Colas en el banco de alimentos de Lugo

Cada día el Concello tramita decenas de peticiones de ayuda, la gran mayoría, para llenar despensas vacías: «Hai moitísima xente que non tivera que acudir nunca a Servizos Sociais e faino con vergoña»

Colas ayer ante la nave de O Ceao donde el banco de alimentos reparte a los lucenses
Colas ayer ante la nave de O Ceao donde el banco de alimentos reparte a los lucenses

Lugo / La Voz

La pandemia del coronavirus arrasa con todo. Con la salud y también con la economía. Muchas familias que hasta hace poco tenían los recursos suficientes para ir tirando, ahora se han quedado sin ingresos y sin ahorros, abocados a pedir ayuda para llenar la despensa. Se percibe de lleno si uno se acerca a los bancos de alimentos o habla con los servicios sociales de los distintos concellos, que estos días se afanan en ayudar a quienes más lo necesitan.

El Banco de Alimentos de Lugo tiene establecido su reparto dos veces a la semana. Ayer fue uno de esos días y las colas se formaron alrededor de la nave en la que se entregan sus paquetes. Hasta antes de la crisis, explican desde el colectivo, cada día podían entregar comida a unas 500 familias. Ayer hicieron 700 entregas. Hace unas semanas tuvieron que detener las inscripciones porque ya no tenían productos para atender más hogares. En las últimas fechas las empresas han arrimado más el hombro y creen que podrían incrementar algo el número de beneficiados, pero para ello también depende de que los usuarios justifiquen estar empadronados en el concello y otra documentación. 

Así se trabaja en la trinchera de Servicios Sociales

Descolgar el teléfono, escuchar, buscar soluciones y activarlas. Así una y otra vez hasta 27 veces en una jornada. Ese se ha convertido en el día a día de Lucía Arrojo, una de las educadoras sociales del Concello de Lugo que desde hace semanas, junto a sus compañeras, de la mano de la administración local y de varios colectivos, gestiona ayuda para los centenares de familias a las que el COVID-19 ha barrido neveras y esperanzas.

Lucía es una de las personas que recibe las llamadas en el 010. Aunque los teléfonos también están operativos para quien necesite desahogarse un rato, la práctica totalidad de las conversaciones giran sobre el auxilio económico. «Basicamente o que recibimos son peticións de axuda alimentaria e para alugueiros, aínda que direi que os propietarios estanse portando ben, tentando dar prazos para pagar alugueiros», desvela Lucía.

Cada día, a través de su teléfono, tramita a través del departamento que dirige Olga López Racamonde ayuda para cerca de una quincena de familias, pero el lunes de la semana pasada llegó a atender 27 peticiones. Para muchos de sus interlocutores es la primera vez que tienen que llamar a la puerta de Servizos Sociais y lo hacen con cierto pudor. Muchos, probablemente nunca imaginaron tener que recurrir a ellos. «Hai moitísima xente que nunca tivera que acudir a Servizos Sociais e que o fai case con vergoña, cando non debera ser así. Hoxe mesmo atendín a un rapaz que me explicaba que non vía outra saída, que necesitaba darlle de comer aos seus fillos».

Muchas familias monoparentales, mujeres con cargas familiares, vendedores ambulantes... no hay un perfil concreto, sino muchas y variadas realidades. «Incluso agora chámanos xente que traballa na hostalería, camareiros ou axudantes de cociña que cobraron os 15 primeiros días que traballaron en marzo e dende entón non volveron ter ingresos. Xente que tivo que tirar con 300 ou 400 euros ou que está á espera de que lle paguen o ERTE».

La economía sumergida

El cierre del país se ha llevado por delante el pan de muchas familias y también está dejando al descubierto otra cara: la de la economía sumergida. Casos y casos de trabajadores que se han quedado sin empleo y al tiempo no pueden optar a una prestación. Personas cuyos ingresos en negro llegaban limpiando por horas o como cuidadoras, y a las que el coronavirus ha dejado sin margen de maniobra. Ahora ya no tienen con qué ir tirando.

