José da Riva Varela, el labrador de Penarrubia que llegó a ser arqueólogo

Rescatan del anonimato la vida del autodidacta que recuperó y protegió yacimientos arqueológicos lucenses


lugo / la voz

Este miércoles, en el MIHL, se vivió un acto de justicia, el reconocimiento a una de esas personas anónimas que gracias a sus inquietudes personales y culturales se recuperaron piezas arqueológicas de valor y sus obras y reflexiones son un ejemplo de que desde la humildad también se pueden aportar conocimientos. Se inauguró la exposición José da Riva: Un labrego por orbiga con grandes inquedanzas, una muestra ideada por la hija del homenajeado, María Ángeles, y comisariada por los dos máximos expertos del pasado de Lugo: Adolfo de Abel Vilela y Felipe Arias. Los tres hicieron ayer una visita guiada por la vida y la obra «dun estudoso e protector do patrimonio arqueolóxico no rural».

Quién fue este gran desconocido, José da Riva Varela. Nacido en Penarrubia, en la parroquia de Orbazai (Lugo), el 2 de junio de 1916, como muchos jóvenes de su generación a inicios de la Guerra Civil fue movilizado, y como a los supervivientes de la contienda, aquel horror les marcaría su vida. Al terminar, regresó a su Penarrubia natal para hacerse labrador por obligación debido a las dificultades de la posguerra, que le impidieron estudiar, a pesar de que era una persona con inquietudes culturales y científicas.

Pero que su vida en el campo no le permitiese estudiar no significa que desde su condición de autodidacta pudiese entrar acceder a conocimientos que luego pudo plasmar en varios escritos: «Todo esto quedará como muestras. Para enseñar a los que tengan aficiones parecidas a las mías. Y conocer lo que son las cosas de esta vida», dejó escrito.

Los comisarios de la muestra, que se podrá ver hasta el 14 de febrero en el MIHL, destacan que a pesar del aislamiento del rural a mediados del siglo XX «don José foi unha mente moi esperta e inqueda, que cultivou diversas afeccións, dende coleccionar minerais a inventariar as penas do monte, e dende recoller restos arqueolóxicos dos xacementos da súa contorna ata escribir, pintar e debuxar, ademais de ser un experto radioafeccionado».

«Dios de Penarrubia»

A pesar de que sus pensamientos e inquietudes no eran entendidos por sus vecinos, «que o consideraban unha persoa excéntrica», sí le reconocían su inteligencia, «de aí que fose alcumado na súa contorna, aínda hoxe, coma ‘o Dios de Penarrubia’». La historia, y en concreto la arqueología y la mitología, fueron su grandes pasiones, «lendo todo canto libro ou artigo relacionado con estas materias chegaba ás súas mans, interpretando logo ao seu xeito os datos arqueolóxicos e as lendas mitolóxicas, fundíndoas coa súa propia imaxinación e creando o seu propio mundo».

Donó una veintena de piezas, incluida una ara votiva galaico-romana, al Museo Provincial, recogidas en el castro de Penarrubia (que era de su propiedad), en el de Marcoi y en otros lugares. Para muchos arqueólogos, todo un ejemplo a seguir, ya que en numerosas ocasiones los propietarios de fincas, por miedo y desconocimiento, ocultan hallazgos relevantes.

La exposición, configurada en ocho paneles y 12 vitrinas, muestra fotos y documentos personales, que dan cuenta también de su vertiente artística, con óleos y dibujos donde la naturaleza era protagonista. Además, se puede ver su interés por los minerales y como radioaficionado. Abel Vilela -a quien un día llamó la hija de Da Riva para explicarle la historia de su padre- destacó que su valentía, sin importar estatus social, le abrió las puertas para conseguir sus objetivos. José da Riva murió el 3 de marzo de 1999. «Foi un xenio autónomo que todo o que chegou a facer foi polos seus propios medios e con mínimas axudas, feito que fixo del un home digno de recordo e estudo», explican los comisarios de la exposición, que se podrá ver en horario de martes a sábado, de 11.30 a 13.30 horas, y de 17.00 a 19.30 horas. Los domingos abrirá de 17.00 a 20.00 horas.

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