La violencia sexual sobre menores, un mal oculto por falta de datos

Galicia es la única comunidad que no tiene datos sobre las notificaciones que comunican la sospecha de violencia sexual

m. c.
lugo / la voz

Las cifras del Consejo de Europa dicen que uno de cada cinco menores sufren o han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas. Trabajar sobre la prevención y la detección son dos de los puntos clave para que los niños puedan ver si están en una situación de violencia sexual, que engloba entre otras prácticas, abusos, prostitución, pornografía y sexting.

El problema que persiste en Lugo y en toda la Comunidad es la ausencia de datos que permitan conocer la situación real de los menores. «Es importante formar a profesionales sanitarios, educadores y juristas», explicó Aída Blanco Arias, presidenta de la asociación Amino, en unas jornadas celebradas en Lugo.

Indicadores

«Se dividen en específicos e inespecíficos», explica Blanco Arias, que también cuenta que los primeros incluyen «la masturbación y fisuras anales o vaginales». Sin embargo, los inespecíficos tienen que ver con que los pequeños tengan «dolor de barriga o lloren sin motivo, así como la rigidez absoluta», explica.

«La necesidad de contarlo es lo único que puede frenarlo», dice Tomás Ayer, coordinador general de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (Fapmi). Los profesionales coinciden al comparar los casos de violencia sexual que afecta a los menores con un iceberg del cual solo se ve una mínima parte. Asimismo, en los niños con algún tipo de discapacidad la probabilidad de sufrir abusos se multiplica por cuatro, especialmente en aquellos que tienen dificultades para comunicarse.

Un fenómeno oculto

La violencia sexual en menores es un fenómeno oculto y emergente en el que «la ausencia de datos implica la ausencia de medidas», explicó Tomás Aller.

La falta de sensibilización de muchos profesionales es otro de los problemas. «Se necesita especialización por parte de fiscales, profesores, forenses y un juzgado para estos casos», cuenta Aída Blanco.

Las pocas estadísticas existentes explican que la violencia sexual afecta a un 40% de niños y a un 60% de niñas y, en el caso de los agresores, la cifra se invierte y es que el 60% de agresores son hombres y el 40%, mujeres. También explican desde las asociaciones que es muy importante saber leer los datos correctamente ya que las estadísticas «dicen que en Andalucía hay 2.654 notificaciones y en Galicia ninguna pero esto significa que allí tienen un buen protocolo que permite que se detecten los casos y que aquí permanecen ocultos», explica Aller.

«Hace años era un tabú y se intentaba callar hasta cuando pasaba en el ámbito familiar», explica la presidenta de Amino, que también cuenta que desde la asociación reciben un gran número de llamadas de víctimas que preguntan cuándo prescriben los delitos de índole sexual que afectan a los menores. «Estos casos son los únicos en los que la prescripción empieza a contar desde que el menor cumple 18 años», explica Blanco Arias.

Perfil del agresor

En algunos casos los progenitores son los agresores y, en la mayoría, los atacantes están dentro del círculo de los menores para que los padres no desconfíen. «Los agresores necesitan estar rodeados de niños», explican los profesionales, que también recalca lo poco que cuesta prevenir a los profesionales con charlas que desde las asociaciones imparten. «Es cuestión de concienciación», cuenta la presidenta de Amino.

En el ámbito judicial, el procedimiento obliga a la víctima a declarar varias veces. Es importante «dar validez al testimonio del menor», explican desde la asociación, que también dicen que «en casos de tocamientos no hay evidencias físicas, necesitan un equipo especializado».

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