Lugo/La Voz

Las nubes dieron ayer un respiro a quienes transitaban por las calles de Lugo sin una sombra bajo la que cobijarse, pues aliviaron una jornada en la que se registró la tercera temperatura máxima en lo que va de siglo. El termómetro alcanzó los 38,9 grados a las tres y media de la tarde y se quedó a solo unas décimas de los registrados en 2016 y 2017, cuando el mercurio se elevó hasta los 39,3 grados. El día transcurrió apacible para los visitantes y algo más pesado para los que tuvieron que trabajar bajo el sol.

«Fastidiado», respondía ayer un operario encargado del mantenimiento de los jardines en el parque Rosalía de Castro, que invitaba a «sachar a pleno sol» para comprobar in situ los efectos de la masa de aire cálido. Su compañero y él procuran hidratarse bien estos días y comer ligero, aunque el trabajo sea duro. «Algunhas veces nin apetito tes», suspiraba.

Un paraíso contra el calor

«Lugo es un paraíso para los grandes calores», comentaba una señora unos metros más allá, de paseo con su perro, algo más sofocado. Ni ella ni sus acompañantes se mostraban dispuestas a renunciar a lo cotidiano: «Haremos vida normal».

En Campo Castelo, un grupo de madrileños se entregaban en una terraza al sol de mediodía. «Hemos pasado allí una semana a más de 40 grados, así que aquí estamos tan a gusto. He dormido con manta y todo», afirmaba satisfecha una de las mujeres. No piensan alterar sus rutinas debido al calor. «Salgo a caminar a las ocho y como aquí las noches están frescas, no hay problema», apuntaba otra compañera.

En la Rúa da Cruz, una familia bilbaína llegada desde Viveiro barruntaba la posibilidad de dejar para la tarde el paseo por la Muralla. «Íbamos a ir ahora, que se ha nublado un poco, pero mejor lo hacemos a última hora, antes de volvernos», apuntaba la madre, provista de botellines y una gorra para protegerse del sol.

«¿Miedo? Miedo ninguno. Venimos de Madrid de pasar temperaturas peores, aquí estamos tan tranquilos»

En el atrio de la Catedral, donde cualquier sombra era un espejismo a la hora de comer, dos hombres hacían piruetas para sacarse una foto. «¿Miedo? Miedo ninguno. Venimos de Madrid de pasar temperaturas peores, aquí estamos tan tranquilos», afirmaba uno de ellos.

El uso obligatorio de la mascarilla resultó ayer un poco más engorroso que en jornadas anteriores, debido al intenso calor. Sin embargo, eran pocos los que eludían la normativa, incluso en estas circunstancias. La encargada de una pequeña cafetería con terraza exterior lo asumía con naturalidad: «Esto nos protege y los protege. Es lo que hay».

El efecto del viento norte

Está previsto que Lugo vuelva a vivir hoy una jornada tórrida, según Meteogalicia, que vaticina temperaturas máximas de 35 grados en las horas centrales del día. Eso supone tres grados menos que ayer y la previsión apunta a una disminución paulatina hasta el lunes, cuando se prevé que el termómetro caiga hasta los 27 grados. Esa caída responde a la entrada de viento norte y a la retirada de la masa de aire cálido, instalada esta semana en la comunidad.

Las temperaturas volverán la semana que viene a ser las propias de un mes de agosto, incluso un poco más bajas que la media en el tercio norte peninsular. Las mínimas ascenderán de manera leve, pero las máximas sí experimentarán un descenso notable, según Meteogalicia. La probabilidad de precipitaciones aumenta, debido a la entrada de nubes bajas.

Lugo combate el calor en el Miño

lorena garcía calvo

Con los termómetros subiendo de 30 grados, el río se convirtió en el destino de muchos lucenses en la jornada de descanso

Las aguas del río Miño son la medicina con la que muchos lucenses combaten estos días el sofocante calor. Este domingo el termómetro volvió a rebasar los 30 grados, así que muchos vecinos que optaron por no salir de la ciudad bajaron hasta el cauce para encontrar consuelo.

El problema, al igual que en años atrás, es que darse un chapuzón en Lugo es complicado. O se pasa por caja en el Club Fluvial, con sus instalaciones y accesos perfectamente habilitados, o se viste uno de equilibrista para intentar acceder al río sin dejarse la piel en el intento. Y es que la playa fluvial sigue guardada en el cajón de la burocracia, por lo que los lucenses tienen que buscarse la vida para ponerse a remojo.

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Lugo alcanza la temperatura más alta de todo el año