El «baile» de la estatua de Xoán Montes

Vuelve al debate público la petición de que regrese el busto del compositor de San Roque a Santo Domingo

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lugo

El monumento dedicado al compositor Xoán Montes, ubicado en el jardín de San Roque, vuelve a cobrar actualidad estos días al solicitarse por parte de diferentes grupos y personas, que retorne a su lugar inicial, en la Praza de Santo Domingo, lugar en donde vivió y falleció el músico lucense. La petición no es nueva ya que en 1980 la concejala de UCD Tucha Calvo, apoyada por el también concejal Ramón González, solicitó en el Ayuntamiento que el busto fuese trasladado a su lugar originario, y otra petición similar haría el BNG en el 2012.

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Montes falleció de forma repentina el 24 de junio de 1899 y según recoge Adolfo de Abel Vilela en artículo publicado en este diario el 31 de julio del 2011, a los dos días de su muerte el periódico El Lucense, en el artículo Un tributo al genio propone que se le dedique un mausoleo, el nombre de una plaza o una estatua.

Pero, ¿cómo fue el proceso para erigirle una estatua a tan destacado músico por suscripción popular? Montes era el pianista del Círculo de las Artes y el mismo día de su fallecimiento, la sociedad acuerda comisionar al presidente, vicepresidente, secretario y director artístico de la sección lírico dramática, Francisco Rodríguez Besteiro, para que propusiesen el tipo de obra a hacer para perpetuar la memoria del músico por entender la junta directiva que el Círculo está obligado a tomar la iniciativa. El 28 de junio el Círculo celebra sesión extraordinaria dando cuenta en ella de la comunicación de la Liga Gallega de Santiago en la que se acuerda el deseo de que se levante un monumento a Montes (Abel Vilela, artículo citado).

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Pidiendo colaboración

El 11 de noviembre de 1900 se celebra una «magna reunión en el salón de fiestas» del Círculo de las Artes para dar consecución al acuerdo adoptado por la Junta General del 15 de septiembre en la que se aprobaban las bases para el nombramiento de una comisión encargada de llevar a la práctica el busto del compositor.

Para ello se remiten a su vez sendas cartas el 12 de noviembre para que, en caso de aceptar, sean incluidos en la comisión creada con anterioridad.

Las misivas se envían a los conocidos lucenses Dositeo Neira y Gayoso, Manuel Prieto Martín, Fernando Miranda, Francisco García Armero y Juan Núñez Mendoza, labor que aceptan todos ellos. Posteriormente, el Círculo envía el 23 de noviembre un escrito para informar de la constitución de esta comisión a los presidentes honorarios y consejeros protectores de dicha sociedad.

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El 21 de enero de 1901 la junta directiva del Círculo envía una carta al presidente y directivos de la sociedad coral Ecos de Galicia, de La Habana. Luego de ponerlos en antecedentes del fallecimiento de Montes, les explican el proyecto. «Por eso esta comisión no vacila en dirigirse a los que, alejados de su pueblo natal, hacen compatibles las luchas y contrariedades de la vida con una de las manifestaciones más acendradas del espíritu, consagrar sus ratos de ocio y descanso al cotidiano trabajo de una educación artística».

Tras recordar que esa sociedad coral fue interprete de numerosas canciones de nuestra tierra, finalizan explicando que «a fin de facilitar nuestra labor, abriendo con tal efecto una suscripción cuyos productos vayan a engrosar las cantidades que se están recaudando para el indicado fin y remitiendo a esta comisión el total importe de aquella».

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Al día siguiente, el 22 de enero, la junta del Círculo envía también sendas cartas al compositor Eugenio Chané y al poeta Curros Enríquez a La Habana, así como a Manuel Castro López, en Buenos Aires, en las que les informan sobre la posibilidad de elevar un monumento a Xoán Montes en Lugo.

Tras hacer un laudo del músico, los escritos apuntan que «es por tanto innecesario discutir sobre este punto en la presente epístola, que tiene por principal objeto identificar a usted con nuestra acción, como lo estará, seguramente, con nuestro pensamiento». Luego de insistir en la importancia de Montes en la cultura musical gallega, se pide la colaboración: «El homenaje que buscamos para Montes es de los que exigen tal concurso de fuerzas, y para recabarlas ahí y hacerlas fructíferas, nadie mejor que usted para ayudarnos, organizando con nuestros coterráneos y por los medios que considere más eficaces el plan oportuno a fin de reunir fondos que vayan a engrosar los que recaudemos para dar forma a tal homenaje». En el mismo sentido se envía una carta similar con la misma fecha al Centro Gallego de La Habana con el fin de que aporten fondos para el monumento.

El 22 de noviembre de 1900 el escultor santiagués Francisco Vidal envía una carta al miembro de la comisión, Dositeo Neira y Gayoso, en la que tras un pequeño recuento de las obras escultóricas que ha realizado, se ofrece para llevar a cabo el busto de Montes, dejando su dirección en la calle Velarde número 7 de Madrid, en caso de ser considerada su oferta.

Le responde Neira y Gayoso reconociendo los méritos, tanto artísticos como por su condición de gallego y le pide un avance del proyecto y de posibles precios aunque le matiza que «sea imposible a priori, determinar en que haya de realizarse tan propósito, supeditado a la recaudación que se obtenga». Comienzan a llegar las aportaciones de las que, de alguna queda constancia, como la que hace llegar Manuela Méndez, viuda de López Pardo, desde Ferrol el 22 de enero de 1901. Aunque no indica en su carta la cantidad enviada, si figura documento de que dicha carta ha sido contestada por el depositario de la comisión organizadora con fecha 24 de enero, remitiéndole el recibo justificativo por conducto de Antonio Barreiro.

Finalmente el autor del monumento a Xoán Montes sería el escultor Eugenio Duque, que hace llegar una serie de seis bocetos a la comisión organizativa de cómo proyectaba el busto. En el boceto número tres el autor ya señala los tres materiales que considera apropiados para el trabajo: la piedra para la base, el mármol para el fuste y el bronce para el busto. En el siguiente boceto, el 4, cambia el mármol por el granito para la base, la piedra la coloca en el fuste y mantiene el bronce. El fuste lo diseña como si fuese una lira, que tanto que la verja que rodearía al monumento, sería a imitación de un pentagrama con notas musicales.

En el número cinco el escultor mantiene el cierre musical aunque plantea un fuste más sobrio, apuntando a que en la parte delantera llevase una rama de laurel y en el centro, la dedicatoria. Detrás llevaría atributos de la música gallega y los nombres de las principales composiciones del músico. Finalmente en el último señala el escultor que deberá tener tres metros de altura. En el fuste incluye ahora la figura de una mujer con una lira en la mano «para resaltar el carácter modernista del monumento» según explica en una anotación en el mismo. En la parte posterior figurará el escudo de Lugo y la dedicatoria.

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Mantiene la verja con el pentagrama pero ahora añade que llevará escrita la última composición del músico. El resultado final, como se puede comprobar, fue una mezcla de las propuestas de los seis bocetos, eliminándose algunas como la figura de mujer con lira en el fuste o la verja musical.

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