Finas hierbas


Muchas zonas de Lugo y de sus alrededores se han convertido en verdaderas praderías o lugares en donde la maleza es la principal protagonista. Ahí tenemos al paseo de O Rato, convertido en un herbario público, me imagino que para deleite de los biólogos, pero molesto para los ciudadanos que por allí acostumbran a disfrutar de la naturaleza o bajar el colesterol.

El paseo fluvial la capilla de San Lázaro y los depósitos del agua, utilizado para pasear, correr o circular en bici, se mantiene ahora en estado selvático, con una maleza que en muchos casos dificulta el paso de las personas. El jardín de la estación de tren es un desastre, abandonado y descuidado sin que a Adif parezca importarle, que vaya imagen que ofrecemos a los pocos viajeros que acceden por tren a la ciudad.

No faltó el buen humor gallego en varias fincas pertenecientes al Ayuntamiento o la Xunta, en las que alguien colocó unos carteles en los que se anuncia que se vende hierba seca y se da como referencia el 010 del Concello o que se llame a Balseiro, de la Xunta.

Hasta la Muralla se cubre con un manto de hierba en el interior de sus cubos o en sus muros exteriores, lo que permite que alguna lagartija se oculte cuando se acerca un paseante, lo que demuestra por otra parte que no lograron exterminar con ellas ni con los hierbajos, pese a los fungicidas que les largan a los muros del primer monumento lucense en determinados momentos del año. Ya lo dice el refrán que asegura que, año de hierba, año de mierda. Y a lo que se ve, aquí en Lugo acierta plenamente, no solo en lo que pueda referirse a cosechas sino a la imagen de la ciudad. Se trata, sin lugar a dudas, de un refrán completito.

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