«Sin una pierna y sin trabajo, hago lo que puedo para sobrevivir»

La crisis ha dejado fuera del sistema a centenares de lucenses como Isidro, que pasó de tener de todo a sentirse inútil


lugo / la voz

Las historias de Isidro Vargas y de David Letizia son muy similares a las de decenas de lucenses a los que la crisis literalmente les estalló en la cara y, desde entonces, deambulan por la vida como pueden, malviviendo sin apenas ayudas y con pocas esperanzas de mejoría.

A Isidro Vargas, colombiano de nacimiento pero con la nacionalidad española tras más de 20 años viviendo en Lugo, la vida comenzó a torcérsele hace ocho años. Después de haber trabajado en numerosos negocios de la ciudad como camarero o ayudante de cocina, además de estar empleado en la Churrería Pepe, le diagnosticaron una diabetes en el 2011 que primero lo dejó en silla de ruedas en el 2014 y, desde finales del pasado año, sin una pierna. Durante el tiempo de su enfermedad hizo comidas de estilo colombiano que vendía para sobrevivir. Recibe los 450 euros de la risga; pero entre los 330 euros que paga de alquiler por un piso en Fontiñas y la compra de comida y medicamentos, se encuentra todos los meses sin dinero para afrontar otro tipos de gastos.

Ha intentado que en la Cruz Roja le echen una mano con el pago de recibos de luz o para unas gafas que necesita. Aunque en estos momentos el mayor problema al que se enfrenta -además de los miedos personales (sale muy poco de casa) al verse impedido- es una simple acción pero que para supone una heroicidad: ducharse. «Para mí meterme ahora en la ducha es una odisea; necesito mucho tiempo y tengo miedo a caerme».

Desde hace unas semanas, le echa una mano un italiano que duerme habitualmente en el Parque dos Paxariños, enfrente de su casa. Se llama David y, como Isidro, la crisis le ha llevado por delante algo más que daños físicos. Cuando puede, si no encuentra alguna chapucilla en la que poder trabajar, ayuda a Isidro en la difícil tarea de entrar en el baño, bajarse de la silla y meterse en la bañera.

Isidro, de tener más o menos estabilidad económica, ha pasado en una década a «perder una pierna y el trabajo, con lo que sobrevivo como puedo». Cuando se le pregunta si ha pedido ayudas a servicios sociales para tener al menos una persona que le eche una mano en la casa, el se siente derrumbado y manifiesta: «No estoy informado, me piden muchos papeles». A Isidro, que tuvo trabajos donde cobraba en negro, la vida ahora, sin la pierna, le parece más inútil, «Tengo miedo a caerme, al estar solo; pero me tengo que animar», concluye.

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«Sin una pierna y sin trabajo, hago lo que puedo para sobrevivir»