Quique Rozas


Quique Rozas no pudo más y tiró la toalla. Anunció que tras 30 años dedicado a su partido y al Ayuntamiento de Lugo, abandonaba la política municipal y desistía de formar parte de las listas del PP, en el caso de que lo incluyeran, digo yo, o que lo situasen en puestos merecedores de su enorme entrega y trabajo, antaño y ahora, dentro del Patronato de Deportes, como concejal o siempre relacionado con el aspecto deportivo y la Policía Local.

No comparto sus postulados políticos, pero no tengo duda de que Quique creyó firmemente en ellos y a ellos dedicó su actividad política.

Tampoco pongo en duda que Quique Rozas es una persona muy popular y querida en Lugo, habitual de las visitas de su partido a los barrios, de los encuentros con los vecinos, de tomarse unas cañas por su barrio de A Milagrosa o de acudir a cuanta actividad deportiva tenía lugar en Lugo. Como amigo, siempre le eché en cara que no se soltase algo en gallego, como sus compañeros de corporación y partido, pero fue una batalla perdida. A ver ahora, con tiempo.

Rozas era para muchos lucenses, de uno u otro partido, y para mí, que no le votaba, el candidato idóneo para encabezar la lista de los conservadores a las municipales pero, como siempre por estas tierras, las conspiraciones derriban a los mejor preparados.

Ahora ha dicho que se marcha, que pronto se jubilará y que es momento de dejar paso a otra gente y de retirase a los cuarteles de invierno con la familia. Pero esto que dice, no cuela, no se lo cree ni él. Se va, en román paladino, cansado de que le hagan la cama, de desprecios y de que no lo valoren en su justa medida. Se retira un buen municipalista.

Bienvenido a la vida, Quique.

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