A cada una de esas realidades, a cada cuál más compleja, buscan solución desde Servicios Sociales en Lugo. El Fogar do transeúnte se ha convertido en el espacio neutral en el que muchas familias, citadas cada cuarto de hora, recogen el paquete alimentario que les templa la despensa unos días. A los que lo necesitan, se lo llevan a casa gracias a Cruz Roja. Porque tras cada puerta hay una historia. Y tras cada llamada, alguien dispuesto a echar un cable.

El otro «estado de alarma»: cada vez hay más mariñanos que demandan alimentos

Cruz Roja en Viveiro o Bumei, en Burela, registran un gran aumento de peticiones por los ERTEs y la falta de opciones laborales

lucía rey

Con temor por lo que pueda ocurrir e incluso «reparo» porque nunca se habían visto en una situación así, un buen número de mariñanos que antes de la irrupción del coronavirus «nunca habían estado en crisis» están teniendo que recurrir a los servicios sociales de sus ayuntamientos o a organizaciones sin ánimo de lucro para solicitar alimentos. El dato lo constatan en Cruz Roja Viveiro y en Bumei (Mulleres en Igualdade de Burela), que en las últimas dos semanas están registrando un gran aumento de peticiones de comida por parte de gente que hasta ahora no había precisado de los recursos que ofrecen porque tenía trabajo, es decir, tenían una fuente de ingresos más o menos estable con la que pagar el alquiler o la hipoteca, los suministros de electricidad y agua, el teléfono, la comida... «Hay un montón de familias que están esperando a entrar en las listas [de reparto de alimentos] porque están en ERTE (expediente de regulación temporal de empleo). Hay mucha gente de la hostelería que lleva más de un mes sin trabajar y sin cobrar y que no puede pagar la comida, tiene el alquiler pendiente..., y llega un momento en el que no le queda otra», expone Sara Vizoso, trabajadora social de Cruz Roja en Viveiro, que colabora estrechamente con los servicios sociales municipales. De hecho, Cruz Roja y Protección Civil se encargan de atender las llamadas de los solicitantes y recabar unos datos que luego trasladan a los servicios sociales, que se ocupan de elaborar los listados de beneficiarios del reparto, que se hace a domicilio. A veces también colabora la Policía Local.

La presidenta de Bumei, María del Mar Fraga, señala que hay numerosas personas que hasta ahora habían sobrevivido con más o menos apuros cuidando niños o mayores, o haciendo horas de limpieza, y que han visto recortadas de forma drástica su fuente de ingresos. «Y gente que ya estaba necesitada, ahora está doblemente necesitada», concluye.

Bumei realiza muchas entregas en su local y hace otras a domicilio
Bumei realiza muchas entregas en su local y hace otras a domicilio
«Un mes y pico o dos sin ingresos es un trompazo para cualquier familia; igual tu vecino las está pasando canutas»

Con la hostelería y el comercio cerrados y numerosos negocios de la comarca de A Mariña en la cuerda floja, la presidenta de Bumei (Mulleres en Igualdade de Burela), alerta de lo que se puede venir encima si la crisis por el coronavirus continúa. «Lo que está ocurriendo es tremendo. Como esto se prolongue un mes más, no sé qué va a pasar», comenta María del Mar Fraga, que a diario es testigo de las dificultades que están teniendo muchos mariñanos que se han quedado sin trabajo por el COVID-19. «Un mes y pico o dos sin ingresos es un trompazo para cualquier familia. Hay perfiles de familias que están necesitando ayuda que nadie se los espera; igual tu vecino las está pasando canutas», reflexiona Fraga, que desde hace dos semanas detecta un importante incremento en el número de peticiones de ayuda. Tanto de alimentos como de productos para el aseo y la higiene e incluso ropa. «Es una pasada», lamenta. Bumei atiende en estos momentos a 65 familias, pero además colabora con el Ayuntamiento de Burela en el reparto de comida donada por el Banco de Alimentos de Lugo. En ese punto destaca la colaboración con el Concello, puesto que presta el furgón en el que van a recoger la comida a Foz.

