El amuleto antimeigas que apareció oculto en un libro de Santo Tomás

La misteriosa hoja fue editada entre 1803 y 1827, según un estudio del bibliotecario, Manuel Rodríguez Sánchez


lugo / la voz

El primer tomo de la Summa Theológica de Santo Tomás, editado en Venecia en 1755 y que está en la biblioteca del Seminario Diocesano de Lugo guardaba una sorpresa en su interior. Alguien dejó entre sus páginas un antiquísimo amuleto utilizado contra meigas, envidias y otro tipo de males. Manuel Rodríguez Sánchez, el bibliotecario, fue quien lo descubrió y se puso manos a la obra para estudiar la pieza. Ya tiene las conclusiones.

«Como salvaguarda de ese primer tomo, adquirido en 1783 para la librería Armañá, figura una hoja, sin año de edición, que contiene la Cruz de Santo Tomás con el siguiente título: «Esta cruz compuso el angélico doctor Santo Tomás de Aquino para defenderse de los rayos, centellas y tempestades», expone el bibliotecario. El sacerdote explica que en la hoja figuran, además, dos cruces. «La primera es parecida a una cruz paté -los brazos se estrechan a medida que se acercan al centro- que ya habían usado los templarios. En ella figuran las imágenes de cuatro santos. La segunda es una cruz latina perlada que encierra las iniciales de unos versos», apunta el sacerdote en el estudio.

De acuerdo con la investigación del bibliotecario, la hoja fue editada en Santiago en la imprenta de Manuel María de Vila, «editor que desarrolla su actividad desde 1803 hasta 1827». «Así pues -dice el estudio- en ese período de tiempo fue cuando apareció la hoja. La composición tipográfica está muy lograda y es agradable a la vista. La orla perlada que la encierra hace resaltar mucho el contenido de la misma». Los cuatro santos que adornan la cruz son San Emigdio, Santa Bárbara, Santo Tomás y San Pedro de Verona.

Además, la hoja amuleto tiene otra cruz formada por caracteres con las que pueden confeccionarse palabras como si se tratara de una sopa de letras. El autor del estudio apreció que es posible leer hasta cinco veces las cuatro advocaciones de la cruz. Hacia arriba: la cruz es para mi salvación cierta. Hacia la derecha: la cruz del Señor sea conmigo; para abajo, la cruz es lo que siempre adoro y hacia la izquierda, la cruz es para mi refugio. Rodríguez advierte que estas invocaciones no son de Santo Tomás.

En el cuello de vacas

Este amuleto no solo lo llevaban las personas a modo de escapulario. Otras, explica el bibliotecario, se lo colgaban del cuello a vacas y bueyes, «dependiendo de la fe del labriego».

«Los amuletos son antiquísimos y de diferentes clases. Los egipcios consistían en un escarabajo; los labriegos franceses llevan anillos y cruces de San Huberto que miran como seguros preservativos contra la mordedura de canes. En Galicia tenemos las figas», explica el bibliotecario.

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