Cata Pollini: «Vine a Lugo buscando una experiencia nueva»

Le sobrecogió la niebla cuando fichó por el Ensino en 2000, pero ya no pudo marcharse


LUGO / LA VOZ

No le entusiasman las entrevistas y esquiva a los medios siempre que puede, quizás por eso Cata Pollini (Vicenza, 1966) decidió retirarse en Lugo. Tras brillar en el baloncesto internacional de los 80 y los 90, la interior italiana fichó por el Ensino con el cambio de milenio. Encontró una familia y convirtió al club rojillo en su casa, donde sigue aportando su saber hacer 19 años después. La suya es una historia apasionante, ligada íntimamente a la pelota naranja.

-¿Qué recuerda de su llegada a Lugo? La primera impresión.

-La niebla en agosto. Yo vengo de un sitio donde hay niebla también, pero ¿en agosto? De aquellas la liga empezaba antes y entonces ya estábamos con la pretemporada. La primera mañana fui hacer el reconocimiento médico y había una niebla... Me pregunté, ¿dónde me he metido? Ahora ya ves, sigo aquí [ríe].

-¿Cómo fue la opción deportiva? ¿Qué le atrajo de Lugo?

-Acababa de jugar en Schio, fue una temporada durilla porque acababa de tener a la niña y el año con ella no fue fácil. Pensaba que mi etapa allí había acabado, buscaba una experiencia diferente y nueva, mirando incluso la posibilidad de irme fuera. Surgió lo de Lugo, sinceramente sin yo saber mucho de la ciudad. Sabía que el equipo había hecho buenas campañas a nivel deportivo, siempre estaba ahí arriba y me lancé. Estaba con una niña pequeña y venía un familiar a ayudarme, después se fue, toda una aventura. Tuve la suerte de encontrar una familia aquí que me adoptó, creo que por eso me quedé.

-¿Qué supuso en el salón de la fama del básquet italiano?

-Es algo importante porque al final es el reconocimiento de toda una carrera deportiva y con la selección aún más. Fueron años bonitos, algunos más difíciles que otros y cuando empecé con la selección había todavía estos equipos intratables que no ganabas. Quedar cuarto en el Europeo era un buen resultado. De aquellas era imposible ganarle a Rusia o a Yugoslavia. Después cambió un poco la cosa y de hecho, en los últimos años, conseguimos también llegar a medalla.

-Fue la jugadora con más internacionalidades, ¿lo sigue siendo?

-En Italia sí.

-¿Y hace cuanto que se retiró?

- Después de las olimpiadas de Atlanta, en el 96, con 30 años. Podía ser joven o no, hoy en día es un poco diferente. Si no me retiraba entonces iba a querer estar en las próximas olimpiadas, pero cuatro años ya eran demasiados.

-Si menciono Barcelona 92, ¿qué le viene a la cabeza?

-El sueño que se hace realidad. Lo habíamos intentado años atrás y siempre había salido mal. Fue un poco raro cómo nos clasificamos, porque fue porque el equipo de Yugoslavia ya no era Yugoslavia, era Serbia, estaban en plena guerra... Si lo piensas, es un poco duro. Nosotras jugamos el torneo para esa clasificación, que fue en Vigo y pasaban los primeros cuatro. Nos dijeron que como no sabían si al final habría denuncia, teníamos que jugar un último partido entre los que habían quedado quinto y sexto o algo así. Lo jugamos y ganamos, lo teníamos ahí, pero no sabíamos. La gente estaba de vacaciones cuando nos llamaron. Fue algo increíble, la verdad. Si miras las fotos de aquellas olimpiadas estábamos todos morenos de la playa [ríe]. Fue una experiencia muy bonita y aunque deportivamente perdimos los partidos, competimos. La experiencia fue espectacular porque además el sitio era una maravilla, lo organizaron muy bien. La villa olímpica era allí al lado del mar... una pasada.

-Si tuviera que escoger un momento deportivo sería...

-Por suerte hay muchos. No me puedo quejar. Si miras el palmarés se ve que gané mucho, aunque perdí mucho también porque finales, por suerte, jugué muchas. Hay momentos de todo tipo. Barcelona como experiencia, también la Copa de Campeones... En el 83 la empezamos súper mal, perdiendo de diez, de doce y de repente despertamos. Entonces yo tenía 17 años recién cumplidos y estaba en la nube. Después vinieron muchas más, la NBA y un poco de todo.

