«El Breogán es más que un club»

José Manuel Cabezudo dice que se integró en la vida de Lugo y que la ciudad se volcaba con el baloncesto


lugo / LA VOZ

José Manuel Cabezudo ve ahora los toros desde la barrera, aunque en realidad no ve reses bravas, ni toreros, ni banderilleros; ve jugadores que defienden la camiseta que él vistió y que, desde luego, fue para él más que un simple uniforme de trabajo. La huella breoganista sigue presente, sin que él, por otro lado, intente disimularla. Tampoco niega que si volviese a nacer, sería de nuevo jugador de baloncesto.

-¿Ha cambiado el baloncesto desde los tiempos en que usted jugaba?

-Ha cambiado, ha cambiado. Gente más grande, más tiros de fuera... Los jugadores son más atletas, lo cual no quiere decir que sean mejores.

-¿Había entonces más escala humana que ahora?

-En mi época la gente se integraba más en la vida de la ciudad: hacíamos vida aquí, salíamos aquí... Otros que llegaron después no se integraron tanto. Gente que llegó hace años se quedó a vivir; otros que vinieron luego, no.

-¿Cómo vive la relación con el entorno un jugador que llega a una ciudad más bien pequeña, como le ocurrió a usted?

-Yo venía de Bilbao, que tampoco es enorme. Las ciudades las hace la gente: si es una ciudad preciosa y estás solo, es horrible. Si vienes y eres nuevo, al principio puedes sentirte mal; luego te integras, claro.

-¿Añora los tiempos de esa cercanía?

-Tiene cosas positivas y negativas. Pueden decirte ‘qué bien lo hiciste’ o ‘qué paquete eres, lo hiciste mal’. Recuerdo que una cosa que me gustaba era ir disfrazado en carnaval. Era divertidísimo, porque habitualmente te conocían.

-¿Pensó que acabaría echando raíces en Lugo?

-No. Pero... Surgió primero un grupo de amigos interesantes, con los que me integré enseguida; y la que es hoy mi mujer, claro.

-¿Es el Breogán más que un club?

-Claro que es más. La afición se volcaba, la ciudad siempre estaba volcada con el baloncesto. Pero [el club] ha pasado una larga temporada sin estar en la élite y tira menos.

-¿Volverán esos momentos?

-No puedo vaticinarlo, no lo sé. Primero debe haber una permanencia en la ACB durante años para que vuelva a darse aquella relación entre público y jugadores. Pero lo que hace ahora, acabar el partido y salir los jugadores a saludar y a estar con los niños, lo aplaudo. Debiera hacerse en todos los clubes.

-¿Cuando ve baloncesto, siente que aún ve a Manel Sánchez, a Juanmi Alonso...? [Fueron jugadores con los que coincidió en la plantilla breoganista].

-No los veo, pero comparo cómo defendía Juanmi [Alonso] o cómo solventaba las situaciones Manel [Sánchez].

-¿Están aprovechados los exjugadores del Breogán?

-Cero. En eso siempre pongo como ejemplo al OAR Ferrol, que es lo contrario de lo que pasó aquí. Siempre tuvo muy cerca a los ex jugadores; el Breogán, nada.

-¿Por qué pasa eso?

-No sé, no puedo decirte. El [Real] Madrid mantiene a sus ex jugadores en muchos lugares; aquí, nunca.

-¿No resulta una actitud de torpeza?

-Total y absoluta. Igual no aportamos nada, pero igual sí. Los exjugadores pagamos una cuota como cualquier socio y hacemos alguna cena, pero por nuestra cuenta,

«Falo galego, escribo galego, a miña muller é lucense, o meu fillo é lucense»

El Cabezudo que fue jugador ha dado paso al exjugador. Este es consecuencia de aquel, pero no solo por el simple paso del tiempo.

-¿Es lucense?

-Siempre digo que una parte de los sitios donde he estado queda en mí. Me gusta Logroño, me gusta Gijón, me gusta Bilbao, me gusta Zaragoza... De todos esos lugares se queda algo, y no puedes olvidar tus raíces... Pero tengo algo de lucense. Falo galego, escribo galego, a miña muller é lucense, o meu fillo é lucense... Xente moi orgullosa, a lucense. Sempre foi tratada mal. ‘Eses que teñen vacas’, se dicía. Lugo es bonito: tiene una muralla de 2.000 años, tiene una catedral interesante, tiene gente agradable... [Los cambios de idioma fueron introducidos espontáneamente por el entrevistado].

La cantera, un valor que además ayuda a llevar gente a la cancha 

En la historia del Breogán de las últimas décadas pueden aparecer jugadores extranjeros (Jimmy Wright, Charlie Bell, Velimir Perasovic...), pero también jugadores locales. Cabezudo destaca que el club debe preocuparse por formar jugadores capaces de llegar al primer equipo: «No tienen por qué ser los mejores del mundo, pero pueden jugar ocho o diez minutos», dice

-¿Cuánto aporta tener gente de casa como Tito Díaz, Manel Sánchez, Suso Fernández...?

-Mucho. Van sus padres, sus tíos, sus amigos, la novia, las amigas de la novia... Cuando lo hacen bien, se habla mucho. El año pasado Sergi Quintela hizo una gran temporada: cuando lo hacía bien, el público se volcaba.

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