«Coco»: Una declaración de amor familiar


Si en tu hoja de servicios se puede leer que has dirigido o codirigido Toy Story 3 y Buscando a Nemo, dos de las mayores obras maestras del cine de animación de todos los tiempos, además de Toy Story 2 o Monstruos S.A., es muy difícil que tu nueva película sea poco interesante.

Llega a Lugo la última obra de Lee Unkrich, que junto a Adrian Molina han firmado Coco, una deliciosa y maravillosa historia sobre las ganas de triunfar de un niño sin necesidad de aplastar al prójimo, sino a base de tesón, esfuerzo y talento.

Pero Coco es algo más que la voluntad musical de un niño al que su familia no le permite tener una carrera artística y le marca como futuro la tradición de zapatero. La nueva película de Pixar es una declaración de amor hacia México y sus gentes, ese país al que un tal Trump quiere levantar un muro. En ningún momento hay trazos gruesos ni alusiones a los tópicos sobre los mexicanos y su cultura, todo lo contrario, respeto, admiración y entendimiento.

Pero quizás lo que más llama la atención de Coco -además de la estupenda factura visual que se supone a Pixar- es el acercamiento de una película (¿infantil?) al mundo de la muerte, de los antepasados que ya fallecieron. Los directores entran en este resbaladizo ámbito del cine para niños y salen airosos porque lo basan todo a la premisa de que la familia es lo más importante.

Y por último, y no es poco para los tiempos que corren, Coco es toda una defensa de los humildes frente a los poderosos. Ahí queda eso. Vayan a verla. Abella y As Termas

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