Hace 20 años, Lugo avanzaba para tener otra piscina climatizada

Las instalaciones de As Pedreiras tuvieron un presupuesto de 1,7 millones


Lugo / La Voz

Una vez consolidado el campus, a la zona de la ciudad que albergaba las facultades le llegó el momento de contar con otros servicios. El Pazo Universitario amplió una oferta de instalaciones deportivas en las que hasta entonces el principal edificio era el pabellón situado junto a las cuestas del parque Rosalía de Castro. Años después, a la oferta de piscinas cubiertas le llegaba la ocasión de crecer.

Hace ahora 20 años, recién iniciado el 2000, el Concello lucense y la Universidade de Santiago de Compostela (USC) estaban a punto de firmar un convenio de colaboración para financiar las obras, y la institución académica iba a poner 150.000 euros para las obras. La consecuencia era clara: así se rebajaba la aportación de las arcas municipales.

Ese acuerdo entre las dos instituciones no era casual sino más bien parte de un clima de entendimiento, puesto que las dos habían firmado unos días antes un acuerdo por el que el Concello, titular de las instalaciones, se comprometía a atender las necesidades de la USC. Tanto el alcalde lucense, José López Orozco, como el rector compostelano, Darío Villanueva, subrayaban entonces que la piscina contribuiría a mejorar la integración del campus en la ciudad.

La piscina no solo podía facilitar la conexión entre el campus lucense y la ciudad que lo albergaba sino también mejorar una deficitaria cobertura. Lugo solo contaba entonces con la piscina del complejo de Frigsa, cuya capacidad se veía desbordada por el número de usuarios que acudían habitualmente. Por otro lado, con la nueva se equilibraba la oferta, ya que si la primera se había construido en la zona norte de la ciudad, esta se levantaba en la parte sur, en un entorno que con la construcción de las facultades se había convertido en una gran zona de expansión. La gran demanda por usar la piscina de Frigsa había llevado, años antes, al Concello a buscar una nueva organización de los cursillos de natación para evitar las listas de espera.

Las instalaciones costaron 1,7 millones de euros. Hubo aportación de varias administraciones, de las que la Xunta fue la que destinó más fondos. El proyecto de la piscina fue redactado por los arquitectos Santiago Catalán, Eduardo Herráez y José María Arias Jordán. Hubo retasos en los plazos, y la inauguración, prevista para marzo del 2001, se levó a cabo finalmente en marzo del 2002.

El recinto de Frigsa era el único de la ciudad y su capacidad estaba desbordada

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