Compañeros de aulas en el Seminario y compañeros de ordenación en Lugo

Alejandro Asorey y Carlos Jesús Sánchez, nuevos sacerdotes, estudiaron juntos


LUGO / LA VOZ

Los caminos del Señor son inescrutables —así se recoge en una de las epístolas de San Pablo que aparecen en el Nuevo Testamento—, pero no por ello están alejados de detalles curiosos y agradables. Así puede entenderse que la diócesis de Lugo cuente desde este sábado con dos nuevos sacerdotes cuyas vidas son algo paralelas: se ordenaron juntos, pero ya estudiaron juntos en el Seminario de Lugo.

Se trata de Alejandro Asorey, que es natural de la parroquia de Donramiro (Lalín), y de Carlos Jesús Sánchez, que es natural de Lugo. Desde hoy son sacerdotes, condición a la que accedieron en un acto celebrado en la catedral de la ciudad amurallada y presidido por el obispo, Alfonso Carrasco. Hacía dos años que no tenía lugar una ceremonia de esas características: en el 2018 fue ordenado sacerdote Nicolás Susena, que comparte con Alejandro Asorey la condición de lalinense. Susena ejerce actualmente como párroco en Castroverde y además es delegado diocesano de Familia y director del Centro de Orientación Familiar del obispado lucense.

Los nuevos sacerdotes continuarán tras la ordenación en los cometidos que desempeñaban hasta ahora. Por un lado, Alejandro Asorey será párroco en el municipio de Chantada, en donde estaba ya destinado como diácono; por otro, Carlos Jesús Sánchez seguirá en Madrid, en donde amplía estudios a la vez que colabora en una parroquia de esa archidiócesis. La ceremonia en la que ayer fueron ordenados contó con la presencia de decenas de fieles, de otros sacerdotes y de familiares. En el caso de Alejandro Asorey, además, hubo un asistente que participó en la ceremonia como religioso y como familiar suyo: Miguel Asorey, sacerdote encargado de varias parroquias de los municipios de Meira y de Pol, es tío de este nuevo cura y fue uno de los que le impuso la casulla en el acto de este sábado. El otro religioso que participó en esa parte de la ceremonia fue Marcos Torres, sacerdote de Lalín.

En cuanto a Carlos Jesús Sánchez, los que le impusieron la casulla fueron Luciano Armas, párroco de A Nova (Lugo), y el citado Marcos Torres. Miguel Asorey, sacerdote y tío de uno de los nuevos sacerdotes, no ocultaba, una vez terminada la ceremonia, una evidente satisfacción por el carácter especial de esa jornada.

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