El legado de Vázquez Cereijo, al descubierto

El Museo Provincial acoge una muestra con los objetos más importantes para el pintor lucense


lugo / la voz

José Vázquez Cereijo (Lugo, 1940-2016) mamó, respiró y dejó arte en estado puro antes de partir. Ahora, su legado está a la vista del público en el Museo Provincial de Lugo. Vázquez Cereijo se sintió siempre gallego y la morriña lo acompañó hasta que, tras jubilarse, regresó para vivir en su ciudad natal. Así lo recuerda su viuda, Anne Nikitik, una de las grandes responsables de que el legado del pintor pueda visitarse y disfrutarse desde ayer. Ella recuerda que su marido fue una persona que vivió agarrado a los recuerdos de su infancia, una referencia vital en su trayectoria personal y artística. También por él vino a vivir a Lugo y fue su mano la que le enseñó cada rincón de la ciudad. Anne es profesora en Baleira desde el 2013, año en el que se mudó con Cereijo a la ciudad.

«La pintura era su mundo y su pasión. Se desvivía por sus libros, por El Rastro y por su colección. Le gustaban muchas cosas. También la cerámica, los bordados tradicionales y los juguetes antiguos de bebé. Todo le llamaba la atención», explica Anne.

A Vázquez Cereijo le encantaba El Rastro y una gran parte de sus reliquias fueron adquiridas allí. El pintor compartió su vida con personalidades como el director del Instituto Cervantes y del Reina Sofía, Juan Manuel Bonet, y un gran número de artistas que pertenecieron a la Generación del 27.

Esta exposición es el homenaje a una vida entera y en ella también se rendirá tributo a otros artistas como Luís Pimentel -tío de Cereijo, Maruja Mallo, Gregorio Prieto, Uxío Novoneyra y Tino Grandío, entre otros muchos.

Un buscador de arte

Paco Pestana es el comisario de la exposición y conoció bien a Vázquez Cereijo. Lo define como un buscador nato de reliquias artísticas, con un olfato único y distinguido.

«Aquí hai toda unha vida con moitísimas historias», explica Pestana señalando algunas de las obras del artista.

Vázquez Cereijo no fue solo pintor sino poeta. Eso se transmite en toda su obra, envuelta en una especie de misticismo que se resguarda entre los tonos oscuros que emplea y un eco lírico.

El pintor lucense retrató a amigos y personalidades como Tierno Galván, Maruja Mallo, León Felipe, Antón Lamazares o Paco Pestana. En la exposición también hay cuadros de Lugo. Cereijo tenía unas vistas privilegiadas desde su casa en la Praza Maior. Desde allí veía la parte románica y no dejó pasar la oportunidad de retratarla.

En la exposición también se pueden disfrutar los cuadros más explícitos del artista, con vulvas y animales muertos que Pestana define como un «intimismo duro». Vázquez Cereijo fue un coleccionista compulsivo y admirador de los otros artistas.

Una de las piezas clave de la exposición es una especie de pecera que guarda un collage que contiene a Pablo Neruda y a Maruja Mallo junto al mar. Pestana decidió crear un pequeño teatro para esta muestra, que lleva el nombre de Eu sempre soñei ser a miña historia.

El acto acabó ayer con un cóctel en los jardines del Museo, que la directora trató de evitar, pero la diputada Maite Ferreiro ordenó, porque incluso lo pagaba la propietaria de la colección.

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