lugo / la voz

Las aguas del río Miño son la medicina con la que muchos lucenses combaten estos días el sofocante calor. Este domingo el termómetro volvió a rebasar los 30 grados, así que muchos vecinos que optaron por no salir de la ciudad bajaron hasta el cauce para encontrar consuelo.

El problema, al igual que en años atrás, es que darse un chapuzón en Lugo es complicado. O se pasa por caja en el Club Fluvial, con sus instalaciones y accesos perfectamente habilitados, o se viste uno de equilibrista para intentar acceder al río sin dejarse la piel en el intento. Y es que la playa fluvial sigue guardada en el cajón de la burocracia, por lo que los lucenses tienen que buscarse la vida para ponerse a remojo.

La dificultad para bajar al agua, sin embargo, no detiene a los más jóvenes. Ayer por la tarde las inmediaciones de Los Robles muchos lucenses se acomodaban al sol y a la sombra mientras decidían si meterse o no en el río.

Los altavoces, los helados, las cremas solares y las risas completaban una escena típica de un día de finales de julio en la capital. Solo que, esta vez, en el ambiente flotaba un tercer elemento: el coronavirus.

Muchos de los que ayer se acercaron a las aguas del Miño habrían pasado la tarde de buen grado en alguna playa de A Mariña o de la costa atlántica, pero la pandemia lo sobrevuela todo y muchos prefieren evitar las aglomeraciones. El brote de A Mariña todavía está fresco, y un día como este domingo lo habitual en las playas de las Rías Baixas es que estén de bote en bote. Así que el Miño es una alternativa.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Lugo combate el calor en el Miño