El barrio de O Carme (VII): La necesidad de un orden urbano. El utópico plan lineal de 1953

El arquitecto Fonseca Llamedo propuso para la zona edificios adosados de no más de cuatro plantas


lugo

A mediados de siglo XX, Lugo aumenta rápidamente. Esta expansión coloniza el suelo de un modo desordenado. En el año 1939, la corporación municipal acuerda terminar con la «anarquía imperante» en la iniciativa particular para la ocupación del suelo por nueva edificación. Las autoridades locales ponen en conocimiento de las nacionales su intención ordenadora, y esto hace venir a Lugo al Arquitecto Jefe del Instituto Nacional de la Vivienda, el señor José Fonseca Llamedo.

Este arquitecto es un estudioso apasionado de las dimensiones interiores de la vivienda, de la economización y optimización de recursos para su ejecución y del acceso universal a una vivienda digna. Estas son las preocupaciones que lo llevan a redactar las Ordenanzas de Viviendas

Protegidas del INV, de 1939, de aplicación en todo el territorio nacional. Además, su interés le hace estar presente con frecuencia en congresos internacionales, conociendo y teorizando sobre nuevos modelos urbanos experimentales.

En el año 1946, José Fonseca redacta y entrega al Ayuntamiento un «Plan de Reforma Interior de la ciudad de Lugo». Este arquitecto alaba lo que llama admirable «seriedad campesina» del casco histórico intramuros de la ciudad de Lugo, de la que dice que «sería una desgracia que este sello especial se perdiese». Sus propuestas para el interior urbano pasan por suprimir «callejas menores» y ensanchar la Rúa Nueva «por la acera menos costosa» como literalmente dice.

Escalona «en etapas sucesivas» la destrucción de zonas envejecidas para crear «grandes manzanas», pero rechazando edificaciones que «achaten» la muralla, por lo que limita su altura según su cercanía al monumento. Siete años mas tarde, sin haberse puesto en marcha su plan de reforma (y posiblemente sin saber como hacerlo), aporta un nuevo documento, ya con el nombre de «Proyecto de Ordenación Urbana de la Ciudad de Lugo». En este, sigue defendiendo el aumento de tamaño de las manzanas para reducir el número de calles y sitúa la estación de autobuses en el antiguo campo de la feria, potenciando la nueva vía de Ramón Ferreiro.

Se declara más consciente de la situación de la ciudad e intenta ajustar las ordenanzas «a las posibilidades de Lugo». Una todavía alejada visión de la realidad, lo lleva a hacer una previsión demográfica de 242.634 habitantes en el año 2010. Este documento advierte un eje urbano lucense «sensiblemente coincidente con la N-VI» contra otro de pendientes «imposibles».

Lejos de verlo como un problema, considera inevitable que la ciudad crezca según este eje linea, e incluso «antinatural» hacerlo en dirección perpendicular. A este alargamiento le atribuye una beneficiosa «compensación de crecimiento», conservando intacto el valor del núcleo y dice que lo contrario es una «anomalía topográfica causa de graves problemas presentes y futuros». Fonseca Llamedo considera una «infracción de las leyes poderosas de la topografía y el sentido común» el emplazamiento de la estación en un punto tan bajo y alejado. Sesenta y siete años después, este emplazamiento sigue siendo motivo de controversia.

Proyecta una calle para el tráfico procedente de Madrid (avenida de Ramón Ferreiro) «a fin de que se encamine directamente a la ciudad». El Arquitecto Jefe del Instituto Nacional de la Vivienda prevé un posible conflicto a la altura de la puerta de San

Pedro «en que se encuentran dos circulaciones principales, la que une el núcleo con la estación y la pasante Madrid-Coruña». También es este un asunto todavía a debate.

Sus innovadoras propuestas para Lugo contemplan que «las manzanas van siendo mayores a medida que se van alejando del núcleo central», limitando en todo lo posible la creación de nuevas calles, porque «la economía dice que cuanta menor superficie de calles tanto menos cuesta su trazado».

Otras ideas del documento son: una ronda interior paralela a la muralla, rectificaciones en casi todas las calles no rectilíneas, soportales en las calles Armañá, San Marcos o Ruanova o la ampliación de la Ronda con el derribo de las casas de la acera exterior.

En el barrio del Carmen se dibuja un viario de formas curvas que no son las del preexistente, pero siguen en algo las directrices del existente. En su parte superior se proyecta la existencia de edificación adosada, de máximo cuatro plantas (en calles que en ese momento casi eran solo caminos) y en su parte inferior se proyectan nuevas edificaciones dispuestas en grandes manzanas cerradas, de una altura uniforme en cuatro plantas.

Este Plan tuvo una influencia muy escasa en la ciudad, y nula en el barrio del Carmen. A las autoridades de la época les debió resultar complejo de entender y mucho más de aplicar. Lugo no estaba preparado para esa visión expansiva de grandes manzanas y economicismo de viales, así que, no sabiendo que hacer con el documento (pero intentando no desairar a su redactor), se guardó en un cajón a la espera de que el tiempo transcurriese.

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