La conquista de la Gallaecia

Nuevas investigaciones con el hallazgo de campamentos militares cambian el relato de la romanización


La Voz

H ubo un importante Vigo romano cuyo nombre todavía desconocemos. De la teoría de Vicus Spacorum pasamos a Vicus Helleni y hasta Búrbida Magna. Tampoco hemos encontrado un edificio administrativo de relieve. Pero sí una miríada de salinas y de fábricas de salazón que nos hablan de que ya hace dos mil años esta era una ciudad industrial. El garum vigués viajaba a la Bética en mercantes como el que está hundido en Alcabre. Y aquí llegaban mercancías de lujo como el ungüentario bizantino que se conserva en el Museo del Mar. La villa de Toralla nos habla de unos ciudadanos acomodados que disfrutaban de las mejores comodidades en sus casas, calefacción por suelo radiante incluida. Y en la necrópolis de la calle Hospital se encontraron los nombres de aquellos vigueses romanos: Aurelia Materna, Valeria Alla o Quinto Arrio, quien por cierto comparte nombre que el cónsul de la película Ben Hur.

Hasta ahora, se consideraba que la romanización de Galicia fue básicamente pacífica. Que los antiguos galaicos que habitaban poblados como el del castro de Vigo fueron integrándose en el orbe romano con naturalidad, a través del comercio, sin que hubiese mayores conflictos. Pero una nueva investigación está cambiando la visión de esa arcadia feliz. Parece que la romanización no fue pacífica, según revelan los estudios del grupo de investigación Roman Army, en el que participa la Universidad de Santiago de Compostela junto a otras instituciones como la Universidad de Oxford. Utilizando técnicas de mapeo por satélite han encontrado 22 campamentos militares romanos en la antigua Gallaecia, que parecen demostrar que, entre los años 29 y 19 antes de Cristo, Roma tuvo que vencer una fuerte resistencia.

Roman Army han trazado el mapa más preciso de los campamentos militares romanos construidos en el país, de los que la mitad eran completamente desconocidos hasta ahora. Entre ellos, dos gigantes, con más de 20 hectáreas que acogieron hasta 14.000 legionarios cada uno: el de Viana del Castelo, en Portugal, y el de Lobeira, en Ourense. En los mapas publicados por los investigadores en la revista Mediterranean Archaeology and Archaeometry, encontramos la nueva distribución de estos asentamientos para las legiones romanas. Los pequeños campamentos, de entre 1,5 y 2,5 hectáreas, podían acoger algo más de 1.000 hombres divididos entre dos o tres cohortes. En esta categoría entran campamentos como Penedo dos Lobos (Manzaneda, Ourense), Cova do Mexadoiro (Trazo, A Coruña), Coto do Rañadoiro (Carballedo, Lugo) y Alto da Pedrada (Arcos de Valdevez, Viana do Castelo). Los de tamaño medio ya acogían varios millares de hombres y tenían una mayor autonomía táctica, para desarrollar acciones sobre el territorio. Aquí señalan los sitios arqueológicos Cabianca (Láncara, Lugo), Campos (Vila Nova de Cerveira, Viana do Castelo), A Cortiña dos Mouros (Cervantes, Lugo / Balboa, León).

A partir de 10 o 15 hectáreas estaban ya los grandes campamentos, que podían acoger una legión romana completa, con aproximadamente 6.000 hombres y una gran libertad operativa. La mayor parte de ellos están ubicados en la zona oriental de Galicia (Monte da Chá e Monte da Medorra (Láncara/Sarria, Lugo), A Penaparda (A Fonsagrada, Lugo / Santalla d’Ozcos, Asturias), O Monte de Ventín (Pol, Lugo) y O Cornado (Negreira, A Coruña).

Pero había recintos militares todavía más importantes, con dimensiones por encima de las 20 hectáreas, que podrían haber cobijado auténticos cuerpos del ejército con entre diez mil y catorce mil hombres. Los investigadores de Roman Army localizaron entre el río Limia y el río Miño dos grandes recintos en la Serra do Leboreiro/Laboreiro: Lomba do Mouro (Melgaço, Viana do Castelo/Verea, Ourense) y Chaira da Maza (Lobeira, Ourense).

Finalmente, los investigadores encontraron «castela» o fortificaciones estacionales de pequeño tamaño. Aunque el número, por el momento, es escaso, se trata de una serie de recintos ya documentados en otros puntos del norte peninsular. Se trata de A Recacha (Navia de Suarna, Lugo); Outeiro de Arnás (Verín, Ourense) controlando un buen tramo del valle del Támega; y O Castrillón (Touro, A Coruña). A ellos se suman otros asentamientos fortificados como Alto da Cerca (Valpaços, vila Real) y O Castelo (A Estrada, Pontevedra). El equipo de Roman Army se sorprende con la dispersión sobre el territorio de los sitios arqueológicos, que parecen identificar distintas zonas de operaciones.

Así que este nuevo mapa cambia la visión tradicional de la romanización de Galicia. Que no fue tan pacífica como se consideraba. Así que hubo un importante Vigo romano, en el que se integraron los galaicos que ya poblaban los castros de la ría viguesa. Pero quizá su historia inicial fue más conflictiva de lo que hasta ahora pensábamos...

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