El barrio de O Carme (III): El cementerio, el matadero y la capilla de los Cabarcos

Los cambios del barrio durante los siglos XVIII y XIX tuvieron mucho que ven con el camposanto


lugo

En la parte más alta de la calle del Carmen se situaba antiguamente la Capilla de la Virgen del Camino, primitivo nombre del edificio religioso que daba inicio al peregrinaje una vez se abandonaba la ciudad medieval. En época que coincide con la refundación, en el año 1773, de la cofradía de la Virgen del Carmen, la capilla original está en un estado muy deficiente. Los herederos de Diego Cabarcos, patrono de la misma, manifiestan no poder costear ya su mantenimiento ni las labores que de reparación habrían de acometerse.

Inicialmente se contempla la idea de levantar una nueva capilla anexa a la existente, que no se materializa porque el obispo de

Lugo no ve adecuado «que existan dos capillas juntas». De ahí que la mujer e hijo del fallecido patrono opten por ceder la antigua para su reconstrucción integral, con varias condiciones. Estas serían las de conservar la original imagen medieval de la Virgen, el derecho a inhumación de los descendientes y la colocación del escudo familiar en su interior, adyacente al retablo (y a su derecha allí permanece). Una lenta reconstrucción, principalmente debida a las dificultades para su costeo por parte de la Hermandad, da como resultado el actual edificio neoclásico de reminiscencias barrocas y retablo renacentista.

El cementerio de la Hermandad del Carmen se sitúa detrás de la Capilla desde el año 1842, momento en que existía una creciente demanda de sitios de enterramiento en la ciudad. Se hace sobre terrenos de cesión de particulares como D. Rafael Iglesia, que lo hace a cambio de una función fúnebre anual y la condición de que, si cesa en su uso, la propiedad retorne al cedente o sus herederos. No consta que tal cosa haya ocurrido.

Su superficie era de aproximadamente 1.500 metros cuadrados y hoy se haya libre de ocupación y parcialmente situada bajo la calle Poeta Noriega Varela. Las autoridades militares no ven bien que se realicen inhumaciones tan cerca del centro urbano, pero permiten su uso y prosigue con enterramientos a más profundidad de lo habitual, protegidos de vistas y en horas de escaso tránsito. El gobierno militar ordenará, 12 años después de su apertura y en contra del criterio de vecinos y autoridades locales, el fin de los enterramientos. A partir de 1858, con la adquisición municipal de terrenos en la carretera de Castilla, se exhuman y trasladan los restos al nuevo camposanto de Lugo, si bien, parece ser que continúan existiendo restos de los antiguos osarios.

Este espacio, que finalmente ocupó la calle y el cuartel de los bomberos, estuvo durante años estigmatizado por la cercanía con el Hospital (hoy Capilla de Santa María), donde estuvieron alojados, o asi está narrado, pacientes de dolencias temidas por su riesgo de contagio. La desaparición del cementerio y su pequeña Capilla (que existía en su cara norte) deja un terreno sin uso hasta la actualidad.

El tercer hito edificatorio del barrio es el matadero municipal construido a finales del siglo XIX, en el mismo lugar donde se situaba otro edificio de mayor antigüedad e igual uso. Proyecto de 1886, de corte neoclásico, del arquitecto Nemesio Cobreros.

El matadero municipal contaba con una planta de distribución ortogonal con espacios destinados a acceso, peso y depósito, contaduría, matanza, corral de ganado de cerda y lanar, corral de ganado vacuno y zona posterior de limpieza de desperdicios.

Hoy en día, la sala de exposiciones Porta Miñá ocupa el edificio, albergando una exposición acerca de la configuración y evolución de Lucus Augusti hasta su ocaso.

El acceso de este ámbito al interior amurallado se hace a través de la adyacente Puerta Miñá, una de las cinco de origen romano y

que mantiene su forma casi original. El paso de realiza bajo una bóveda de cañón, rematada exterior e interiormente por dos arcos de medio punto. Entre las dos torres, hoy de piedra de granito, se colocó un recinto para la guardia y su hueco albergó también la imagen de San Ramón. Su espacio interior permite todavía hoy ver el hueco para la ocultación de una reja de hierro elevable, situada junto a una contrapuerta de madera. En el siglo XIX, como ocurrió con las otras puertas, se consideró la posibilidad de ser ampliada, pero, al revés que en los otros casos, no ocurrió. La Puerta Miñá fue la que condujo los primeros peregrinajes hasta fuera de la ciudad, porque la de Santiago estuvo durante años dedicada al paso restringido de religiosos a las huertas situadas un poco mas abajo.

Ramón M. Cabarcos es arquitecto y técnico especialista en Gestión Inmobiliaria y Urbanística por la UDC. Master en Servicios Culturales y Doctor en Humanidades por la USC.

Las autoridades militares no quisieron los entierros tan cerca del centro urbano

Permitieron que se siguiesen haciendo más profundos, protegidos de las vistas y en horas de escaso tránsito

El matadero tenía una planta de distribución octogonal para ganado de cerda, lanar y vacuno

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