Consuelo García, la maltratada que pidió vivir en Foz al dejar la cárcel en 1942


De todos los colectivos humanos, en todos los episodios de la historia, fueron casi siempre las mujeres las que sufrieron las mayores atrocidades. Tambien en la historia de España. Una mujer de Travias (Oviedo) (sic), que en la guerra y posguerra del 36 residió en Foz (Lugo), conoció el horror de la cárcel de mujeres de Saturrarán (Mutriku), algo solo comparable al infierno que vivió con su marido. Su peripecia es muy poco conocida. La crónica la escriben los vencedores ?a corto y largo plazo- y, en su caso, eran, además, hombres. Así que su borrado de la historia quedó asegurado y solo cabe decir, como el poeta, una mujer me duele en todo el cuerpo…

Toda su peripecia vital transcurre entre un mapa de nieblas. La única certeza está en la Caja número 50 del Archivo Histórico Provincial de Guipúzcoa relativa al penal de Saturrarán. Allí se conserva una instancia de 1942 dirigida al director de la penitenciaría por una reclusa que pide no regresar a su lugar de origen. La peticionaria era Consuelo García de la Viña, de 62 años de edad, natural de Travias (Oviedo) (sic) y vecina de Foz (Lugo).

La profesora María Jesús Souto Blanco ?en sus fichas de encarcelados en Lugo con motivo de la guerra de 1936- dice que su causa militar era la 696/36 y constata que ingresó en el penal lucense el 24 de noviembre de 1936 y salió de él el 28 de febrero de 1938. Al entrar, tenía 56 años, estaba casada, su profesión eran “sus labores”, fue detenida por el delito de Auxilio a la Rebelión y conducida en 1938 al presidio de Saturrarán, en Guipúzcoa.

Malos tratos y vida depravada

En la citada instancia, Consuelo García destaca que estuvo encerrada en ese penal vasco de 1938 a 1942 para cumplir una condena de 20 años de prisión y que fue puesta en libertad condicional por su buen comportamiento en esa última fecha. Afirma que fijó su residencia en Foz (Lugo) “buscando el sustento y el cariño de mis hijos”. Y añade que su marido -“que desde hace años venía dándome una vida de malos tratos y él haciendo una vida depravada”- solicitó por ella, pero sin su autorización, su cambio de residencia para el lugar donde él vivía “con el mero deseo de hacerme morir de hambre y disgustos, y por separarme de mis hijos mayores de edad que, durante mi permanencia en esa prisión de Saturrarán, no han podido hacer vida con él”. Dice también que “hoy vienen sosteniéndome a causa de mi avanzada edad”. Por las circunstancias descritas, la infortunada Consuelo pide al director del penal que no autorice su traslado a su localidad de origen, sino a Foz.

La vida en la cárcel de Saturrarán era injusta e inhumana. Pero seguro que, al firmar su instancia, Consuelo García sabía que la vida que le esperaba fuera era más cruel y más incierta todavía…

Cuatro fallecidas de Lugo y la primera alcaldesa de Galicia, la de A Cañiza, entre las mujeres recluidas

La maestra de Tomiño (Pontevedra), Josefa García Segret (Tui 1900-Redondela 1986), relata en su libro Abajo las dictaduras las penalidades pasadas en Saturrarán por las mujeres allí recluidas. Entre otras, la entrega de sus hijos pequeños a militares franquistas, el acoso, la inanición, las interminables jornadas de trabajo, los castigos y agresiones o las duras condiciones de vida pues, cuando subía la marea, a muchas reclusas, castigadas en las celdas de la planta baja, les llegaba el agua hasta la cintura…

Entre las 116 fallecidas durante su estancia en la cárcel guipuzcoana, cuatro eran de Lugo, según datos del Archivo Histórico de Guipúzcoa. Eran Carmiña Pico Rodríguez, de Pino (Pobra do Brollón), de 2 años, hija de María Pico Rodríguez, por bronquitis; Herminia Rey Acebedo, de Lugo, 26 años, soltera, por tuberculosis pulmonar; Pilar González Castro, de Lugo, de 34 años, casada, por insuficiencia coronaria; y Casilda Fontás Rubiás, de Lugo, de 31 años, soltera, también por tuberculosis.

En Saturrarán estuvieron presas significadas mujeres gallegas en la lucha antifascista. Entre otras, Purificación Gómez González, la primera mujer alcaldesa de una villa gallega, A Cañiza; Flora de Dios Rodríguez, que lideró la resistencia popular en la Porta do Sol, en Vigo, contra el pelotón comandado por el capitán Antonio Carreró; Isabel Ríos Lazcano o la citada Josefa García Segret, maestra de Tomiño y compañera de Hipólito Gallego Camarero quién, tras resistir a los nacionales, se echó al monte como guerrillero y fue capturado y ejecutado en octubre de 1936.

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Consuelo García, la maltratada que pidió vivir en Foz al dejar la cárcel en 1942