O Carme, cambios históricos en la calle principal de un barrio que no evolucionó

El investigador recuerda cómo afectó una de las reformas a la fuente que permitía el abastecimiento


lugo / la voz

El trabajo de investigación que para su tesis doctoral ha llevado a cabo hasta el momento el arquitecto Ramón Cabarcos Rodríguez refleja en datos la muy escasa evolución experimentada por el barrio de O Carme, tomando como referencia la calle de igual nombre. Así, constata que en la inscripción electoral de 1877, se deduce que en la citada vía había al menos 15 casas, de las cuales dos tenían solo planta baja, seis eran de dos plantas, y había siete de tres pisos. A día de hoy, según el investigador, el censo de edificios en la misma calle, y en las vías derivadas de ellas que conducen a Pousadela y a las calles Noriega Varela y Santiago, hay 44 inmuebles, de los cuales 42 tienen o tuvieron carácter residencial, aunque con otros usos asociados; solo dos no son de carácter residencial: la capilla del Carmen y la sala Porta Miñá, antiguo matadero municipal.

Cabarcos destaca que durante el primer cuarto del siglo XX se produjo una intensa actividad constructiva extramuros. De este período son una gran parte de los de las calles existentes en ambas márgenes de la rúa do Carme, reseña Cabarcos. Sin embargo, a pesar de su posición de privilegio dentro del conjunto de la ciudad, «el barrio del Carmen se ha situado al margen de este proceso, siendo casi el único punto del perímetro amurallado con una nula evolución urbana».

Destaca que «las características y peculiaridades del hábitat del barrio durante el siglo XX corresponden con las de vivienda unifamiliar o plurifamiliar entre medianeras, habitual en la trama urbana de Lugo. Se trata de edificaciones realizadas en autoconstrucción o contratadas por oficios. Los materiales principales son los de origen cerámico, es decir, ladrillo cerámico hueco, formando muros de fábrica con capacidad portante, que soportan forjados unidireccionales formados habitualmente a base de vías y correas de madera, o, en otros muchos casos, forjados con vigas de hormigón armado in situ y entrevigado ligero.

Parcelario

El investigador alude al origen medieval del parcelario de O Carme. «Las parcelas tienen forma sensiblemente longitudinal, con un frente a la vía pública de entre 3 y 6 metros, siendo 4 o 5 metros el ancho habitual». Añade que históricamente «la parte posterior de cada parcela se destina al aprovechamiento agrario y cría de animales, ocasionalmente a la actividad artesanal, pero siempre en procedimientos de bajo rendimiento».

Cabarcos resalta que el diseño de la trama urbana del barrio se constituye entorno a la dirección rectilínea desde el punto de partida del Camiño, a la salida del recinto amurallado.

El investigador recuerda que «en el fondo de la Rúa do Carme, hasta mediados del siglo XX, se ubicaba la fuente del barrio. Funcionaba primero como punto de abastecimiento de agua de consumo, dado que hasta la mitad del siglo ninguna vivienda contaba con aprovisionamiento de la traída hasta el interior; segundo, era lugar de encuentro y relación social para el vecindario». Agrega: «Esta fuente desapareció casi simultáneamente con la pavimentación de la calle, con el levantamiento del muro curvo de pizarra que aún existe hoy y que la anexionó a la propiedad sobre la que se encontraba».

En cuanto a la pavimentación de la calle, Cabarcos indica que la Rúa do Carme fue objeto de diversas intervenciones a mediados y finales del siglo XIX y a mediados del XX. El alcantarillado iniciado a finales del XIX se completó a ambos lados de la calle a mediados del XX. Destaca la existencia de un documento de 1890 (Condiciones facultativas para la reparación del camino del barrio del Carmen).

Especificaciones

«El texto especifica que desde la esquina de la capilla del Carmen hasta la fuente de la Cabrada se levantaría en toda su extensión el actual empedrado, y a continuación se arreglaría la rasante de aquella superficie con sujeción a los puntos que le serían expuestos al contratista por el maestro de obras de la ciudad, desmontando y terraplenando al efecto lo que se precisase».

Añade el investigador que, una vez hecho el citado trabajo, debería procederse a apisonar la tierra en los terraplenes, ejecutar la construcción de la nueva fuente de la Cabrada, para lo cual se podía utilizar la piedra (coio) existente, y el que faltase «se procuraría de gran tamaño y buenos paramentos para formar las guías, así del centro como las transversales que deben empalmar con aquella, sin perjuicio de formar las demás líneas de guías que se consideren necesarias para la correspondiente división en cuarterones».

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