Rozalén arrastra al público de Lugo por un río de canciones sobre la vida

La cantante abarrota el San Froilán con un concierto lleno de fuerza y «pintando todo de color violeta»


Rozalén es pasión, feminismo, fuerza, empatía y, sobre todo, verdad. Las miles de personas que llenaron la Horta do Seminario (había que remontarse para ver un concierto tan multitudinario en Lugo, como fueron los de Amaral, Melendi o Dover) para asistir a la actuación que ofreció la artista en el San Froilán de Lugo se vieron arrastradas por la música, las letras y los discursos de una mujer que desde sus primeras dos canciones dejó boca arriba sus intenciones. Rozalén empezó con un himno del feminismo, La puerta violeta, «que no es solo una puerta de liberación, sino que sobre todo una puerta contra la violencia machista, es el deseo de que un mundo mejor es posible, solo entre iguales, así es el feminismo». La otra canción que abrió el concierto fue Vivir, que surgió de su experiencia con las mujeres que reciben tratamiento contra el cáncer «y que me demostraron cuáles son las prioridades de la vida».

Cada uno de los temas y sus discursos ?sin ser excluyentes? fueron vitoreados por las miles de personas, especialmente mujeres, que no pararon de aplaudir. Y eso que la noche era fría, como la propia Rozalén recordó al salir al escenario, aunque también lanzó piropos a esta tierra: «A mí Galicia me sana, cuando vienes a trabajar aquí, es otra cosa». Más tarde, como vio al público «algo parado», puso a bailar a todos los asistentes sin cantar ninguna canción. Un ejemplo de la fuerza que puede transmitir el discurso de una mujer «de raíz».

Tampoco dejó de la lado su faceta de reivindicación social y política, cuando interpretó y explicó la canción Justo, dedicado a su tío que está enterrado en una fosa común; ni tampoco su lado más personal cuando habló de su padre, un sacerdote que lo dejó por amor a su madre. Estas dos historias convertidas en canciones y contadas por Rozalén ante el público demostraron que se trata de una artista que transmite veracidad y cercanía, además de fisicidad con sus gestos de acompañamiento de su inseparable intérprete de lengua de signos.

A medida que fueron pasando las canciones, el concierto fue adquiriendo otra cualidad, además de la reivindicativa y feminista. La actuación se convirtió en una enorme fiesta, demostrando Rozalén que además de cantante, compositora, activista a favor de la mujer y comprometida con su tiempo, es una fantástica artista que divierte y conecta con el público. Y así, buena parte de Lugo fue un poco más feliz.

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