Y de repente el jabalí está de moda


El jabalí es portada de telediarios, de programas de entretenimiento y de buena parte de la prensa escrita. Todo el mundo comenta la novedad de que «Los jabalíes campan a sus anchas por las carreteras gallegas». «Se estima que cada día ocurren 8 accidentes de tráfico provocados por estos animales». «Tres jabalíes se pasean por A Piringalla». «Jabalíes en la Ronda da Muralla». «Lugo utilizará arqueros profesionales para abatir jabalíes en el centro urbano». Y en torno a estas noticias surge el problema de fondo haciendo que lo anecdótico nos haga perder la perspectiva real. Esto es, que siendo verdad lo que nos cuentan ello hace que desviemos el foco de atención del verdadero problema: la procedencia de estos animales, y por qué llegan a la ciudad. Si en la Ronda da Muralla de Lugo, o en A Piringalla corretean tres o cuatro jabalíes o una hembra con sus crías, hurgando o comiendo en los jardines o rotondas o intentando huir de las luces de neón y de un asfalto extraño para ellos, cuántos de esta especie habitarán en su entorno natural, en su hábitat real, en su medio que es el rural, lugar en el que viven, se alimentan, se reproducen y hasta sirven de ocio para ciertas personas.

Lo triste es que el jabalí sea noticia en el medio urbano y lo preocupante es que lo anecdótico haya superado a la realidad, a los daños que esta especie causa en su entorno natural, en la agricultura y ganadería. Praderas levantadas, plantaciones de maíz arrasadas y millones de euros perdidos que van al plato de la balanza, ya a rebosar, de los problemas económicos soportados por agricultores y ganaderos.

Piensen ustedes en el ganadero (uno de tantos) viendo sus 6, 8, 10 hectáreas de prado levantadas o las 8, 10, 12 hectáreas de maíz devastadas que le ha costado un riñón sembrar y ahora tendrá que entregar el otro para cubrir las pérdidas. Y, de vuelta a casa, cansado, abrumado, derrotado, ausente porque su cabeza está ocupada en pensar cómo afrontar esta situación que acaba de presenciar, se sienta a la mesa con su familia y, de pronto, en su televisor escucha que alguien anuncia que unos arqueros vendrán a Lugo ciudad a luchar contra los jabalíes. «No puede ser verdad!!», le dirá a su esposa. Y su hijo, más espabilado, pero también más ingenuo, les recordará «que sí papá!! seguro que son los arqueros del bosque de Sherwood, los de Robin Hood y cuando acaben con los de la ciudad vendrán para matar a todos los que nos han hecho tanto daño a nosotros».

Y entre tanto, entre anécdotas, la vida en el paraíso sigue igual, en permanente lucha por subsistir, aferrados a un orgullo heredado de generaciones que nos susurra que la tierra es del hombre y el hombre debe amarla, cuidarla, trabajarla y ella le pagará con su fruto.

Por Manuel Arias Ganadero en Taboada

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