catro mesas de terraza, para estar así, é mellor pechar», explicaban. «A xente ten medo e xa o venres solo chegamos a ter tres persoas dentro. Non fixemos nin para pagar a luz», se lamentaba el trabajador.

Desde el Priorato Bar, Eugenio Policarpo mostraba su deseo de que estas medidas ayuden a frenar la expansión del virus: «Espero que este cierre ayude a que mejore la situación, y no nos empuje a cerrar definitivamente», señalaba. Considera que «todas las medidas son pocas» porque es fundamental «extremar las precauciones, sobre todo en los sectores en los que tenemos contacto directo con la gente», pero el golpe para los negocios es enorme: «El viernes ya empezó a vaciarse de gente, el bar y las calles. A mí me recordó mucho al 13 de marzo, cuando empezó el confinamiento, que también era viernes, y se respiraba un ambiente similar, tenía las mismas sensaciones», comenta.

Con las medidas anunciadas el viernes por la Xunta, solo puede haber clientes en las terrazas, no en el interior de los bares, y se limita a cinco el máximo de personas juntas en mesas de esos negocios. La zona en la que se aplican esas restricciones está delimitada por la avenida da Coruña y las calles Tino Grandío, Camiño Real, Mar Cantábrico y Angelo Colocci. 

 

El Concello intensificó la desinfección y limpieza de las calles de la zona

La limpieza y la desinfección de las calles del barrio de A Milagrosa se intensificó el sábado para colaborar en el control del foco de coronavirus detectado en la ciudad, según informaron desde el área de Medio Ambiente del Concello de Lugo.

El concejal Álvaro Santos explicó que en el operativo, basado en los protocolos covid que se aplican en el municipio desde el inicio de la pandemia, fueron empleados medios técnicos y humanos con los que se reforzaron las labores habituales de aseo de la ciudad. De este modo, «sumáronse á brigada dous peóns máis, provistos de equipos de desinfección, xunto a unha varredora, unha baldeadora e unha hidrolimpadora de beirarrúas que, xa dende a primeira hora da xornada, se ocuparon de lavar e hixienizar tanto o pavimento como os diferentes elementos que compoñen o mobiliario urbano», señaló.

El edil matizó que las pautas para ejecutar estos trabajos extraordinarios se basaron «no protocolo deseñado polo servizo de Medio Ambiente na orixe da pandemia, que se manteñen de forma ordinaria dende ese momento e contemplan a utilización de maquinaria e produtos específicos eficaces contra o virus, mais sen resultar lesivos para a saúde. A intervención abrangueu a esterilización do firme, fachadas, paradas e marquesiñas do bus, colectores, papeleiras, varandas e resto de dotacións que se atopan na vía pública».

Santos añadió que, «independentemente desta e doutras medidas que se poidan poñer en marcha para frear os contaxios, convén que a cidadanía acate a restricións, siga sempre as indicacións das autoridades sanitarias e non se relaxe na adopción de hábitos de hixiene e protección individual».

El populoso barrio de Lugo que en unas horas se convirtió en un desierto

maría guntín

Después del anuncio del Sergas las plazas y los bares de A Milagrosa se quedaron vacíos

Unas horas después de que Sanidade anunciase las restricciones en Lugo, el ritmo vital empezó a cambiar y la ciudad amurallada se instaló en un ralentí especialmente evidente en el barrio de A Milagrosa, una de las arterias comerciales de la capital que se enfrenta a las restricciones más duras. La noticia corrió a cuentagotas desde el anuncio de la consellería, pero a primera hora de la tarde de ayer, la incertidumbre se había extendido entre comerciantes y hosteleros de la ciudad y el miedo se había colado en algunas viviendas, especialmente las ubicadas en el distrito lucense de A Milagrosa. «Se antes xa o pasabamos mal para cruzar o portal, agora, por como o pintan, imos tremer xa no ascensor», decía ayer un hombre de 82 años que vive en una de las rúas del barrio.

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