La difícil tarea de darse un chapuzón en Lugo

El Miño, a su paso por la ciudad, no cuenta con ningún área habilitada para el baño


lugo / la voz

Con los termómetros subiendo, pegarse un chapuzón en el río Miño se presenta como una propuesta atractiva. Pero hacerlo en Lugo no es tarea sencilla. Al menos, no gratis. Las distintas zonas de baño que discurren entre A Tolda y la Escuela de Piragüismo, bajo el puente de la Estrada vella de Santiago apenas están habilitadas y los bañistas tienen que ponerse creativos para meterse en el agua y darse un remojón.

En la zona de A Tolda se habló en su momento de habilitar un espacio para el baño. Pero a día de hoy allí el río solo lleva vegetación. Avanzando metros, se encuentra la Fábrica da Luz. A pesar de que la zona está precintada, muchos lucenses han encontrado allí un espacio en el que darse un chapuzón. Enfrente se encuentra al Club Fluvial, con sus instalaciones cuidadas, pero que son privadas.

El área de As Saamasas es una zona que se adapta especialmente para tomar el sol. Para cuando la temperatura aprieta, hay una pequeña zona de arena en el margen del río que a base de servir de entrada a los bañistas, se ha convertido en una bajada al agua.

A la altura de Los Robles se encuentra la zona más concurrida. Allí hay un arcaico acceso al Miño y además está el embarcadero de los catamaranes de la Diputación. Una infraestructura que los bañistas usan a menudo para acceder al agua, a falta de una entrada mejor. También ahí se encuentran unas escaleras habilitadas para los practicantes de triatlón a la que los lucenses recurren para adentrarse en el Miño.

Avanzando junto al cauce del río, el último punto de baño se encuentra a la altura de la Escuela de Piragüismo. En su zona de embarcadero coexisten los palistas con los bañistas, con el riesgo que ello conlleva.

El área fluvial, a la espera

Las sucesivas promesas respecto al área fluvial se han sucedido a lo largo de los años. En algunos casos, incluso se comenzó a trabajar en proyectos, pero hasta el momento todos han quedado en saco roto. El año pasado el Concello, con el Partido Socialista al frente en solitario, remitió a la Confederación Hidrográfica la documentación necesaria para estudiar la instalación de piscinas flotantes en el Parque do Miño. Pero hasta el momento no se ha sabido nada más de ellas.

Ahora se da la circunstancia de que Rubén Arroxo, que durante años reivindicó la necesidad de habilitar un área fluvial adecuada junto al Miño, forma parte del gobierno lucense, lo que podría ayudar a desatascar la situación. En su momento, desde la oposición, el BNG incluso se había mostrado proclive a instalar una escalera de madera que permitiese acceder con facilidad al río en la zona das Saamasas durante el verano.

Las iniciativas se han sucedido con los años, pero hasta la fecha ninguna ha solucionado la problemática y los lucenses siguen sin disponer de un área bien habilitada para bañarse en el Miño.

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