Ni la Muralla se salva de la falta de sensibilidad institucional

Lugo, un paisaje con maleza en las puertas de la Muralla, papeleras quemadas que no se retiran y restos de bicis amarrados a árboles


lugo / la voz

El peatón impenitente es el ciudadano que mejor conoce su ciudad. Y quien así la conoce, sabe, por él mismo y sin necesidad de intermediarios, cuánta es la sensibilidad de los gobiernos hacia su ciudad. En Lugo, el peatón descubre cada día cuánta falta de amor al detalle hay en la gobernanza de tan vieja y reducida urbe. Las imágenes hablan por sí solas. La facilidad de evitar o reparar las deficiencias que se señalan, sin que se haga, es elocuente.

Lugo vive aún los últimos coletazos de sus fiestas patronales. Ya se dijo que la preparación de la ciudad para este San Froilán no fue la que sería deseable. Entre esa falta de preparación cabe anotar, en el debe de la Xunta, la falta de cuidado con el aspecto de la Muralla, al menos en lo que atañe a sus puertas. En la de San Pedro, o Toledana, el escudo que recibe a los visitantes están orlado de una gruesa capa de hierbas, de maleza. Poco apropiado parece que la ciudad reciba así a quienes llegan a ella, y más, tratándose de una parte del Camiño Primitivo. A la Xunta es achacable también la falta de diligencia para evitar la mala imagen de una gran chapa, un panel, tirado en su terreno, a la altura de A Tinería. Es el cartelón que en su día anunció los planes de rehabilitación del citado barrio. Seguramente, el derribo del panel fue una gamberrada. Y allí sigue la chapa, más visible aún porque en determinados momentos del día refleja la luz hacia el adarve de la Muralla, con lo que no escapa a la vista de los paseantes.

En el campo del Concello caen algunas otras deficiencias por corregir que muestran las imágenes que acompañan esta crónica. En algún caso, la responsabilidad es compartida. Ocurre por ejemplo, en las cabinas telefónicas que hace mucho tiempo que no tienen teléfono. ¿Están en servicio y alguien se llevó el auricular? ¿No están en servicio y la compañía decidió que es más cómodo dejarla donde está? Sea como sea, la cabina es un obstáculo en la acera; justificable si presta servicio, pero solo un obstáculo si no está en condiciones de funcionar. Pues al Concello corresponde hacer la gestión oportuna ante la empresa.

Bicicletas

Según el viento político que sople, a los socialistas lucenses les interesa fomentar desde las instituciones el uso de la bici o se olvidan de ella. Ahí están como muestra las ruinas de las bases de lo que fue el Rebiciclate. Y si no retiran esas ruinas, ¿cómo va el gobierno local a ordenar la retirada de los restos de bicicletas que quedan amarrados a árboles o piezas del mobiliario urbano? Por eso, en la avenida de A Coruña va camino de convertirse en resto arqueológico una rueda de bici amarrada a un árbol.

La reposición de papeleras quemadas es un proceso lento en Lugo. ¿Cuánto tiempo tardará en ser sustituida la que ardió en la Ronda da Muralla, cerca de la casa sindical? Cada año, las papeleras y los contenedores quemados suponen un nada desdeñable pellizco al presupuesto municipal, siempre escaso en relación con las necesidades de la ciudad. El peatón impenitente lo sabe bien.

La difícil convivencia de los peatones con patines eléctricos, bicis y otros cacharros sobre ruedas

Ser peatón, gracias a los nuevos medios de movilidad urbana, se ha convertido en un ejercicio de riesgo. Lo mismo da que se trate de una zona propiamente peatonal (cerrada al tráfico rodado) que de aceras de ancho exiguo; por todas ellas, se ve el caminante obligado a sortear artilugios con ruedas, ya se trate de bicicletas ya de patines, en sus distintas modalidades, tanto de propulsión a pie como eléctrica. Lugo no es ciudad ajena a esta nueva situación de los peatones, en la que, en el espacio que les está reservado, se ven obligados a compartir calzada o acera con los usuarios de los citados vehículos, casi siempre silenciosos.

Sobresaltos

Para el peatón que no se encuentra en plenas facultades físicas, el riesgo es considerablemente mayor. Por eso, entre la gente de edad avanzada se está creando un notable malestar ante la tolerancia municipal con respecto al uso, en áreas peatonales y aceras, de bicicletas, patinetes y monopatines. No es precisa ordenanza alguna de civismo para que quienes tienen que controlar este tráfico rodado y silencioso lo controlen. Claro que, para eso, sería preciso que los agentes patrullasen a pie y estuviesen dispuestos a hacer valer su autoridad. Si multan en el aparcamiento del edificio administrativo del Seminario por usar plazas reservadas a munícipes y funcionarios, no parece imposible que puedan hacerlo también a quien sobresalta peatones en el espacio reservado para ellos.

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