Máxima distinción al trabajo por Lugo

Suso Varela Pérez
suso varela LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

Los exalcaldes de Lugo recuerdan las dificultades políticas y personales para ejercer «el cargo más importante»

01 dic 2019 . Actualizado a las 19:53 h.

El acto de entrega de las medallas de oro de la ciudad celebrado ayer en el MIHL sirvió para rendir homenaje a los cinco exalcaldes democráticos pero a la vez para repasar algunos de los nombres y de los hechos que han marcado la historia reciente de España, de Galicia y de Lugo. Entre recuerdos, emociones y anécdotas de los cinco protagonistas se fueron colando en los videos que se proyectaron imágenes de concejales, presidentes de la Xunta y del Gobierno y personajes de la ciudad que de alguna manera, entre todos, participaron «na construción colectiva do noso municipio», como señaló en su discurso la alcaldesa de Lugo, Lara Méndez.

Hubo dos ejes sobre los que se basaron las intervenciones de los homenajeados y de la regidora: una defensa a ultranza del municipalismo, de su aportación a la transición y del trabajo hecho en favor de los lucenses y, por otra parte, el sacrificio personal y familiar que supone ejercer el cargo de alcalde, llenos de renuncias y sin horarios.

OSCAR CELA

José Manuel Novo, hijo del fallecido José Novo Freire (primer alcalde democrático, de 1979 a 1983) destacó el perfil de su padre como ejemplo de una generación «que contribuyó a una transición política pacífica», y el esfuerzo diario que realizaba su padre para sacar adelante un concello «en el que estaba todo por hacer».

Vicente Quiroga (alcalde de 1983 a 1991) no pudo acudir por un problema de salud, recogiendo la medalla su hijo Vicente. En el video que se proyectó el exalcalde dijo que «foron anos ilusionantes para servir ao pobo no que vives e facilitarlle a vida aos veciños, e un leva disgustos pero moitas alegrías, porque cando fas algo que lle resolve un problema a un veciño, énchese o corazón».

Tomás Notario Vacas (alcalde de 1991 a 1995) tampoco pudo asistir al acto, hablando en su nombre uno de sus estrechos colaboradores, el exconcejal Eugenio Corral, quien destacó de él «la lealtad a su gente y a la vez muy exigente en los detalles, porque tenía una capacidad de trabajo asombrosa». Recordó su labor profesional como ingeniero y cómo vivió una etapa municipal sin mayoría absoluta, con varios plenos que comenzaban a las diez de mañana y terminaban a medianoche. Y para terminar su discurso dejó una frase que los asistentes firmarían: «Para mí fue un amigo que cualquiera de vosotros querríais tener».

Los dos únicos exalcaldes presentes fueron Joaquín García Díez (1995-1999) y José López Orozco (1999-2015). El primero, diputado en el Congreso desde el 2004, hizo un llamamiento a los actuales ediles de la corporación «a que sigáis escribiendo ese libro en blanco de la ciudad que está por hacer», pero a la vez indicó que les gustaría «que en vez de que cada uno venda su libro, se trabaje entre todos para construirlo».

En un discurso que tuvo que interrumpir en un par de ocasiones debido a la emoción, Quin, como reconoció que le llamaba su sufrida familia, quiso compartir la medalla con su equipo en la alcaldía, con sus compañeros de corporación y con los trabajadores municipales, además de acordarse de los ediles fallecidos: Cacharro, Pena Souto, Pilar Iglesias, Manuel Méndez, Álvaro del Moral, Marcos Cela y Anselmo Sampedro. Pasión e ilusión y contagiar ambas ideas a los ciudadanos son las recetas que destacó para «tener la responsabilidad más bonita que hay, la de ser alcalde de tu ciudad».

OSCAR CELA

Por su parte, José López Orozco, al igual que hizo su predecesor, recordó el trabajo silencioso de los trabajadores municipales y destacó que la política municipal era la más apasionante de todas las facetas en la medida en que se trabajaba por el bien de los vecinos y de la ciudad. Sacó a relucir su faceta más cercana aludiendo a anécdotas, como las más de mil bodas que ofició en el consistorio, pero también apeló a esfuerzos colectivos por el bien común, como fue la Constitución de 1978 o en el caso de Lugo el reconocimiento dela Muralla por parte de la Unesco, sacando a relucir una de sus frases más famosas: «Conseguímolo entre todos». Orozco -que se acordó de los ediles fallecidos Xoán Cuba y José Rábade- reconoció que el paso por la alcaldía «nunca chove a gusto de todos» pero señaló su convencimiento de que los exediles y los actuales «estamos comprometidos coa nosa cidade».