El joven cura que dejó Albania para misar en San Lázaro da Ponte

En solo unas semanas, Abraham Sánchez, de 33 años, ya hizo un grupo de monaguillos y un coro parroquial


Lugo / La Voz

La diócesis de Lugo, al igual que la provincia, es de las más envejecida de España. Los curas ya van mayores y las parroquias necesitan renovarse con urgencia. Muchas, especialmente de las zonas rurales, incluso muy cercanas a la capital, no pueden tener misa cada domingo porque no hay quien mise. Los feligreses de varios puntos próximos a Lugo celebran desde hace varias semanas la llegada de un cura joven, de 33 años. Es Abraham Sánchez Pujante, un cartagenero que viene de Albania, uno de los países más pobres de Europa.

Este cura joven es el nuevo responsable de atender al barrio de San Lázaro da Ponte y a Piugos, Calde, Esperante, Bazar y también la capilla vecinal de Santa Eufemia. En los últimos días trabajó sin descanso por las tardes para acondicionar la casa parroquial de A Ponte, en la que tiene previsto establecer su despacho.

De Albania a San Lázaro da Ponte. Esa es la trayectoria del cura cartagenero que, con 19 años, acabó en la diócesis de Leznhe, en la frontera con Montenegro. «Allí he dejado media parte de mi corazón», recordó ayer. Cuando llegó, el país albanés salía de la etapa comunista y la población tenía que hacer frente a muchas penurias. «Solo había agua y luz tres o cuatro días. Para mí, que venía de estar cómodamente en mi casa de Cartagena, fue un shock», recuerda. Poco a poco, fue adaptándose a la nueva situación.

«La idea de quedarme en España no me atraía y pensé en algún momento en África o Sudamérica para trabajar con enfermos, pero mi destino estuvo en Albania», recordó. En Leznhe formó parte de la primera generación de seminaristas diocesanos y fue allí donde se ordenó sacerdote. Durante su estancia aprendió al albanés y, durante cinco años, estuvo trabajando en la curia como traductor. Ahora, en A Ponte, trata de ir pillando el gallego que ya empieza a dominar. Si el albanés no se le resistió, tampoco cree que lo haga la lengua de Rosalía.

Abraham, además de cura, es músico. En Cartagena acabó los cursos de flauta travesera y también hizo dirección coral. «Como provenía de una familia de músicos, era más fácil», aseguró ayer.

En Albania formó una agrupación musical y en A Ponte, va por el mismo camino. «Siempre había música por el medio», recuerda de su paso por el país balcánico. Aquí también hay musica. Ya activó el coro parroquial en San Lázaro, así como un grupo de monaguillos.

Antes de llegar a Lugo pasó por una experiencia de dos años en Montevideo y de nuevo, en junio de 2013, regresó a Albania, pero ya su estancia fue mucho más corta porque lo necesitaban, debido a la falta de sacerdotes, en el Seminario Misionero lucense del que ahora es su rector. Ese centro que dirige tiene actualmente siete alumnos procedentes de diferentes lugares del mundo. Son jóvenes de entre 18 y 24 años.

Volver a casa

«Me atrajo mucho volver a casa», comentó Abraham después de que le aconsejaran desplazarse a Lugo debido a la falta de curas. Llegó el 17 de septiembre de 2017 y enseguida comenzó a colaborar con José Antonio Salgado, el sacerdote de San Lázaro que luego se fue a Lalín. El cura joven se quedó de administrador parroquial y muy pronto el obispo, recuerda, le adjudicó las parroquias de Piugos, Calde y Esperante, además de Bazar, la capilla de Santa Eufemia y la del hospital de Calde. Cada domingo oficia cuatro misas: dos fijas en San Lázaro y Polusa y las otras las va alternando.

«Pasaron años sin bautizos y ahora tenderemos tres»

El joven cura de A Ponte, de nombre bíblico, ya está metido de lleno en el día a día del lugar que este fin de semana celebra sus fiestas patronales en honra de San Lázaro. Después de mostrar agradecimiento a los sacerdotes anteriores por su ayuda destacó la gran acogida que le dispensan sus feligreses. Asegura que la asistencia a las celebraciones aumenta, lo mismo que la presencia de niños en las catequesis. «Creció el número de bautizos. Hacía años que no los había y en las próximas semanas tendremos tres en A Ponte», recordó.

En San Lázaro formó un grupo de monaguillos. Compraron ropa nueva y ahora cada domingo varios niños acompañan al cura en el altar. Eso lleva emparejado que también participen en la celebración las abuelas y los padres. Dice que Abraham que hay que revitalizar la vida en la parroquia.

Si en Albania puso en práctica sus dotes y conocimientos musicales, en A Ponte hizo lo mismo. Puso en marcha un coro parroquial que le permite conocer más de cerca a sus feligreses y cuáles pueden ser sus necesidades. Asegura estar muy satisfecho con la acogida que los files dispensan a sus iniciativas.

Conocer a sus feligreses

Sánchez Pujante recuerda que, a lo largo de este invierno, se produjeron en sus parroquias numerosos fallecimientos. «Desafortunadamente son situaciones tristes pero a mí me sirvieron para ir conociendo a muchas personas. Por ejemplo, al acabar las novenas aprovecho para conocer a los familiares de los fallecidos, a sus vecinos...», asegura el sacerdote que considera primordial conocer la realidad de sus parroquias para adaptar a las mismas las actividades religiosas. «Me siento apreciado y querido. Lo que estoy viviendo es una experiencia interesantísima», asegura.

El nuevo cura se hace acompañar habitualmente de alguno de los siete alumnos del Seminario Misionero. La presencia de jóvenes en las iglesias, destaca, ayuda a que la juventud se interese por acudir y participar.

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