Lugo desobedeció a la Unesco y dejó abandonados los fielatos de la muralla

El Icomos propuso que se convirtieran en pequeñas salas para exposiciones


lugo / la voz

Si quienes votaron a favor de que la muralla lucense fuera patrimonio de la humanidad hicieran ahora una inspección se encontrarían con los diez fielatos de las distintas puertas totalmente abandonados, sucios y desatendidos. Lo que en su día propuso el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, que se conoce como Icomos y que está vinculado con la Unesco (que fue la que concedió la máxima declaración para el monumento lucense) fue desoído por las instituciones relacionadas con la muralla.

El informe elaborado por el citado organismo proponía que dichos espacios, alguno de los cuales sirvió históricamente para albergar a los cobradores de impuestos y otros para dar cabida a los transformadores de la luz, fueran destinados a pequeñas alas de exposición multimedia para mostrar documentales, imágenes u otro tipo de documentación visual relacionada con el monumento. Tendría cabida en las mini salas todo lo relacionado con los estudios topográficos efectuados en el monumento, los descubrimientos llevados a cabo y hasta la operación limpieza que supuso eliminar las casas que estaban adosadas al cinturón pétreo.

Fielatos del monumento y para él, nada más. Esa era la filosofía de quien hizo el informe, un técnico francés del Icomos. En su opinión, los pequeños locales existentes en las puertas serían un atractivo perfecto que se complementaría con el centro principal de interpretación.

El especialista iba mucho más allá. Planteaba una digitalización de toda la documentación relativa al gran muro para su posterior exhibición al público. Además, decía, sería para una interconexión con la red de ciudades fortificadas de Europa. Estaría disponible para que cualquier historiador accediese a la misma desde cualquier parte. Serviría, además, para poner en marcha prácticas comunes entre las distintas ciudades y crear una gran red turística. «A corto y medio plazo, el turismo cultural será una de las grandes fuentes económicas de esta ciudad», expresaba el autor del informe acabado en el año 2000 y presentado para la declaración del monumento como patrimonio mundial.

El informe decía que el Concello de Lugo tenía interés en fomentar el potencial turístico de la construcción mediante la participación en distintos programas europeos como el denominado Raphael, que financiaba proyectos relacionados con las nuevas tecnologías y la conservación del patrimonio. Ese programa concluyó en el año 2000 y, a posteriori, el Ayuntamiento puso a andar el denominado programa Moenia Lucensis, con el que pretendía obtener información topográfica tridimensional y digitalizar toda la documentación sobre la muralla.

Con el paso del tiempo, el monumento va manteniéndose a trancas y barrancas, en muchas ocasiones lleno de maleza y con zonas de gran feísmo.

Adolfo de Abel Vilela plantea exponer piezas arqueológicas en varios puestos

El historiador lucense Adolfo de Abel Vilela cree que la iniciativa de la ONCE de hacerse cargo de los fielatos a cambio de mantenerlos en perfectas condiciones y no en el estado en que se encuentran ahora es buena. De todos modos, este estudioso de la historia local entiende que al menos dos de los espacios, los que están en la puerta de Bispo Aguirre, deberían ser utilizados como puntos expositivos, teniendo en cuenta que disponen de dos grandes vitrinas que permitirían a los ciudadanos ver el contenido del interior aún en el caso de que no pudieran entrar al habitáculo.

De Abel explicó que sería interesante exponer algunas piezas arqueológicas, «das moitas recollidas na cidade», para añadir más atractivos para los visitantes al casco histórico.

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