Empresas de Lugo son pioneras en el control de cosméticos y textiles

Consiguen análisis más rápidos y eficaces para detectar sustancias químicas


lugo / la voz

 

«Tenemos las herramientas y ahora el objetivo sería crecer, porque hay una gran cantidad de productos y servicios que demandan mejores controles y más baratos, es un terreno virgen, que nadie hace en el mundo, y nosotros podemos ser los primeros, tenemos que intentarlo». Quien así se expresaba ayer era el catedrático de Química Orgánica de la USC Javier Sardina en la presentación de los resultados del consorcio de empresas QFashion que durante los tres últimos años han trabajado con el fin de desarrollar técnicas de análisis de última generación que permitan el control de productos de consumo en los sectores de la cosmética y el textil.

Las empresas biotecnológicas AMSlab, Biomig y Xenotechs, todas ellas con sede en Lugo, y la compostelana Mestrelab (software), con la colaboración de dos grupos de investigación de la USC y la empresa alemana G.A.S GmbH (hardware), presentaron los resultados del proyecto biotecnológico, que fue financiado con fondos Feder a través de la Axencia Galega de Innovación. En la exposición participaron los responsables de las firmas y de los grupos universitarios, bajo la coordinación de Manuel Lolo, CEO de AMSlab, quien explicó los resultados que les ha permitido el desarrollo de un catálogo de servicios analíticos completos para el control de calidad a más de una docena de clientes, entre industrias textiles y cosméticas de España y del extranjero.

Gracias a la aplicación de la tecnología de espectrometría de masas de alta resolución, la investigación de este proyecto permitió demostrar la viabilidad técnica de un método inédito que permite la detección simultánea de un centenar de sustancias prohibidas que, siendo improbables en cosméticos, sin embargo es necesario garantizar su ausencia, como pueden ser los pesticidas, contaminantes orgánicos, antibióticos o nitrosaminas.

Manuel Lolo explicó, con los últimos datos del 2016, que en la Unión Europea, en los controles realizados en tiendas y aduanas, se tuvo que descartar el 13 % de los productos textiles y de moda y un 31 % de los cosméticos y joyería por incumplir normativas, y de ese 45 %, entorno al 23% lo fueron por incluir sustancias químicas que suponen un riesgo de toxicidad.

Ante esta situación, las empresas que integraron QFashion buscaron los métodos analíticos más rápidos y eficaces que permitan a las industrias poder realizar controles en los puntos de producción. Otro de los retos fue el desarrollo de hardware, software y protocolos químicos requeridos para avanzar en una nueva herramienta tecnológica de laboratorio móvil para el análisis de sustancias químicas in situ. La investigación ha logrado diseñar y crear un prototipo funcional que permita abrir aplicaciones inesperadas y prometedoras, por ejemplo en el control microbiológico y la caracterización de perfumes, con el fin incluso de destapar un posible fraude en el producto que llega al mercado.

Algunos de los resultados, indicó Manuel Lolo, que ya se aplican con empresas textiles y cosméticas, forman parte del secreto industrial, pero en otros aspectos valoran crear patentes para su comercialización. Aun así, a los participantes del proyecto les gustaría contar con el apoyo financiero de empresas y administraciones con el fin de seguir desarrollando una materia en la que afirman que Lugo y Galicia son ya pioneros en el mundo.

«Las empresas que reduzcan los tiempos son los que se llevarán el gato al agua»

El responsable del AMSlab, Manuel Lolo, destacó que la novedad de los resultados del proyecto es que han conseguido aminorar los tiempos de análisis necesarios para detectar hasta 3.000 sustancias prohibidas, de ellas solo 1.500 por la UE.

«Por ejemplo, para pasar un método ISO se necesitan unos cinco días y nosotros hemos adelantado el proceso en pocas horas; o reducir tres métodos de análisis en uno solo y además aplicarlo en el control diario de las empresas», explicó Lolo.

Por su parte, el profesor Javier Sardina fue mucho más explícito en la importancia de los resultados: «Son un ejemplo de que la ciencia pura se convierte en ciencia aplicable para incrementar beneficios y reducir costes, además de garantizar calidad», y puso ejemplos muy claros: «El modelo de producción de la moda está deslocalizado, uno piensa en una prenda en Arteixo, que la fabrican en Bangladesh, pero con tejido de la India y con colorantes de China, y después la traen hasta el puerto de Valencia y luego de nuevo hasta Arteixo y a partir de ahí se vende en todas las partes del mundo. Es un modelo que depende de la gestión del tiempo, y el generar tecnologías de control que sean más rápidas, que entren a controlar antes del proceso de fabricación es fundamental, el que gestiona bien el tiempo, se lleva el gato al agua».

El catedrático de la USC considera que los análisis de control se tienen que realizan en los centros de producción y no en la distribución, como ahora: «Es un desafío conseguir que se simplifiquen los procesos y se eviten los problemas lo antes posible, que se evite que una producción de 100.000 camisetas se tenga que quemar».

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