«Para ser científico hay que dudar de lo que uno mismo encuentra»

Liz, Premio Nacional de Investigación, regresó este jueves a su instituto de Lugo para dar una charla


lugo / la voz

Hace un par de meses el científico Luis Liz Marzán (Lugo, 1965) recibía de manos de Felipe VI el Premio Nacional de Investigación Enrique Moles de Ciencia y Tecnología. Este jueves, regresaba al que fue su instituto, el Lucus Augusti, para hablar de la ciencia y de su especialidad, las nanopartículas. El camino que ha recorrido entre ambos puntos ha sido exigente, pero también fructífero. Aunque huye de los halagos, Liz está considerado una eminencia y desde hace varios años ejerce como director científico del centro de investigación de materiales CIC biomaGune del País Vasco, una referencia.

-Usted es químico, ¿ya le gustaba la asignatura de pequeño?

-No, de hecho, cuando estaba aquí estudiando no escogí la asignatura de química y salí diciendo que iba a hacer cualquier cosa menos Química. Tuve muchas dudas sobre qué estudiar, hice varios exámenes de ingreso en distintas escuelas y facultades, y finalmente me metí en Química porque al año siguiente iba a empezar Veterinaria y así podía convalidar unas cuantas asignaturas. Sin embargo, decidí que me gustaba lo que estaba haciendo. El espíritu de ciencia sí que lo tenía ahí metido. La química no me llamaba nada hasta que me metí y la vi más de cerca.

-¿Qué le hizo cambiar de opinión?

-No lo sé exactamente, quizás empecé a ver la lógica de cómo funciona. Los químicos necesitamos tener una visión espacial muy acusada, prácticamente cuando pensamos en reacciones o procesos químicos es como si nos metiésemos dentro de la disolución y viésemos los átomos y las moléculas moviéndose.

-¿Qué hace falta para ser científico, ser muy curioso?

-La curiosidad es imprescindible, pero no es suficiente. Creo que es una de las profesiones más gratificantes si la vives con pasión y creo que la pasión es esencial. Hace falta mucha capacidad de trabajo, mucha paciencia, perseverancia y también mucha capacidad de dudar de lo que uno mismo encuentra y aprender de lo que los demás encuentran.

-Cuestionárselo todo.

-Sí, lo discutía con mi hija, que está empezando la Universidad, Bioquímica, y me decía: ‘es que esto es así porque me lo han contado en clase’. Y yo le decía que eso no tiene que ser así. Todo lo que decimos son propuestas de cómo funciona el mundo y cómo funciona la materia, no estamos seguros de que lo que decimos sea realmente cierto.

-¿Qué supuso para usted recibir el Nacional de Investigación?

-Es difícil de resumir. Hay que tener en cuenta que los premios suelen llevar el nombre de alguien, pero reconocen el trabajo de muchísima gente que trabaja en cada investigación. Luego, ha tenido una relevancia a nivel científico y un impacto dentro de nuestro campo bastante mayor de lo que es habitual. Tener ese reconocimiento a nivel internacional es lo que hace que nuestro trabajo se vea más y se considere más destacado. Da ciertas ventaja a la hora de atraer científicos muy competentes a mi grupo de investigación, y eso realimenta la calidad del trabajo que hacemos. También ayuda a que cuando uno propone un tema de investigación, se escuche con más atención, lo cuál también ayuda a tener mas fondos para trabajar.

-Lleva cinco años constando entre los científicos más citados del mundo. ¿Cómo lo interpreta?

-Por una parte significa que sabemos escoger los temas de investigación. Los científicos no son los que siempre saben dar las respuestas correctas, sino los que hacen las preguntas adecuadas. Para hacer preguntas adecuadas hay que conocer muy bien la materia y saber qué queda pendiente de resolver para poder avanzar. Eso es lo que intentamos hacer bien. Y sobre la base de ese reconocimiento de citas, pues parece que vamos acertando. Lo principal es saber qué tema hay que abordar, como abordarlo y luego saber explicar los resultados.

-¿Considera que la ciencia tiene el reconocimiento social, institucional y político que se merece?