-¿En quién se fijaba cuando tenía 17 y estaba despegando?

-Te digo la verdad, cuando era joven yo no me planteaba ser profesional, iba, me divertía mucho, me encantaba viajar y faltaba a clase. Nosotros de aquellas jugábamos los domingos y después el lunes había que ir a clase. Es verdad que tenía que recuperar todo, porque tenía a mi familia detrás que me apretaba y hoy lo agradezco.

-¿Cómo era como jugadora?

-Siempre fui una jugadora de equipo, me gustaba mucho. Una jugadora de atrás hacia adelante, con mucha defensa y ayudando mucho a mis compañeras.

-¿Más de talento o de trabajo?

-Todo el mundo me dice que tuve mucho talento. En cuanto al trabajo bueno, no me volví loca. Más que nada porque el tema de los estudios era importante. Y entonces era diferente, tampoco había tanto gimnasio. Cuando empecé a jugar más profesional había muchos entrenamientos. Un buen entrenamiento daba mucha satisfacción, quizás me faltó un poco de trabajo individual para mejorar algunas cosas: la mano izquierda o los tiros libres, que nunca fui buena y son importantísimos.

UNA CARRERA DE 27 AÑOS

Pollini despuntó como internacional con 17 años y a lo largo de 27 años alcanzó un palmarés interminable. Brilló en la década de los ochenta y los noventa, atesorando una docena de ligas en Italia, siete Copas de Campeones (Euroliga) y llegó a las finales de la WNBA. Terminó su carrera aquí y, años después de su retirada, sigue siendo la italiana con más partidos con su selección (252).

«Las jugadoras ahora viven mucho el presente y yo ya tengo mis años para impresionarlas»

-¿Antes había menos obsesión con la técnica?

-Era diferente, ahora te filman, ven donde fallas y es mucho más específico. Yo empecé a jugar en el primer equipo con 13-14 años y acabé con 40, siempre en primeras divisiones. Desde mi principio hasta el final ya hubo un cambio brutal.

-¿En general, cambió mucho el baloncesto femenino?

-Sí, yo digo siempre que físicamente es mucho más fuerte. La gente se prepara mucho más, quizás ahora se deja un poco más el tema de la técnica individual, que debería ser importante. Las que trabajan las dos cosas son cracs.

-¿Y el italiano? Porque usted vivió una época dorada...

-Bajó bastante, aquella era la época buena. Había más gente jugando al baloncesto que al voleibol. Hay que trabajar mucho a nivel de cantera y colegios, la base es muy importante y si hay una base grande es más fácil.

-¿Quién le marcó más?

-No me puedo quedar con una sola persona. En cada sitio en el que estuve intenté coger la parte positiva y adaptarme. Es algo importante.

-¿Qué representa el Ensino para usted después de este tiempo?

-Ya he pasado aquí varias etapas, pero en general lo considero mi club. Al fin y al cabo he pasado más tiempo aquí que en mi club de origen que es Vicenza, en el que también pasé mucho tiempo y en el que viví una de las mejores etapas de mi carrera. Conseguimos ganar mucho, teníamos jugadoras muy buenas y mucha capacidad de equipo. Es una pena que no haya más vídeos de esa etapa.

-¿Qué intenta transmitir a las jugadoras de ahora? Les tiene que impresionar tener una figura como usted tan cerca...

-No lo sé, yo ya tengo mis años y no sé si se dan cuenta. Hay gente tan joven... yo podría ser su madre. Ahora viven mucho el presente, hablando con algunas no conocen o no saben. Cuando se lo explicas sí que se quedan en plan «¡buah!», pero luego siguen con sus redes sociales y sus cosas [ríe].

-Usted que fue madre y jugadora, hoy sigue siendo un hándicap.

-Los chicos lo tienen mucho más fácil, obviamente. Yo creo que se puede hacer, tienes que tener tú la capacidad de quererlo y un entorno que te ayude un poco. Nosotras lo vemos en nuestro equipo con Arantxa [Novo]. Se podrían mejorar algunas cosas, aunque no todo. Ellos también cobran más y se pueden permitir llevarlo de otra manera.

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