El bus que cabrea a los viajeros por los retrasos da 8 vueltas en 500 metros

Ir de A Campiña al centro de Lugo y volver en el número 5 lleva más tiempo que viajar a Coruña y regresar


Lugo / la voz

Esta debería ser una crónica de un viaje en el polémico bus urbano de la línea 5 que cada día suscita las protestas de numerosos viajeros por sus escandalosos retrasos. No lo es porque el Concello de Lugo cogió la insana costumbre de poner las pocas marquesinas de paradas al revés, es decir del lado por el que no circula el autobús. Y eso ocurre, por ejemplo, en A Campiña, enfrente a la gasolinera de la BP. El bus sube hacia Muxa por el lado en el que no está el «caseto», pero curiosamente no vuelve por esa parada. Pero esa es solo una pequeña sorpresa de un recorrido que es un auténtico despropósito.

Instalado en una parada por la que el autobús no pasa (no es el de A Campiña el único caso), el periodista esperó desde las 13,20 a las 14,05 por el autocar. Según los vecinos, debería circular a las «y media», pero «vaiche boa, anda cando lle cadra». Esa larga espera en la parada sirve para saber cuando son las fiestas en Teixeiro y también en Triabá y que se puede tener un sábado muy festeiro en la «Zook» (discoteca). Todo eso gracias a los restos de los carteles que quedan pegados en el habitáculo en el que no hay ni una muestra mínima de algún horario, ni tan siquiera de hace años. Entonces... a esperar.

El bus, por fin, pasa por la parada en sentido Muxa a las dos en punto. Lleva tres personas. A la vuelta ya no sirve para nada a quien trabaje en las empresas de A Campiña. En vez de salir a la N-640 por el mismo sitio que entró, da un rodeo y el periodista se queda en tierra. Al percatarse de que el autobús está de camino hacia Lugo, no queda más remedio que coger el coche particular y seguir su itinerario que puede considerarse, más o menos normal, hasta que llega a A Milagrosa por la avenida da Coruña, después de haber pasado por sindicatos.

A todo esto, no está de más contar que durante casi todo el trayecto van el conductor y un pasajero. De regreso a Muxa, el bus también circula vacío hasta que en esta parroquia sube un pasajero con muletas. Al Concello le salía mejor llevar en taxi a los viajeros. Ahorraría dinero.

El show del 5, que ayer cubrió el bus número 562, con matrícula 1300 FNT, (casi dos horas tras el dan para apuntar hasta la matrícula) comienza, cuando en menos de medio kilómetro hace ocho giros. Se desvía de la avenida de A Coruña hacia Montefaro, luego gira a Rua do Franco para entrar en Illas Canarias y nuevamente vuelve a salir a la avenida de A Coruña. Desde esta calle entra por Xosé Fernández, gira a para Alfredo Vila, luego para Eloi Maquieira y a los pocos metros, nuevo quiebro hacia Curros Enríquez. Un molino da menos vueltas.

Lo absurdo es cuando cruza la avenida Breogán por la avenida Orquídea, entra unos metros en Trapero Pardo y da con dificultad la vuelta en una rotonda para volver a hacer el mismo recorrido a la inversa y adentrarse en Aquilino Iglesia. A todo esto, a muchas zonas a las que va no hay ni parada. El edil del BNG, Rubén Arroxo, destacó en múltiples ocasiones que el Concello paga 2,10 euros por kilómetro recorrido, lleve o no viajeros el autobús.

Y vamos con los tiempos. Llegar en bus urbano desde A Campiña a Abella y volver a Muxa, lleva exactamente una hora. Si se le suma la espera y el retraso, el viaje se pone en dos horas menos cuarto. En ese tiempo se puede ir y volver a A Coruña. Más datos: el trayecto entre A Campiña y el Seminario, en el centro de Lugo (11,4 kilómetros) lleva 36 minutos y sin apenas paradas.

En el Concello se acumulan las quejas de los viajeros. El gobierno local dice que no cambiará nada hasta modificar toda la red.

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