Adiós a la monja de 102 años que venció al coronavirus en Lugo

Trinidad Prado trabajó en la ciudad de la Muralla desde 1966, primero como enfermera, y luego en A Milagrosa


La Voz / Lugo

María Trinidad Prado (León, 1918-Palencia, 2020) se apagó ayer por la tarde y, con ella, las sonrisas que cosechaba allá por donde iba. Esta religiosa de 102 años —que vivió en Lugo desde 1966, hasta que hace unas semanas fue a pasar sus últimos días a Palencia con sus compañeras de congregación de la Sagrada Familia de Burdeos— fue noticia el mes pasado tras vencer al coronavirus después de haber pasado veinte días ingresada en el HULA. Ya en su domicilio, reconocía entonces que se sentía «muy contenta», pero «sin fuerzas», y explicaba a La Voz de Galicia: «Aún me siento muy débil. Ahora toca estar así, recuperarme, pero dando gracias a Dios». El 2 de mayo cumplió 102 años y ayer falleció en Palencia.

Entrega a los demás

La vida de Trini, como cariñosamente la llamaban sus amigos, fue una vida de servicio y entrega a los demás. Su historia estuvo marcada por la guerra, pero sobre todo, por el amor: el que profesó en sus inicios como enfermera y más tarde en su labor de escucha a las personas que están solas, de ayuda a los enfermos y de colaboración con Cáritas y con la parroquia lucense de A Milagrosa. Su historia y su día a día lo contó a La Voz de Galicia con motivo de su 100º cumpleaños: «Fui enfermera hasta los 72 y sigo levantándome a las siete de la mañana», explicaba entonces.

Trinidad Prado nació en León el 2 de mayo de 1918, pocos meses antes de que terminase la Primera Guerra Mundial. Muy joven sintió la vocación y se trasladó a Madrid. El inicio de la Guerra Civil, en 1936, la pilló allí. Junto a otras postulantes y maestras se fue a Delio (Bilbao), y en el mismo 36 partieron en un barco inglés desde Las Arenas hasta San Sebastián; de ahí, a Navarra, de nuevo a Bilbao y, una vez acabada la Guerra, en el 39, a Madrid.

Trabajo en los quirófanos

Estudió Enfermería y su labor siempre estuvo vinculada al ámbito sanitario. De hecho, en Madrid trabajó en quirófanos de varias clínicas: «Me tocó vivir avances y cambios muy grandes en la medicina [...]. Recuerdo que en 1942 comenzaron en Madrid con la cirugía de corazón, empezaron a especializarse más en estas dolencias, porque entonces moría mucha gente por problemas cardíacos. Muchos médicos se fueron a Holanda a especializarse. Los momentos más duros para mí han sido cuando algún enfermo moría, eso es muy doloroso; de hecho, donde he rezado con más intensidad ha sido en los quirófanos, para que el Señor guiara las manos de los médicos», recordaba en el reportaje que publicó La Voz.

En la capital estuvo hasta 1966, fecha en la que se trasladó a Lugo, donde trabajó en el Sanatorio García Portela hasta 1990. Además, desde 1975 y hasta hace unos meses, colaboró con el ropero de Cáritas. En el año 90 empezó a ayudar en la parroquia de A Milagrosa, visitando a enfermos y personas que están solas porque, decía, «la gente necesita a alguien que la escuche».

«Estoy muy contenta de estar en casa, pero me siento sin fuerzas», dice la monja centenaria que superó el coronavirus

Laura López

La religiosa lucense, a punto de cumplir 102 años, recibió ayer el alta en el HULA y se recupera en su domicilio

El nombre de Trinidad Prado ha sido noticia en medios de todo el país al superar el coronavirus con 101 años y recibir ayer el alta en el HULA, donde estuvo ingresada veinte días. La religiosa, que vive en Lugo desde 1966, se mostraba esta mañana agradecida y esperanzada, aunque todavía bastante convaleciente. Deberá terminar de recuperarse en su domicilio, y a través de sus compañeras, lanzaba un mensaje: «Estoy muy contenta de estar en casa, pero me siento sin fuerzas».

«Lo viví con mucha paz, rodeada de una gran amabilidad, cariño y profesionalidad»

Explica Trini, como la conocen en su entorno, que el tiempo que pasó en el HULA lo vivió con «mucha paz, rodeada de una gran amabilidad, cariño y profesionalidad». Cuando le preguntan si tiene ganas de salir y retomar sus quehaceres, su respuesta irradia energía: «¡Pues claro! Pero aún me siento muy débil. Ahora toca estar así, recuperarme, pero dando gracias a Dios». La religiosa agradece todas las muestras de cariño recibidas durante estos días y espera poder ver muy pronto a todos sus amigos.

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