Hace 20 años, Lugo ya soñaba con que la Muralla fuese patrimonio mundial

El Concello dedicaba fondos a una campaña de promoción del monumento más famoso de la ciudad


LUGO / LA VOZ

Fiestas consolidadas, como el Arde Lucus; iniciativas de regulación del tráfico para aumentar la peatonalización, como restringir la circulación en A Mosqueira; festejos que parecen haber sido estrellas fugaces, como el Comilonum; promoción del Camino Primitivo en su recorrido por la ciudad... Todas esas medidas, variadas pero unidas por pertenecer o haber pertenecido a la vida cotidiana de Lugo, tienen lugar junto a la Muralla o cerca de ella, lo que demuestra su importancia en la ciudad.

Hace 20 años, la Muralla estaba tan asentada en la vida local como ahora, pero su reconocimiento mundial no tenía tanto prestigio. Por eso la estrategia de los políticos locales tenía un ojo en el monumento y otro fuera de Lugo, ya que el futuro del monumento también se decidía lejos del Miño. En ese contexto se presentó la campaña Muralla 2000, lanzada por el Concello para promocionar la construcción que simboliza la huella de Lucus Augusti.

El alcalde, José López Orozco, y la concejala Branca Rodríguez Pazos -el PSOE y el BNG gobernaban en coalición en el Concello- informaban de que Muralla 2000 tendría un presupuesto de cien millones de pesetas (600.000 euros de hoy). La cantidad no figuraba en ninguna partida de los presupuestos del 2000, como admitía el regidor, que, de todos modos, consideraba factible reunir ese dinero.

La idea incluía visitas de escolares de toda Galicia para que conociesen el monumento, así como exposiciones centradas en el legado romano. Los proyectos pretendían convertir la Muralla en la imagen más potente de Lugo hacia el exterior, mientras la Unesco deliberaba si la construcción podía conseguir la declaración de Patrimonio de la Humanidad, algo que se logró en el 2000.

Mientras, otras administraciones también se preocupaban de que la Muralla estuviese mejor conservada: por ejemplo, el delegado provincial de la Consellería de Cultura, Antonio Calvo, anunciaba un proyecto de retirada de cables. Todos los desvelos, por variados que pareciesen, parecían pocos si en el fondo estaba en juego la entrada de la Muralla en el prestigioso club de bienes reconocidos como patrimonio mundial.

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