Los activos docentes de la II República

Los cambios políticos coincidieron con la llegada de profesores jóvenes y muy activos


lugo

La llegada de la II República supuso transformaciones profundas en el país en todos los ámbitos, y por lo tanto también en el educativo. En el Instituto lucense -tenía unos 600 alumnos- los cambios políticos coincidirían con la llegada de una nueva generación de profesores jóvenes y muy activos. Dos tuvieron mayor presencia e influencia en el centro: Alfredo Rodríguez Labajo y Delio Mendaña Álvarez.

Alfredo Rodríguez Labajo (1897-1968) fue un muy brillante alumno del Instituto, iniciando así una relación con el centro que se haría larga e intensa. Fue profesor interino en los años de la Dictadura de Primo de Rivera, luego catedrático de Matemáticas desde 1930 a 1941, los mismos años en que sería director ininterrumpidamente gracias a un eclecticismo ideológico y a una valía personal que superó las alternativas de un régimen monárquico, otro republicano y otro dictatorial. Tras una corta ausencia en la que se desplazó a Valladolid y luego a Santiago, regresaría a Lugo entre 1945 y 1955 para pasar ese último año a los servicios de la Inspección educativa. Fue nombrado Hijo Predilecto de Lugo.

A comienzos de 1931 se incorporaba otro catedrático, en este caso de Física y Química, que también había sido muy destacado alumno: Delio Mendaña Álvarez (1898-1969). En los años veinte desempeñó el cargo de profesor ayudante en el Instituto-Escuela, el prototipo de centro creado en 1918 para renovar la enseñanza española, y por lo tanto se trataba de un docente de formación muy vanguardista. Con el tiempo sería director del Instituto Masculino entre 1941 y 1953 y luego entre 1963 y 1968, y puede decirse que su intensa relación con el establecimiento educativo solo resulta comparable a la de Valentín Portabales, ya que prácticamente fue su único destino profesional si exceptuamos los tres primeros años de su carrera en que ejerció la docencia en el Instituto de Ferrol recién inaugurado. Además de profesor de la Escuela de Comercio fue presidente del Círculo de las Artes (1942 y 1945).

Relación breve pero intensa

El boirense Ramón Martínez López (1907-1989) llegaría a Lugo en 1930 como catedrático de Lengua y Literatura Española, pero su relación con el Instituto, aunque intensa, sería breve al verse truncada por su marcha al Instituto Español de Lisboa y luego por la Guerra Civil, tras la cual sus simpatías por el Partido Galeguista le llevarían al exilio en Argentina. Regresaría a España en 1971 pero ya sin mantener una relación directa con nuestro Instituto. En sus años lucenses dejó la impresión de un docente muy bien relacionado con sus alumnos y con la vida cultural de la ciudad, como quedó de manifiesto en la breve estancia en ella de Federico García Lorca en noviembre de 1932 durante la que se convirtió en uno de sus anfitriones.

José Luis Asián Peña (1903-1977) se incorpora como catedrático de Geografía e Historia en el curso 1930-31. Era maestro y licenciado en Filosofía y Letras con premio extraordinario; especializado en Geografía Humana demostró ser un docente muy activo, especialmente como autor de libros de texto que fue adaptando en función de los distintos planes educativos, alguno de los cuales -como el titulado Lecturas escolares. Grado superior, Hispanoamérica? publicó en su etapa lucense. Sin embargo, en Lugo no permaneció mucho tiempo ya que en 1933 se trasladaría a Madrid en comisión de servicios y como colaborador de la Junta para Ampliación de Estudios, pasando en 1935 al Instituto Balmes de Barcelona en el que se jubilaría. Su sucesor en la cátedra de Geografía e Historia sería Primitivo Rodríguez Sanjurjo (1880-1947) quien dedicó al Instituto los últimos doce años de su vida profesional. Era un personaje singular, pero una persona muy culta que tenía el doctorado en Filosofía y Letras y la licenciatura en Derecho. Antes que en Lugo impartió clases en Santiago, Ourense, Ceuta e incluso en instituciones docentes norteamericanas.

Amistades destacadas

Participó en el activismo cultural de la generación Nós y colaboró en la revista

La Centuria, además de escribir libros de sorprendente modernismo como

Las mesetas ideales Escenas de gigantomaquia . Fue amigo personal de

Ramón Otero Pedrayo quien se encargaría de su epistolario necrológico.

*Antonio Prado Gómez es doctor en Historia. Catedrático jubilado del IES Lucus Augusti de Lugo.

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