¿Qué será de las librerías lucenses?

Los profesionales del sector reflexionan sobre la situación del libro de papel

m. c.
lugo / la voz

Viajar al París de Cortázar, romper tabúes sexuales con Rosa Montero y sus protagonistas septuagenarias, retroceder a Inglaterra en la Edad Media de la mano de Ken Follet, enamorarse una noche de verano a través de los versos de Carlos Salem y conocer la poesía más auténtica de todas en el prólogo de Follas Novas, de la prodigiosa Rosalía de Castro. Leer es pensar con la cabeza de otra persona, que decía Schopenhauer.

La reflexión que hacen algunos profesionales y trabajadores del sector es, por un lado, alarmante y, por otro, siete personas esperan para pedir sus libros en la Biblioteca Provincial, y parece que hay esperanza. Discrepancias en torno a la buena literatura, a la situación de los clásicos y un acuerdo global en torno a que las mujeres leen más que los hombres con una diferencia abismal, y que lo hacen en castellano. La novela se lleva el primer galardón para los lectores.

La visión desde las bibliotecas

La Biblioteca Municipal tiene más de 13.000 usuarios y una recámara con 39.500 ejemplares, con libros y material audiovisual. «El público ha bajado en los últimos años y la culpa es de las plataformas digitales», explica una de las trabajadoras. «Los niños leen por modas, aunque los tradicionales Bolechas siguen triunfando», dicen. Muchas veces «son los padres los que acuden a por los ejemplares sin los pequeños, eligiendo por ellos», recalca la bibliotecaria.

En la Provincial hay 173.000 fondos bibliográficos. Los cómics encabezan la lista de solicitudes y José Zorrilla junto con Óscar Wilde lideran la lista de libros que nunca han salido de la biblioteca.

Al entrar en Balmes, la librería más antigua de Galicia, que data de 1870, los ojos van hacia una de las primeras estanterías, con Jöel Dicker, Nacho Carretero y Fariña, Follet y un sinfín de ediciones de bolsillo. José Rábade lleva 20 años detrás del mostrador y explica que la gente «lee de todo» y que los clásicos «están muertos». Define la suya como una librería «de movimiento, sin fondo ni ejemplares que tengan más de un año».

Los Bestseller inundan el establecimiento y la mayoría de la gente que entra pregunta por los mismos títulos. «Tengo clásicos por dignidad y para que no me pillen en bragas», explica el propietario. A los que entran y piden recomendaciones, José les habla de María Dueñas y Las hijas del Capitán, además del Premio Planeta del año pasado, Todo esto te daré, de Dolores Redondo, un viaje difícil de olvidar al corazón de la Ribeira Sacra.

La lectura exige concentración y tiempo, algo de lo que no todo el mundo dispone o quiere disponer. En Sierra llevan casi 25 años en esto de los libros y la perspectiva en la librería no es muy alentadora. «Vamos hacia el caos y la gente joven no compra nada que tenga que ver con el papel», explican. Los usuarios superan los 50 años y, las ventas, «sobre temas muy concretos o autores de moda», explican desde la tienda.

Y los clásicos, ¿qué?

En Trama, Carlos Coira define la suya como una librería de fondo desde hace más de 20 años. Esta es la tienda que, probablemente, alberga más ejemplares en gallego. «Cada vez se edita menos en nuestra lengua porque hay menos editoriales», explica. En la estantería, los libros en gallego ocupan un lugar importante. En primera línea, Memoria dunha vaca marela, de Eire Afonso. «Los clásicos no están muertos ni deben estarlo y nuestra labor es recomendarlos», explica el librero, que no quiere juzgar la calidad literaria de cada libro. «A mí que la gente lea lo que sea me parece maravilloso. Cada uno llega a los libros por donde le apetece», explica. Sobre los Bestseller, los venden «para mover el resto de la librería». Carlos defiende la idea de que el libro es un regalo más que adecuado y que muchas de las ventas tienen ese fin.

En el mostrador, Mélani Gómez y Laura Argüello buscan Blackwood, para poder leerlo antes de ver la película, que se estrenará próximamente. Literatura juvenil, manga y cómics son la apuesta de las jóvenes, de 17 y 19 años. «En un mes puedo leer cinco libros», explica Mélani. Y es que la falta de tiempo no es excusa para aquellos que tienen una pasión innata por la lectura.

Lo que sí es un hito es la apertura de librerías en Lugo. Lecto-cosmos está abierta desde noviembre y la cosa pinta bien al ver Rayuela, de Cortázar, colgar del techo en la primera estantería. Desde Bansky hasta Pipi Calzaslargas, en ediciones muy especiales, repletas de colores y con ilustraciones. «Aquí casi se vende más el libro clásico que la novedad», explican las trabajadoras del centro. Matar a un ruiseñor es el libro que le valió un Pulitzer a Harper Lee y se vende «cada semana», cuentan en la tienda.

La poesía también reina

La poesía juvenil triunfa de la mano de autores como Diego Ojeda, Defreds y Srta Bebi. Para adultos, Carlos Salem, Miguel Gane y Escandar Algeet encabezan la lista. «Hay mucha gente que sabe lo que lee y es selectiva», explican desde la dirección de la tienda, que asegura que una edición ilustrada de Cien años de soledad «se agotó en poco tiempo». Los lectores de corazón disfrutan paseando entre las estanterías de las librerías y bibliotecas, y pasando páginas. «A la gente a la que le gustan los libros son fetichistas de las librerías», aclaran desde la tienda.

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