Las amistades peligrosas del asociacionismo lucense

lA voz

El diplomático Inocencio Arias escribió en su blog a principios del pasado verano que la política en «(...) nuestro país vive un momento tan delicado (...), que cualquier ciudadano, al que no le ciegue la fiebre partidista, quiere que el flamante presidente no yerre (...)». Y eso mismo ocurre de tejas para abajo, también en Lugo. Los ciudadanos que no se dejan cegar por el partidismo quieren que los gobiernos autonómico, provincial y local acierten y sus decisiones sirvan, de verdad, para hacer un país mejor. Pero, con citas electorales a la vuelta de la esquina, el partidismo se dispara, invade todos los ámbitos sociales y resta de modo acelerado credibilidad a las instituciones y a no pocas entidades que deberían ayudar a vertebrar la sociedad.

La disparatada pugna PP-PSOE en A Residencia es una clara muestra de cómo está el patio político. Es, también, una demostración de cómo la representación más numerosas del movimiento vecinal se presta a un juego que acabará por destrozarlo. Y serán responsables del desastre los mismos a los que cabe atribuir el éxito, a base de tenacidad y dedicación, de situarlo en condiciones de ser un poderoso instrumento de intervención social. Les conviene atender al consejo atribuido a Tierno Galván: «En política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal». No sé si lo entienden, pero tan estrecho contacto hace que en amplios sectores de la sociedad lucense se tenga ciertas sensaciones olfativas con respecto a la deriva del movimiento vecinal. Una deriva que, sin duda, acabará por resquebrajar la unidad en la Federación de Asociacións; será un éxito de los partidos que intentan vampirizarla para sus propios fines.

El barrio de A Residencia necesita infraestructuras, sí. A la federación corresponde el papel de reivindicar su ejecución. Pero la reivindicación tiene que producirse desde la independencia y con estrategias en las que la participación de los partidos esté limitada a lo testimonial. O eso, o los mismos que pilotaron el crecimiento de la Federación pilotarán su naufragio. Será tarde para que entiendan que, como aclaró Dwight W. Morrow, político y diplomático, «si un partido se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse de que sus adversarios lo hagan culpable de la sequía».

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