«Fui esclavo de diagnósticos de trastorno bipolar hasta que supe que soy Asperger»

No lo descubrió hasta los 29 años y gracias a un libro que le regaló un amigo

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«Fui esclavo de diagnósticos de trastorno bipolar hasta que supe que soy Asperger» Manuel Fernández no lo descubrió hasta los 29 años

lugo / la voz

Manuel Fernández Abeledo, enfermero lucense de 40 años, siempre se sintió diferente. Alguno de sus profesores de instituto lo invitó a salir de clase porque molestaba, bajo la promesa de que no iban a avisar a sus padres. No fue hasta los 29 años en que se identificó plenamente con el relato del padre con un hijo con Asperger. Manuel es uno de los entre 3 y 5 niños, por cada 1.000 nacidos vivos, que tiene este trastorno del desarrollo, englobado dentro del TEA (Trastorno del Espectro Autista). Hoy, a las 11 de la mañana, en el Uxío Novoneyra contará su experiencia, en un acto organizado por Raiolas, con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger, que se celebra el domingo.

-¿Cuándo descubrió lo que le ocurría?

-Desde crío me sentía diferente. Nunca supe explicar por qué. Se me abrió todo un mundo cuando la que entonces era mi pareja me regaló un libro. Estábamos en Inglaterra. Fue el mejor regalo que tuve porque me ayudó a entenderme a mí mismo. Era la historia de un padre que describe el mundo de su hijo que tiene Asperger. Aprecié muchas similitudes y, con el libro en la mano, acudí a la asociación de autismo. Me hicieron muchas pruebas, pero al ver cómo escribía ya se dieron cuenta de lo que me pasaba.

-¿Por qué?

-Yo no sé escribir. Hago símbolos, que ni yo mismo entiendo. En la carrera los profesores me dijeron que mis exámenes no los podían corregir porque no se entendían. Empecé a escribir con todas las letras en mayúscula y me saqué la carrera de enfermería.

-¿Qué significó poder ponerle nombre a lo que le ocurría?

-Fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. Pensé que, por fin, tenía palabras y dejaba de estar perdido, después de darle vueltas a la cabeza toda una vida. Conocí a tres personas con Asperger, con las que compartí experiencias de vida. A partir de ahí le restas importancia a la diferencia. Salí pensando que ya tenía una respuesta a la pregunta ¿qué me pasa? y fue Nada. Te quedas muy relajado. Empecé a ser una persona más positiva. Rompí muchas barreras. Dejé de ver la diferencia como algo negativo, que es la opinión dominante, para sentir que perteneces al mundo. Entonces te relajas y dejas de torturarte.

-¿Cómo influyó en su vida?

-Mis relaciones siempre fueron complejas, para mí y para las personas que me rodean. Pensaba que nunca iba a encontrar pareja y formar una familia. Hoy todo eso está superado. Estoy casado y sé que voy a tener hijos.

-¿Cómo fue su infancia?

-Tuve un profesor de Matemáticas en el instituto que me salvó la vida. Yo era una persona con déficit de atención y concentrarme me resultaba muy difícil, por lo que pasar de curso en curso era una complicación. En segundo de Bachillerato suspendí todo. Estaba desanimado y desincentivado. Me metieron en una clase de apoyo con cinco personas, no veinticinco, y ese año saqué un 9,5 en Matemáticas. El profesor me dijo: «tenemos que pensar qué es lo que te pasa porque mis métodos no han cambiado». En ese momento descubrimos el problema. La gente con Asperger necesitamos una atención educativa especial. No nos pueden meter en una clase con 25 niños, sin más.

-¿Cómo cambió su vida?

-A partir de ahí cambiaron las cosas. En lugar de ponerme en la última fila donde desconectaba de todo, me ponían delante y el profesor llamaba constantemente mi atención para que no perdiera el hilo. Empecé a ser capaz de tomar apuntes.

-¿Cómo fueron sus 13 años anteriores?

-No puedo decir que tuviera una infancia horrible porque no fue así. En clase sí. Ir al colegio era una tortura. Solo esperaba a que llegaran el viernes o las vacaciones. El instituto fue más llevadero porque no iba. Tuve algún profesor que me invitaba a salir de clase para que no molestara y me prometía que no iba a llamar a mi familia. Todo su empeño era quitarme de en medio, haciéndome saber que era un estorbo. Si he salido adelante es porque siempre he tenido un sentido de identidad muy fuerte. Es algo innato. Siempre que me proponía algo lo conseguía.

-¿Cómo consiguió acabar una carrera?

-No solo acabé una carrera. Empecé a estudiar técnico de laboratorio en el Politécnico. Trabajé durante un año en Citroën, en Vigo. Allí decidí hacer enfermería. Estuve dos años en León con una beca Séneca y el último año lo hice en Barcelona. Trabajé dos años en Cataluña en centros privados porque en los públicos me exigían aprender catalán y ya, de puestos a estudiar idiomas, elegí el inglés. Llegué a Inglaterra en el 2007 cuando nos recibían a todos con los brazos abiertos. Empecé a trabajar como camarero y acabé en Londres en la University College Hospital, en la unidad de radiología intervencionista. Regresé a Lugo en octubre como consecuencia de un conflicto laboral.

-¿Le resultó difícil?

-Hay gente que no entiende cómo he aprendido tantas cosas. Soy un apasionado de la fotografía porque no me aburre. He sido capaz de hacer una carrera porque elegí enfermería. Posiblemente si hubiera escogido una ingeniería no la habría acabado. En un ámbito en el que los compañeros están implicados en la salud, una personalidad Asperger puede pasar más desapercibida. En segundo tuve una crisis, de la que me sacó mi amigo, el que me regaló el libro que cambió mi vida. He hecho exámenes sin ir a clase y he dejado a los profesores alucinados. Me gustaban mucho las bibliotecas por el silencio, por el ambiente y por el olor de los libros. Me sentía muy cómodo y leía mucho.

-¿Cómo es su relación con los pacientes?

-Cuando empecé a hacer prácticas me di cuenta de mi capacidad para conectar con las personas. Mis pacientes me han hecho sentirme muy capaz. He tenido experiencias con ellos que me han sobrecogido. Eso me enganchó a mi carrera. Hubo épocas en las que no necesitaba poner el despertador para ir a trabajar.

-¿Qué le recomendaría a los padres?

-Es necesario identificar por qué una persona se siente diferente, y dónde se identifica algo así es en el desarrollo del niño. Hay que actuar en el colegio y el profesorado debe de estar capacitado para hacer un diagnóstico curricular de cada alumno. En mis caso no existió ese diagnóstico temprano y fui esclavo de opiniones de profesionales que me diagnosticaron esquizofrenia, trastorno bipolar, que a la familia le sirven más que lo que digas tú. He sentido tristeza, angustia, ansiedad, hasta que te das cuenta de que es algo con lo que tiene que convivir de por vida y que no hay pastillas para curarlo.

«Me hicieron muchas pruebas pero al ver cómo escribía supieron qué me pasaba»

«He hecho exámenes sin ir a clases y he dejado a los profesores alucinados»

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