Sánchez-Montaña recrea el anfiteatro romano, cuyas gradas cree que eran de madera

Está convencido de que piedras de sus muros se usaron para sillares de la Muralla entre los siglos III y IV

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lugo / la voz

El arquitecto e investigador Carlos Sánchez-Montaña sostiene que el anfiteatro romano estuvo en O Carme. En defensa de su tesis, expone que parte de la construcción era de madera. La localización concreta, siempre según el criterio de este técnico, sería la que figura en la imagen que ilustra esta información.

Sánchez-Montaña explica: «El anfiteatro está situado en el exterior de la urbe, en la fachada O.SO. en el camino de acceso a la puerta principal de la ciudad, que desde el decumanus máximo [calle principal este-oeste] comunicaba directamente con la vía proveniente de Bracara Augusta, el río Miño y las termas medicinales existentes en su orilla».

Agrega: «En esta ladera se construyeron a lo largo del siglo I d. C. además del anfiteatro, la palestra de los gladiadores, y posiblemente un templo en el lugar donde hoy se levanta la capilla del Carmen». El arquitecto sostiene que «el eje principal del anfiteatro, que lo es también de la palestra, nace geométricamente en el centro de la puerta del templo del Carmen y termina en la antigua capilla de la Magdalena en la actual rúa Vicedo». Siempre según el criterio de Sánchez-Montaña, «esta geometría urbana explica la estudiada relación de los edificios en esta zona; este eje principal sigue la dirección marcada por el cardo máximo [calle principal norte-sur] que rige la ciudad».

Este técnico, que prepara su tesis doctoral sobre la arquitectura y el urbanismo romano en Galicia, indica que solo se conserva la parte inferior del anfiteatro, ya que las gradas eran de madera y el paso del tiempo borró su rastro. Asegura: «Por ello, desde el punto de vista de su estructura al ser una construcción mixta que se compone de un graderío de madera apoyado en una base en piedra, que en algunos casos resulta menos espectacular que un construcción completamente pétrea». Sánchez-Montaña está convencido de que el anfiteatro tuvo que ser «una construcción muy especial y costosa, ya que se situaba en una parte de la ciudad que se encuentra parcialmente inclinada» Para Montaña, «son evidentes los muros de piedra que aún se encuentran en la zona de O Carme». Indica que «a finales del siglo III y principios del IV, los muros del anfiteatro comenzaron a ser utilizados para sillares de la muralla; son visibles en Porta Miñá y Porta de Santiago los sillares reutilizados con las huellas del edificio original similares a las encontradas en Mérida».

Investigación en la Escuela de Arquitectura de A Coruña

El arquitecto Carlos Sánchez-Montaña prepara su tesis electoral sobre el urbanismo y la arquitectura romana en Galicia, bajo la dirección del doctor Manuel Franco Taboada, profesor de Dibujo en la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Recuerda que los anfiteatros romanos se dedicaban a la exhibición de combates entre gladiadores o de fieras. Ha propuesto también, hasta el momento sin éxito alguno, investigar con georradar la Praza Maior de la capital lucense, para comprobar si en su subsuelo pueden encontrarse vestigios del teatro romano.

Posibles características de la construcción

Carlos Sánchez-Montaña tiene su propia teoría acerca de cómo debía de ser el anfiteatro de Lugo. Lo explica así: «De tamaño reducido para su tipología, tenía una capacidad para aproximadamente 2.800 espectadores. Tendría unas dimensiones exteriores de 234 x 216 pies, (69.26 x 63.93 m.) en ambos ejes, que son múltiplos de las dimensiones 13 y 12 que componen la escuadra pitagórica que rige la geometría de la ciudad y sus edificios.

La excavación para la cloaca descubrió restos de un «gran muro» de un edificio

En una de las excavaciones efectuadas años atrás en el entorno del antiguo matadero municipal (hoy sala Porta Miñá), los arqueólogos localizaron vestigios de lo que debió de ser un gran edificio. Durante los trabajos relacionados con la investigación de la cloaca romana, que será musealizada, los especialistas, según relató la entonces arqueóloga municipal, Covadonga Carreño, en la memoria de estos sondeos, a 4,60 m. del colector, en el ángulo NW, se exhumó «el arranque de un gran muro, o mejor, parte de lo que pudo ser un pilastrón, de 1,10 m. de lado, ejecutado a base de lajas tubulares de pizarra amalgamadas con un conglomerado de arcilla y cal».

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Carreño reconoce en el citado documento que no saben a qué tipo de edificio pudo corresponder dicho muro. Para intentar averiguarlo se abrió una cata al otro lado de la Rúa Vicedo, pero no arrojó resultados. Con todo, la existencia del citado edificio «confirma la prolongación de la ciudad primitiva en esta zona y el hecho de que, al construirse la Muralla, quedó fura de la cerca bajoimperial».

En su momento, en la memoria de la excavación se dejó constancia de que la cloaca tiene una anchura exterior de 1,50 metros y está conformada por dos paredes de mampuestos de pizarra, asentados mediante una amalgama de arcilla mezclada con cal. Explica que «para poder construir este canal, primeramente se practicó una zanja de 2 metros de anchura en el terreno natural».

 Enrique González: «Arqueoloxicamente, non hai evidencia da existencia do anfiteatro no Carme»

El arqueólogo municipal Enrique González asegura: «Arqueoloxicamente non hai evidencia da existencia do anfiteatro no Carme». Señala que hay varios puntos más en Lugo en los que podría haber posibilidades de que el anfiteatro hubiese estado allí, pero mientras no se pueda demostrar nada se puede indicar al respecto. Eso sí, aclara que «non descartamos a existencia dun anfiteatro en Lugo». Eso no quiere decir que se reste importancia a la potencia arqueológica de O Carme. En cuanto a los grandes muros que hay en esta zona asegura que no son romanos.

González señala que durante las excavaciones en dicha zona, enmarcadas en el proyecto Vías Atlánticas, se localizaron más vestigios de la cloaca romana, así como restos de una calzada, y una canalización de la misma época que la cloaca. La calzada existía, señala, desde el siglo I, y fue un tramo de la vía romana número XIX. Esta parte formó parte de la trama urbana de la ciudad romana hasta la construcción de la Muralla. González indica que adyacente a la calzada se localizó un canal y un espacio porticado que correspondía con la acera. También se hallaron vestigios de una sepultura (siglos IV-V), lo que sugiere la posible existencia de una necrópolis.

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