Despensa desabastecida

«Tenemos la despensa desabastecida totalmente y no podemos hacer campañas debido al confinamiento y a las restricciones de movilidad», cuenta Fraga, que señala que su colectivo intenta llegar a donde puede, pero las dificultades van en aumento.

Cruz Roja reparte esta semana 6.800 kilos de comida de la UE entre 77 familias viveirenses

Desde la semana pasada, Cruz Roja en Viveiro compagina el reparto de alimentos organizado por el Ayuntamiento con el de alimentos donados por el Fondo Europeo de Ayuda para los más Desfavorecidos (FEAD), que llegan de manera trimestral. De este último resultarán beneficiadas 77 familias viveirenses, entre las que se están distribuyendo 6.845,530 kilogramos de alimentos no perecederos, como aceite, pasta, arroz, leche, legumbres, galletas, tomate frito o conservas. «En este momento el reparto es más complicado por todas las medidas que hay que tomar por el coronavirus», apunta Sara Vizoso, trabajadora de Cruz Roja en Viveiro.

Trabajadores de Celeiro

En esa línea, Vizoso explica que están cooperando en la iniciativa los trabajadores del Centro de Día de Alzhéimer que gestiona desde hace años Cruz Roja en Celeiro, y que permanece cerrado como consecuencia de la emergencia por el coronavirus. «Tenemos un amplio dispositivo para hacer los paquetes, meterlos en el furgón y llevarlos a domicilio», relata.

Mano a mano con el Concello y con Protección Civil, antes cada 15 días y ahora una vez a la semana, Cruz Roja también reparte frutas y verduras donadas por el Banco de Alimentos de Lugo.

«La parte positiva de esto es que hay muchísima más gente solidaria de la que creíamos», María del Mar Fraga, presidenta de Mulleres en Igualdade Burela (Bumei)

Al tiempo que pone en peligro la salud y amenaza el futuro laboral y social de todos, el coronavirus también está haciendo aflorar algo bueno, como destaca la máxima responsable de Mulleres en Igualdade. «La parte positiva de esto es que hay muchísima más gente solidaria de la que creíamos», cuenta, y destaca las donaciones de pescado que realizan Armadores de Burela, S.A. (ABSA), Pescados Rubén o la Pescadería O Mexillón. También personas particulares que se dirigen al colectivo para ayudar. «La Guardia Civil nos está ayudando muchísimo», confiesa María del Mar Fraga. «Los alimentos frescos, según los recibimos, los repartimos. Y gracias a ellos están comiendo muchas familias», confiesa la activista social burelense.

El banco de alimentos repartió en marzo 150 toneladas de productos básicos en la provincia de A Coruña

marga mosteiro

La alerta sanitaria activó ayudas de emergencia de una organización que en el 2019 entregó más de 2.500 toneladas a 22.000 personas

El Banco de Alimentos Rías Altas (Balrial) forma parte de la Federación Española de Bancos de Alimentos desde el 2011, solo un año después de su creación. Dispone de sedes en A Coruña, Ferrol y Santiago, desde donde llega a toda la provincia. En el 2019 entregaron alimentos y artículos de limpieza personal y del hogar a 171 entidades sociales, que repartieron entre 21.731 personas. Por zonas, A Coruña ocupa el primer lugar, con 84 entidades y 12.382 personas; seguida de Santiago (en la que se incluyen la península de O Barbanza), con 51 entidades y 5.476 beneficiarios. Ferrol dispone de 36 asociaciones, que facilitan alimentos a 3.873 personas. A lo largo del 2019, Balrial entregó 2.542.760 kilos de artículos. Al área de Coruña fueron 1.600 toneladas; a Santiago, algo más de 500; y a Ferrol, cuatrocientos mil kilos.

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