Lucho recupera la vieja Bultaco con la que corría

Al piloto de los años 70-80 le ayudó su hijo a restaurar la moto que vendió hace 25 años y que compró hace 50 para ir a las carreras


lugo / la voz

José Luis Pérez Díaz, conocido por Lucho en los ambientes moteros, se quedó ayer sin palabras cuando entró en un restaurante de A Campiña. La comida que creía que iba a ser con el grupo con el que había hecho una ruta esa misma mañana se transformó en un homenaje al ex piloto que compitió en los años 70-80, tanto en motocross como en carretera, y en el que participaron 70 personas. Entre ellas se encontraban algunos amigos a los que hacía muchos años que no veía y que se desplazaron desde Asturias, Ourense y la Costa da Morte, entre otros puntos.

Lucho participó en las carreras siempre con la misma moto, a la que cambiaba algunas piezas según el tipo de competición y que preparó él . La vendió cuando formó una familia. Veinticinco años después la encontró por casualidad, la compró y la restauró junto a su hijo Óscar, que fue el que le organizó la fiesta de ayer. Dedicaron ocho horas de los fines de semana de dos meses para volver a ponerla a punto. Cuando llegó a Lugo, estaba desguazada.

Este año, según explicó Óscar Pérez, se cumplen 50 años desde que Lucho empezó a competir, y se hizo con su primera motocicleta, una Bultaco Pursang MK 11, de 250 centímetros cúbicos. Con ella disputó numerosas pruebas a finales de los años 70 y principios de los 80 en motocross de 250 centímetros cúbicos y en la categoría sénior series, en las carreras de San Froilán en la muralla y en O Ceao, en la subida a Chantada y en torneos en La Bañeza, donde coincidió con el piloto Joan Garriga.

En la localidad leonesa fue precisamente donde volvió a saber de su Bultaco, que había vendido años antes a un concesionario de motos de Ourense, que la tuvo expuesta durante un cuarto de década en su escaparate. Lucho la mantuvo controlada hasta que cerró la tienda de motos de la ciudad de As Burgas, a la que acudía con frecuencia en su condición de comercial de Repuestos Boiro, la mítica tienda lucense que cerró hace unos años, después de 40 décadas como líder en su actividad en la zona noroeste. Con gran disgusto se enteró que se la habían vendido a un tercero, antes de ofrecérsela a él, y la dio por perdida.

Tiempo después, cuando acudió con su hijo Óscar a una competición en La Bañeza, uno de los espectadores le preguntó si era Lucho. Cuando le respondió que sí, le comentó que la Bultaco era ahora de su propiedad. El motero, según su hijo, no quiso saber nada de su antigua compañera de carreras; y después de que su hijo insistiera, se quedó con el número de teléfono, aunque sin intención inicial de llamar. Tenía miedo a encontrar la motocicleta como finalmente la halló, desguazada. La compró, y él y su hijo Óscar, al que consiguió transmitir su pasión por las motos desde muy joven, la restauraron. Tuvieron que moverse para conseguir algunas piezas, que están descatalogadas y que consiguieron con mucho esfuerzo en talleres.

Exposición con motos y monos

En el homenaje de ayer montaron una exposición con las motocicletas que tenían algún significado para Lucho, junto a sus monos, guantes y trofeos. Junto a la Bultaco recuperada prácticamente pieza a pieza, sin pasar por ningún taller, estaba la Derby 50 Antorcha, del año 1964, que le regaló a su hijo cuando tuvo edad para conducirla, algo que también quiso agradecerle con el homenaje de ayer, y una Yamaha.

Para poder reunir a las 70 personas que acudieron ayer a la comida en La Campiña, Óscar López tiró de la agenda de contactos de su padre, que conserva pese a que lleva varios años jubilado. La sigue utilizando todas las Navidades para felicitar a sus antiguos clientes, reconvertidos ahora en amigos.

Su hijo se puso con los preparativos de la fiesta en el mes de diciembre, tomando todas las precauciones para que su padre no se enterara de lo que estaba haciendo, con la finalidad de darle la sorpresa que recibió ayer. Según explicó, de todas las personas con las que se puso en contacto recibió plena colaboración, al igual que de algunos concesionarios de motos con los que compartió su idea y con clubes de motores como Muralla Racing, Lostregos y Moto Club TT Suppoters Spain. Lucho se quedó sin palabras, fruto de la emoción, cuando encontró a todos sus amigos esperándolo para comer.

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