«Lo importante de las operaciones no es la droga que retiras de la calle sino las personas que recuperas para la sociedad»


El brigada Jose Luis Raposo Cabo (Lugo, 1968) dirige el equipo de delincuencia organizada y antidrogas de la Guardia Civil de Lugo (EDOA) desde hace 13 años. Se trata de un grupo englobado en la Unidad Orgánica de Policía Judicial, en el que prestan servicio cinco personas y dedicado a la sección de investigación criminal. Su función básica es perseguir e investigar delitos cometidos por el crimen organizado, relativos al tráfico de drogas y contrabando. Estos cinco integrantes son los que desde una provincia tan pequeña como Lugo juegan en primera división y participan en operaciones relevantes y en todos los niveles. La veteranía y eficacia del brigada Raposo lo llevó a impartir cursos en Bolivia sobre inteligencia a mandos que luchan contra narcotráfico y crimen organizado. Lo hizo como experto de la Unión Europea.

?¿Cómo inician las operaciones?

?Un 90% de las operaciones se inician con inteligencia en el ámbito del tráfico de drogas que nos puede indicar un punto de venta. A partir de ahí, de un simple menudeo, comenzamos la investigación en cualquier localidad de la provincia. Cuando la información sobre el objetivo es suficiente la judicializamos y solicitamos diversos tipos de medidas, como injerir dentro de la intimidad de la persona.

?¿Cómo actúan las bandas?

?Depende de la distribución y entidad de las organizaciones. Hay personas que operan con dos o tres de confianza, siendo el resto meros compradores, hasta redes formadas por 20 o 30 personas.

?¿Cómo funcionan las redes?

?Cada red funciona de forma diferente. Hay redes familiares, asentadas en lazos familiares, por lo que es más complicado entrar porque son organizaciones con total lealtad. Hay otras que son meros comerciantes pero utilizan controles férreos de disciplina en cuanto a que cualquier movimiento brusco, falta de droga o confianza puede generar consecuencias graves.

?¿Cómo dan con los cabecillas?

? Es complicado judicializar a los cabecillas de redes porque rara vez suelen tocar la droga. Antes eran ejecutores, de la misma forma que introducían droga, la manipulaban y controlaban. Hoy es impensable que una persona que organice una entrega de hachís como fue en la operación Salafranca, tenga acceso a los lugares donde se esconden (guarderías de seguridad). Ni siquiera tiene contacto directo con transportistas. Siempre suelen ser encargados terceros por seguridad para que nunca se le vincule a ellos con la tercera persona. Entre el alijo de droga y la persona que lo dirige ponen hasta cuatro o cinco personas. Una se encarga de custodiarla, otro de transportarla, existe la figura del coordinador, que es el encargado de todos estos, pero el promotor del negocio rara vez o casi nunca toca el material y participa.

?¿Quiénes marcan su trabajo?

? Nuestro horario lo marcan los malos, nuestros clientes. Si ellos deciden no dormir, nosotros no dormimos. Si deciden viajar, nosotros detrás. En una ocasión hicimos en dos días y medio 3. 500 kilómetros. El grupo entero del EDOA tiene que tener mucha vocación porque sacrifica su vida personal y de ocio por el trabajo. Pasamos los 365 días en alerta. En más de una ocasión, alguno renunció a sus vacaciones para participar en un reventón. Somos pocos, llevas meses trabajando y si en el medio de esa operación hay algo importante para reventar, todos quieren estar presentes porque es el fruto de muchas horas de trabajo.

?¿La peligrosidad es un factor a tener en cuenta en vuestro trabajo?

?Una actuación con drogas siempre es peligrosa porque el delincuente tiende a escapar y puede ir armado. Nos encontramos con dificultades a la hora de la desarticulación por las medidas de seguridad que utilizan los delincuentes. Ahí está la coordinación con otras unidades de Policía Judicial, la SIR o Seguridad Ciudadana.

?¿Qué es lo más importante en una operación?

?Lo más importante es el plano humano. Las cifras son cifras. Cuando finalizas una operación y consigues que alguno de los actores de estas operaciones, sobre todo los jóvenes, se puede rehabilitar y evitar que recaiga, eso es lo más importante. Lo clave de una operación no es la droga que retiras de la calle, sino la gente que recuperas para la sociedad. A todos nos gusta tener grandes números en cuanto a aprehensión pero eso es cuestión de vanidad, por encima de eso está el plano humano. Me da cierta pena porque la sociedad perdió la preocupación, estamos bastante deshumanizados y no luchamos por revertir esa corriente.

?Detrás de vuestro trabajo habrá miles de anécdotas, ¿puede contarnos alguna?

?Nuestro problema es aproximarnos a la vigilancia y para ello tenemos que utilizar la creatividad. Hacemos un estudio previo del terreno para adaptarnos al contexto. Entre las miles de anécdotas está la desarticulación de un punto de venta de heroína en Terra Chá. Utilizamos la caja de un camión de ganado para vigilar, porque era la única posibilidad de acercarnos al objetivo. Estábamos tres en el camión, era invierno y hacía muchísimo frío. En otra ocasión, uno de mis compañeros, vigilando un punto de venta en el sur de España, se metió en un contenedor de basura porque en la calle no había posibilidad física y los objetivos estaban muy sensibilizados. Tenía una caja de cartón para cubrirse y cuando alguien arrojaba basura ponía el cartón por encima. Una madrugada, un vehículo que estacionaba le dio un golpe al contenedor, se le soltó el freno y rodó durante 200 metros calle abajo dentro. Casi se cae al mar y tenemos que rescatarlo.

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«Lo importante de las operaciones no es la droga que retiras de la calle sino las personas que recuperas para la sociedad»