-Creo que cuando se pregunta, somos la segunda profesión más valorada de la sociedad, pero no estoy seguro de que haya suficiente conciencia de la importancia que tiene apoyar la ciencia como herramienta de economía. Es algo a lo que todavía no estamos acostumbrados suficientemente. Es nuestra responsabilidad también el mandar un mensaje lo más general y convincente posible, porque si nosotros no mandamos ese mensaje, es muy difícil que llegue. Creo que en los programas electorales de la mayoría de partidos la ciencia se ve muy poco, y eso es un mensaje de algo. Entonces, creo que es muy importante convencer a la sociedad de que si seguimos dependiendo de la innovación que se hace en otros sitios, la riqueza propia nunca va a progresar lo suficiente.

«Intentaremos crear réplicas artificiales de tumores que lleven nuestros nanosensores»

Luis Liz se ha especializado en el campo de las nanopartículas, partículas cuyo tamaño es de millonésimas de milímetro. «Lo interesante ya no es que sean pequeñas o muy pequeñas, sino que en ese intervalo de tamaños específico las propiedades de los materiales cambian dramáticamente». «El reto de nuestra investigación está, por una parte, en una fabricación perfecta, y usamos métodos químicos para hacer billones de nanopartículas exactamente iguales dentro de una disolución, y luego saber procesar eso para fabricar sensores que tengan la suficiente sensibilidad y selectividad para poder diagnosticar enfermedades e incluso para encontrar nuevos métodos de reparación de enfermedades.

-¿Están estudiando aplicaciones biomédicas creando tumores de laboratorio?

-Lo que vamos a intentar es crear artificialmente réplicas de tumores que lleven insertados nuestros nanosensores para entender mejor cómo funcionan los tumores y cómo reaccionan a la adición de fármacos o a variaciones en el entorno con la esperanza de entender mejor cómo funciona la enfermedad y buscar mejores soluciones a la misma.

-Proyectos como este parecen largos y costosos.

-Para este, en concreto, hemos conseguido una financiación muy difícil de lograr a nivel europeo que nos ha dado casi dos millones y medio de euros para gastar en cinco años, lo que nos va a permitir no solo tener infraestructuras novedosas, sino también contratar científicos que vengan de distintos campos. Porque aquí necesitamos químicos, físicos, biólogos, médicos, que puedan combinar su experiencia y aprender.

-¿Con cuánta gente cuenta en su equipo?

-En mi equipo somos del orden de veinte, en el centro, en total, científicos seremos unos cien. Es una apuesta importante, no solo en número de personas. Entre mis responsabilidades está también el dirigir cuáles son las direcciones de investigación dentro del centro y priorizar unas líneas frente a otras, seleccionar también investigadores principales, y esa es una responsabilidad muy grande pero también una oportunidad de buscar sinergias entre distintas líneas que de momento están funcionando bastante bien.

-Lleva ya unos años trabajando en el País Vasco, pero siempre se le pregunta cuándo regresará a Galicia. ¿Tiene la respuesta?

-En la vida las decisiones se toman cuando llega el momento. Cuando tuve la posibilidad de afrontar el reto de hacerme cargo de la dirección científica de un centro con mucha proyección y de reiniciar también mi grupo de investigación, me pareció una aventura interesante y creo que todavía no está terminada. De momento no me planteo muchas cosas.

-Antes hablaba de la necesidad del científico de ser perseverante. ¿Cuántas horas puede trabajar usted al día?

-Ha variado a lo largo de los años, es difícil cuantificar. En la oficina no suelo trabajar más de nueve o diez horas, pero en casa suele haber más actividad. Por ejemplo, los festivos he estado trabajando doce horas cada días porque tenía que acabar un trabajo. No es habitual, pero a veces pasa cuando hay fechas límites y trabajo pendiente.

-Por cierto, usted es lucense. ¿Ejerce como tal? 

-Sí, yo solía tener la camiseta esa de «Son de Lugo e non o nego»(risas). Sinceramente, yo nunca he sido muy patriota de ningún sitio, no creo en las patrias, creo que hay que ser ciudadano del mundo, pero eso no significa que no se tenga un sentimiento de localidad.

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