Más que másteres, la política lucense precisa manuales de urbanidad

lA voz

El abogado y político peruano Ántero Flores-Araoz puso negro sobre blanco este aviso: «Las relaciones entre las personas deben tener buenas formas y respeto mutuo, tal como las normas de cortesía, urbanidad y educación nos enseñan. Con más razón, cuando se trata de quienes ejercen autoridad en altos cargos públicos, electivos o designados, y por quienes pretenden ejercerlos». Viene a ser lo mismo que dejó escrito el maestro Ezequiel Solana en su librito Reglas de urbanidad y buenas maneras: «Con la urbanidad se evitan las ofensas, se alejan las querellas, tal vez se apacigua la cólera y se preparan las reconciliaciones». La descortesía, la vulgaridad, la falta de respeto a las instituciones causan grave daño al país en general, y a Lugo en particular.

En lo que va del actual mandato, los ciudadanos han asistido con pasmo a numerosos capítulos del culebrón de la política lucense en los que hubo de todo menos respeto mutuo. Por ejemplo, en la Diputación, donde la cortesía y la buena educación brillaron en este mandato por su ausencia. La reconciliación, por ello, se hizo imposible entre Manuel Martínez y sus antiguos compañeros en el PSOE. El esperpento dañó la imagen de Lugo, perjudicó la gestión institucional e incrementó los costes de funcionamiento.

Estos días quedó de manifiesto otro de esos casos en los que se demuestra cuán necesitados están nuestros políticos de desempolvar los manuales de urbanidad y buenas maneras que usaron sus papás. El debate sobre el ser o no ser de las inversiones previstas en el barrio de A Residencia es un ejemplo de libro. El gobierno gallego, presidido por el popular Núñez Feijoo, no tuvo a bien informar a los lucenses de los cambios en la tramitación administrativa de la titularidad y uso de los terrenos. Es, como mínimo, un caso de falta de elegancia, una descortesía. Como lo es que la alcaldesa de Lugo, la socialista Méndez, se lanzase a criticar a la Xunta tales cambios sin antes haber intentado aclarar oficialmente a qué se deben.

El maestro Solana avisó de que «solo se hacen bien las cosas cuando se tiene el hábito de ejecutarlas; por eso es conveniente acostumbrarse a hacerlas bien en todas las ocasiones». Sí, es urgente, que los políticos desempolven los manuales de urbanidad y buenas maneras.

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